
Daniel Avellaneda
Sucedió el lunes por la noche, casi al borde de la madrugada. Al menos nueve personas arrojaron ocho bombas molotov contra el frente de la sede del Grupo Clarín, ubicada en Piedras a 1743. Los investigadores detectaron una huella dactilar en una de las botellas que no alcanzó a explotar. Ayer, fue detenido Martín Michel Gallarete Albín, un uruguayo de 44 años que vive en el barrio de Almagro, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
El Presidente de la Nación, Alberto Fernández; el ex primer mandatario, Mauricio Macri, todo el arco político y entidades periodísticas repudiaron el ataque y exigieron un rápido esclarecimiento. La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner retuiteó un mensaje de La Cámpora. Medios internacionales le dieron amplia cobertura al atentado. Y desde El Ciudadano también condenamos este gravísimo hecho.
Son tiempos difíciles para el periodismo. El debate de ideas, aun en el disenso y a través de los medios, es bienvenido. En definitiva, un país no se construye desde el totalitarismo. Pero de ningún modo resulta admisible el golpe comando perpetrado contra el edificio donde funciona el diario. Se trata del reflejo de una época sangrienta, lejos de la búsqueda actual, la del entendimiento que producen las palabras. Siempre con la verdad, claro. Nunca mantando al mensajero.


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