Audiovisual con Zulema Aguirre

Sociales 17 de febrero de 2020 Por El Ciudadano cañuelense
Una protagonista de la historia que nos acerca al bicentenario cañuelense

Zulema Amelia Aguirre acaba de cumplir 90 años, madre de 11 hijos, con 24 nietos y 23 bisnietos. Su fallecido esposo, Esteban Domínguez, fue empleado municipal. El festejo fue el fin de semana pasado y lo hizo rodeada de su numerosa familia. Ama Cañuelas. Es lectora fiel de El Ciudadano, recibiéndolo cada sábado desde hace muchísimos años. Se acercó hasta la redacción para contarnos parte de su historia, acompañada por Silvia Domínguez, una de sus hijas, y su yerno Ariel Peralta, quienes vivían la nota muy emocionados.

–RH: Zulema, contame algo de historia, ¿cómo era el Cañuelas que vos recordás a lo que es hoy? 
–ZA: Antes era chiquito, no tenía tantas casas como tiene ahora. Había más terrenos y nosotros compramos uno acá, donde hoy es el centro. Teníamos con 3 hijos. Después tuvimos 11. También tengo 24 nietos y 23 bisnietos.

–RH: ¿Cómo es criar 11 hijos?
–ZA: Y... no sé. Hoy hay algunos que tienen uno o dos y no se pueden arreglar. Le doy gracias a dios (ríe). Fue una crianza dura. Por ejemplo, no tenía lavarropas, como tengo ahora, y muchas otras cosas. Pero se criaron. Después, se fueron poniendo grandes, empezaron a trabajar y hacer sus cosas. Me llevo bien con todos. En casa me quedó uno solo y los demás ya tienen su familia. En general siempre alguno viene, da una vuelta, llama por teléfono. En aquel entonces, para cocinarle a todos, hacía un guiso grande. Tallarines y esas cosas. Así se criaron todos. Muchos se casaron y se fueron yendo. Pero pasan a verme en los cumpleaños y navidades. Siempre alguno pasa y viene.

–RH: ¿Qué tiene Cañuelas en particular?
–ZA: Yo me voy a pasear a cualquier lado, pero me gusta mi casa y Cañuelas. Nunca me mudaría y menos a esta edad. Sí, lo hacía mucho. Más cuando andaba mejor de las piernas. Acá tengo mi casa, pero salía con una amiga. Nos íbamos y viajábamos a algunos lados. He conocido otros lugares. Ahora con mi hijo también, cada tanto vamos a Mar del Plata. Me dice ‘vamos unos días a algún lado a descansar’, y nos vamos.

–RH: ¿Dónde estudiaste?
–ZA: Fui en Máximo Paz, pero cuando me vine a vivir acá no fui más a la escuela. Hice hasta 4to grado.

–RH: ¿Qué recordás de los festejos del carnaval en Cañuelas?
–ZA: Se hacían unos corsos lindos. Creo que ahora no se hacen más. El último se suspendió.

–RH: Contanos de tu marido…
–ZA: Esteban se llamaba. Era bueno conmigo y los chicos tampoco se pueden quejar. Recuerdo que cuando salíamos estábamos más que nada con los chicos, siempre teníamos chiquitos cada 2 o 4 años y estábamos con ellos, pero no teníamos problemas. Mi marido era municipal, murió en 1985. El barría y levantaba basura. Se jubiló siendo municipal. Cuando murió yo me quede con una pensión y 3 chicos a cargo.

–RH: ¿Tus padres eran de Cañuelas?
–ZA: Sí. Éramos 4 y quede yo sola, que soy la mayor. Recuerdo que éramos muy compañeros.

–RH: ¿Te gusta cocinar?
–ZA: Si, hago de todo un poco. Lo que me gusta es el asado, pero no lo hago yo: lo hace mi hijo. Cuando hay, como mucho. Los festejos son con asado. Mis hijos saben que me gusta y hacen eso. En mi último cumpleaños estuvieron casi todos, los nietos y los bisnietos.

–RH ¿Cómo es tu relación con nietos y bisnietos?
–ZA: Para mí son todos iguales. Con algunos tengo más vínculos que con otros por la cercanía. Hay una que vive en Uribe y la veo más. Anda más en mi casa, va y viene. Se llama Silvia. Viene mucho a Cañuelas. Los demás también, pero menos. Cada cual tiene sus cosas, su familia. También están los que me llaman. Una nieta me llama todos los días a las 10 de la noche.

–RH: En dos años, Cañuelas va a festejar el Bicentenario, ¿te sentís parte de esa historia?
–ZA: Sí, lo siento. Me gusta cómo está la ciudad hoy. Yo vivo hace muchos años en Basabilbaso y Juárez, en la esquina. No viví siempre acá, pero compramos este lotecito con mis padres y ahí nos mudamos. Primero hicimos una pieza y vivíamos con 3 chicos. Después empezamos a agrandar la casa para todos los hermanos. Recuerdo que cuando recién llegamos había mucho terreno y lleno de espinas y plantas. No había casas. De hecho, de mi casa podía mirar al hospital Marzetti, que está a dos cuadras y hoy no lo veo porque hay casas por todos lados.

–RH: ¿Qué te gustaría para tus hijos y nietos?
–ZA: Que estén bien, como más o menos estás todos. Tienen su casita, que es lo principal.

Por Rodo Herrera 
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