La ciudad sin campana ni reloj en su edificio más simbólico

Actualidad 30 de marzo de 2020 Por El Ciudadano cañuelense
Ni se escucha ni marchan las agujas en la torre de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen. El sistema electrónico dejó de funcionar luego de la rotura de los vidrios del reloj. De cara al bicentenario del Partido de Cañuelas sería un motivo su recuperación.
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1 / 3 - Nada indica que volvamos a escuchar las campanas ni saber la hora.

Hubo un tiempo en que sonaba. El valioso patrimonio en campanas está fuera de funcionamiento. Algo parece que las condenó al olvido y al abandono. En esa misma línea se ubica el reloj de la iglesia. 
En las ciudades de principios de siglo XX y fines del XIX no había monumento, templo o edificio destacado que no tuviera su reloj. Cañuelas sigue conservando solo uno, la Iglesia Nuestra Señora del Carmen. Pero nada funciona.
Sin una gran belleza que destaque a la torre de la parroquia local, que está detrás y junto al presbiterio de la iglesia, durante la Nochebuena de 1880, según el libro de García Ledesma, se había instalado el reloj.  En tanto que para 1893 se habían colocado cuatro campanas; las que fueron reemplazadas en 2007 porque se habían deteriorado y no sonaban hacía décadas. 
De Santa Fe llegaron los nuevos objetos que sonaban con una nota diferente, a partir de una computadora, que permitía ejecutar distintas melodías y llamados a misa. Asimismo se instalaron nuevos relojes en las cuatro caras de la torre.
Se estima que no sería complicado hacerlos andar. Pero una falta de cuidado, fallas en su instalación o falta de mantenimiento hicieron que se mueran.
Como se dijo, ni escuchar las campanas ni saber la hora en el centro de la ciudad.  Pero ya casi nadie levanta la vista en alguna fachada, en la búsqueda de un reloj. 
Lo cierto es que el único sitio que cuenta Cañuelas y está a cargo de la iglesia local y no hay forma todavía de llevar adelante su reparación.
Según pudo conocer este semanario, un viento hizo desprender los vidrios del reloj y a partir de ahí comenzaron a frenarse las campanas, además de la máquina de dar las horas. Al mismo tiempo se rompieron los vidrios del reloj. Fueron reparados, sin embargo no anduvo. Entró el agua de lluvia, lo que afectó al sistema electrónico. Y no se descarta que alguno de los innumerables cortes de Edesur haya tenido alguna participación en dejar de marchar.
Desde el templo se hicieron consultas con técnicos y se localizó a los que colocaron las campanas, pero nunca llegaron a la torre cañuelense. En esas búsquedas de una solución dieron con un relojero que vive en Córdoba. Pero como sus honorarios eran elevados a los ingresos católicos locales, y además pedía que le cubrieran gastos de alojamiento y comidas, no lo contrataron. Pero aún así el especialista no daba garantías de un trabajo exitoso frente a las campanas fundidas en Santa Fe por una pequeña empresa montada en 1892. Solo estimó que podía restaurar el reloj. Se supone que las campanas no tienen nada serio en su estructura, al igual que el badajo y el carillón.
También se suma que no había nadie encargado de accionar el tablero y el teclado de las campanas y del reloj. Eran algunos de los últimos sacerdotes que estaban en Del Carmen los que operaban el sistema para tocar en momentos puntuales del día.
En la iglesia local hay otras urgencias, como “reflotar la comunidad”, aseveró un conocedor de la fe de nuestra ciudad. En tal sentido, al obispado de Gregorio de Laferrère no le pueden pedir arreglarlas. “Al Obispado lo sostienen los aportes de las iglesias”, dijo la fuente consultada.
La fundición Bellini, en el año 2007  hizo traer las campanas al templo en Del Carmen, las que se pudieron adquirir por la donación de particulares.
A la torre del reloj y las campanas ya no se accede. No es tarea sencilla y es un espacio que viene teniendo un severo deterioro de décadas, como otros ambientes de la iglesia que dan sobre calle Lara.
Tampoco funcionan las luces exteriores de la torre del campanario durante la noche.
Tal vez para antes del bicentenario de Cañuelas o alguna Pascua alguna autoridad o particular ayude en escuchar “la voz de Dios llamando a los fieles”, como les gusta decir a los fabricantes de las campanas Bellini que son únicos en América Latina. 

Leandro Barni