Cómo evoluciona el cumplimiento de la cuarentena en Cañuelas

CORONAVIRUS 30 de marzo de 2020 Por El Ciudadano cañuelense
Controles, operativos y realidades diferentes se perciben cuando se compara la actividad de las zonas céntricas y el interior de las localidades. Máximo Paz, Santa Anita y barrio Libertad son los lugares donde hay menos acatamiento y presencia municipal.
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Fila en uno de los supermercados de Máximo Paz.

El aislamiento social, preventivo y obligatorio, es una medida inédita para toda la sociedad argentina por lo que a medida que transcurren los días se plantean mejoras y se resuelven deficiencias en la implementación de la cuarentena antipandemia.
Cañuelas es un distrito muy amplio, con una población dispersa y muy diferente entre sí desde el aspecto socio-económico y etario. En parte estas cualidades reflejan distintos niveles de obediencia social con respecto al encierro hogareño, aunque se puede observar que los controles a la población son más estrictos en el histórico casco urbano que en el resto de la jurisdicción.
En Cañuelas centro los funcionarios públicos, la Policía y la Guardia Urbana desarrollan con mayor recelo y efectividad los operativos para que ‘‘la gente se quede en sus casas’’. Por lo tanto, se vieron mejoras en el transcurso de la semana al notarse la baja del movimiento cotidiano, calles semivacías y una correcta, y efusiva, comunicación oficial de prevención e información desde las redes sociales.
Se ven controles en puntos neurálgicos de la ciudad como en los accesos de calle Pellegrini, Uruguay, Av. Del Carmen o Av. Libertad aunque todavía hay muchos que no respetan la prohibición de no circular con más de dos personas tanto en autos como en motos. Los agentes urbanos siempre encuentran comercios o individuos que violan las restricciones; por la franja horaria de cierre en los negocios o por la compra de nimiedades en los casos particulares. “La gente no entiende que debe quedarse en sus casas, se justifica para comprar ‘boludeces’. Hay muchos que no piensan en los demás, no entienden que esto no es un capricho nuestro o del municipio”,  reveló un agente de la seguridad comunal que todos los días arriesga su salud y está saturado por los inconscientes que circulan acompañados y no entienden la necesidad de salir a comprar individualmente sus comestibles.   
Aún con estas vicisitudes, la zona céntrica es en donde mejor se cumple con la medida sanitaria ya sea por la voluntad vecinal o los controles municipales.
Localidades como Vicente Casares, Uribelarrea y Alejandro Petión acatan la norma excepcional correctamente. En Casares, un barrio chiquito, la mayoría de la población está compuesta por adultos mayores y la armonía comunal es la regla diaria, por ello, se denota un resguardo consciente. Por su parte, en ‘Uribe’ el mayor temor de los residentes era la llegada de los turistas de fin de semana, pero la iniciativa de los emprendedores de cerrar todos los negocios y advertir por redes la medida desalentó las visitas; por lo tanto el peligro no fue tal y la tranquilidad dominó al pueblo turístico. Además, la característica de los vecinos uribeños, autóctonos e importados, es la de permanecer en sus moradas para disfrutar de la paz campera. En este sentido, la presencia reguladora del municipio en éstas zonas fue necesaria pero no urgente.
Distinto es el caso de Máximo Paz centro y oeste, el barrio Libertad, Santa Anita y parte de Ruta 3. Estos territorios presentan la característica de tener una densidad poblacional populosa, joven y en su mayoría humilde. 
En Máximo Paz los momentos de menor circulación son en el ‘horario de la siesta’ y por la noche; luego las familias van a comprar varias veces al día para cubrir la necesidad del momento y salen ‘de a dos’ –abuelas con nietas, amigos, madre o padre con sus hijos o bebés–. Los operativos oficiales se concentraron en el recorrido de una camioneta con altoparlantes difundiendo información preventiva, un control de llegada de un contingente turístico, detuvieron por un par de horas a cuatro personas por romper la cuarentena, clausuraron un negocio de aberturas e informaron los horarios de apertura y cierre comercial. En la primera semana de cuarentena este ‘puchito’ de sucesos completaron la presencia del Estado, no hubo una campaña de concientización efectiva. La zona oeste solo fue recorrida por la camioneta con parlantes.
En Libertad el panorama es similar al descripto anteriormente. Personas y motos que van y vienen, vecinos que toman mate debajo de los árboles de la vereda, otros que tiran cohetes, un 911 que no responde y operativos insuficientes. “Parece que están todos de joda, hay mucha ignorancia y falta más presencia municipal”, vociferó un enojado y preocupado habitante del lugar.
La problemática de Santa Anita y del corredor de Ruta 3 es otra. Allí el epicentro del conflicto se encuentra en las visitas de los propietarios de las casas de fin de semana que pueden circular libremente. Los dueños de las residencias temen que en época de cuarentena ‘los amigos de lo ajeno’ asalten sus viviendas y por otro lado disfrutan del verde de sus quintas olvidándose de la pandemia. 

Cañuelas se aísla              

La mayoría de las jurisdicciones que rodean el distrito cañuelense decidieron cerrar sus accesos y dejaron pocas entradas a sus territorios. Hasta el momento, la medida la tomaron Ezeiza, Lobos, Monte, Las Flores y San Vicente; por su parte General Paz y Las Heras permiten la llegada de residentes pero aún no cortaron calles. 

Al cierre de está edición, en Cañuelas se cortaron algunas arterias a la zona urbana y el ingreso se restringió. En Udaondo los vecinos cerraron caminos y la decisión fue avalada posteriormente por funcionarios.

Los intendentes que clausuraron entradas fueron criticados por autoridades provinciales.