
Luto en la cultura cañuelense: falleció el barítono ‘Nery’ Fantino

Con profundo pesar, la comunidad de Cañuelas lamentó el fallecimiento de Carlos ‘Nery’ Fantino, cuyo nombre de pila era Carlos Eduardo, ocurrido este miércoles 30 de abril, a sus 83 años, en una clínica de Monte Grande. El reconocido barítono medio, dedicó más de cuatro décadas a la interpretación del tango, dejando una huella en el panorama musical local y regional.
Nacido en la ciudad de Buenos Aires el 14 de noviembre de 1941 y radicado en Cañuelas desde temprana edad, Fantino forjó una sólida trayectoria artística que inició tras dos años de estudio con el cantante lírico Ricardo Domínguez en la capital federal. De vuelta en Cañuelas, se unió al trío de guitarras liderado por "El Flaco" Bustos, figura emblemática de la música cañuelense y mentor de numerosas generaciones de músicos.
Paralelamente a su pasión por el canto, Fantino se desenvolvió en la actividad comercial, primero en un negocio de ramos generales y posteriormente en la bazar y mueblería familiar ubicada en la esquina de Acuña y Lara, hasta su cierre a mediados de la década de los 90.
La figura de Nery Fantino también estuvo ligada a la política, como histórico afiliado a la Unión Cívica Radical, como su padre Tomás Fantino. En el ámbito personal, enviudó hace un tiempo de ‘Dorita’ Gorassini, a quien conoció compartiendo su amor por el tango y le dio dos hijos: Nicolás y Ariel.

Su formación musical se cimentó desde la adolescencia, cuando comenzó a cantar y a vincularse con músicos como Oscar Bustos, quien lo guio en el desarrollo de su voz y comprensión de los tiempos musicales. Había cursado la primaria en la Escuela N°1 y luego siguió en el Estrada, pero sin concluir el secundario para dedicarse al negocio familiar y cantar. Años más tarde, integró agrupaciones de Lobos como "Los Amantes del Tango" y "Tango 4", compartiendo escenario con destacadas figuras como Osvaldo Barcia, Humberto Alvarez, Abel Villar y el recordado glosista Juan Carlos Clérici.
Dentro de este circuito artístico, tuvo la oportunidad de conocer a figuras de la talla de Violeta Rivas y Néstor Fabián, así como a Alberto Marino, viviendo de cerca la época dorada de las grandes orquestas del tango. Pese a no haber podido vivir exclusivamente de su arte, Fantino se confesaba admirador de Aníbal Troilo y los músicos de su orquesta, así como de la sensibilidad de Eladia Blázquez y el tango evocativo.
En 1995, cumplió un sueño al cantar en el emblemático Café Tortoni con "Las Flores Tango", integrado por el bandoneón de Fermín Enríquez, el contrabajo de Carlos Labolita y el piano de Abel Villar, con quien continuaría compartiendo escenarios en años posteriores. Su trayectoria incluyó presentaciones en salones de la calle Viamonte, festivales y actuaciones en Mataderos.


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