La cadena productiva y comercial del distrito entre el optimismo y el estado de alerta

CORONAVIRUS 30 de marzo de 2020 Por El Ciudadano cañuelense
Emprendedores gastronómicos, empresas de la industria local, pequeños vendedores, trabajadores, comercios chicos y medianos hacen números para medir pérdidas y analizan cómo será el día después del fin del aislamiento obligatorio.

El fenómeno de la pandemia internacional del COVID-19 sorprendió por igual tanto a las potencias mundiales como a los países subdesarrollados y la implementación de la cuarentena en la mayoría de estas naciones es la medida preventiva esencial, hasta el momento, para detener el avance del coronavirus.
En el ámbito sanitario se conocen resultados positivos a partir de las restricciones, pero en el plano económico nadie se anima a pronosticar cómo continuará el devenir financiero, industrial, comercial y por ende macroeconómico de cada país.
Argentina, ubicada dentro de las sociedades del subdesarrollo, cuenta con menos recursos que las naciones del primer mundo y se le presenta un panorama incierto debido a los años de altibajos de la dinámica económica reflejados en los índices finales del Producto Bruto Interno (PBI) de cada año. Desde el 2018 este índice visibilizó una profundización de la caída de la actividad.
Este contexto muestra las pantanosas bases del sistema capitalista nacional y pone en alarma a los protagonistas del mercado que no tienen una ‘espalda’ lo suficientemente ancha como para soportar un período prolongado de paralización en el intercambio de manufacturas.
Sin embargo las voces de productores, emprendedores y distintos agentes económicos locales recorren un amplio margen de opiniones que van del optimismo color esperanza al pesimismo total.       
Leonardo Espinosa de ArgenGas, una de las empresas del Parque Industrial Cañuelas que comercializa gases utilizados en el ámbito medicinal, alimenticio e industrial, relató que ellos no han detenido su producción por estar incluidos en los rubros esenciales dictaminados por el Gobierno nacional. “Nosotros trabajamos para abastecer gases medicinales para clínicas y hospitales, también en gases para la alimentación que sirven para la maduración de frutas y verduras. Estamos a disposición de las necesidades y hemos recibido solicitudes tanto del Gobierno nacional como provincial”. La empresa solo restringió su unidad de negocios en lo relacionado a las empresas industriales, por lo que la planta de Cañuelas sigue en funcionamiento. A su vez, Espinosa se mostró satisfecho con las medidas del Ejecutivo y aseveró “después de la cuarentena los dirigentes políticos van a trabajar para reactivar la economía y que no se expanda la crisis. Va a llevar tiempo pero nos vamos a recuperar”.
Otra perspectiva transita el sector gastronómico, uno de los más afectados por la coyuntura, y el impacto del cese social afecta a los locales que tienen un vínculo mayor con el turismo –Uribelarrea– como los que reciben comensales en el día a día –centro de Cañuelas–.
Karina Civitillo, del Restaurante de Campo de Uribelarrea El Palenque que cuenta con una plantilla de alrededor de 20 empleados, expresó “cerramos antes de las medidas del Gobierno nacional por el tema del turismo y aún no se han analizado pérdidas porque la primera preocupación fue cubrir las necesidades de los empleados, el pago de servicios, los créditos y los proveedores”. La encargada del tradicional local se mostró satisfecha con las medidas implementadas por el Ejecutivo nacional, provincial y municipal. Sostuvo que luego del aislamiento “lo que se perdió capaz se recupera o quizá no, no lo sé. Lo que quiero destacar es que tenemos un Gobierno nacional, provincial y municipal que se preocupa por nosotros no como en otros países. De a poco se van a abrir los caminos según las restricciones. Además se puede vivir con mucho menos. Veremos cómo pasa el día a día. Por mi parte me preocupa la salud pública y en ese sentido estoy tranquila porque hay un Estado atento y presente”.
En el rubro culinario también se escuchan otras voces que son más pesimistas y ven con preocupación la posible extensión de la cuarentena. El pago del alquiler, abonar los sueldos sin recibir ingresos, vivir el día a día, el pago de las tasas municipales y los servicios públicos son las preocupaciones de los empresarios del sector. Todas estas obligaciones y urgencias se podían resolver a partir de la temporada alta que comenzaba con los feriados de marzo, con los de Semana Santa y se extendía hasta la llegada del invierno, pero la pandemia destruyó las expectativas de muchos comerciantes.
Otra es la preocupación de los protagonistas del movimiento comercial diario del centro cañuelense que son considerados ‘esenciales’ y pueden permanecer abiertos. Estos sienten la considerable caída de sus ventas y solo los supermercados completan la totalidad de los horarios permitidos. Los demás reducen su jornada laboral por la falta de demanda como es el caso de las ferreterías. A su vez, algunos almacenes de las localidades no pueden abastecerse de mercadería por las restricciones a la libre circulación que rigen en otras jurisdicciones. Esto sucede en Máximo Paz en donde los pequeños comerciantes deben dar interminables vueltas para acceder a los mayoristas ubicados en el partido de Ezeiza y así llenar sus estantes de productos; si la complejidad se profundiza los almaceneros no tendrían ingresos y los vecinos deberían recurrir a los ‘súper’, nacionales y orientales, que manipulan los precios ‘a piacere’ ante la falta de control. 
Mientras tanto, los negocios que directamente deben permanecer cerrados como mueblerías, casas de artículos del hogar, peluquerías, pinturerías, seguros, etc.  comienzan a pensar cómo seguir en la coyuntura de aislamiento y qué hacer ante la posibilidad de prolongación.                   

Posibilidades y trabajadores
Los más desprotegidos en el entramado económico y social son los empleados informales o los que realizan changas. Estos guardan celosamente sus billetes que solo utilizan en alimentos familiares, mientras buscan una ayuda de las organizaciones sociales de cada barrio para obtener una bolsita con productos que lentamente comienzan a escasear. Por suerte el Gobierno nacional anunció en la semana un bono para este sector. 
La crisis también incita a pensar variantes en la forma de las relaciones de intercambio comercial y Juan Pablo Truglia del Vivero de Uribelarrea imagina una salida que acerque a los productores y consumidores locales. Truglia, experto en la producción agrícola sin químicos, detalló que la parte del vivero de su negocio es la menos afectada por la falta de consumidores pero que la verdura, al ser ‘más perecedera’, corre el riesgo de transformarse en un desecho. En este sentido avizoró: “sería interesante ver cómo se puede articular la producción para el consumo local como una forma de sostener el abastecimiento y de paso sostener al productor local. Hay una capacidad productiva ‘dormida’ para explotar, natural, sin agroquímicos; y en esto el rol del Estado es fundamental para conseguir un precio justo”. La idea representa una interesante opción teniendo en cuenta dos realidades. La primera es que hay superficies utilizables a partir de un común acuerdo entre propietarios y productores cañuelenses; la segunda cuestión es la falta de verduras, el lunes pasado varias verdulerías maximopaceñas estaban cerradas por falta de mercadería y la carencia despertó la preocupación de la comunidad.       

Marcelo  Romero