Daniel Roncoli, un multifacético que quiere volver a su primer amor

Actor, periodista, escritor, guionista, productor y dirigente fueron y son los ámbitos por los cuales el presidente del Cañuelas Fútbol Club recorrió desde su adolescencia. Actualmente se encuentra en una etapa clave de su trayectoria en donde enfrenta la decisión de volver a escena o permanecer en el ascenso.
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1 / 2 - Roncoli pisando el césped del Estadio Jorge Arín.

La última vez que pisó un escenario fue por el 2012 cuando ensayaba en una obra de Javier Daulte, la cual llegó a estrenar con un par de funciones en Capital Federal; también en ese verano, planeaba desarrollar una nueva temporada en Mar del Plata con un unipersonal con el que ya había ganado el premio ‘Estrella de Mar’. De repente, estos proyectos se vieron truncos cuando un grupo de amigos le pidió a Daniel Roncoli que encabece la lista que finalmente lo alzaría como presidente del Cañuelas Fútbol Club. Como si lo hubiera escrito Moris, han pasado tres mandatos desde aquella asunción y con el CFC recorrió todas la canchas de ascenso, pero él jamás olvidó sus noches de teatro. Roncoli dio indicios de su deseo y su futuro. El final de 2020 podría marcar una despedida. 
 
–Marcelo Romero: Ahora sos dirigente pero fuiste periodista, actor, escritor.
–Daniel Roncoli: Yo te pongo el orden. Lo primero que hice fue la actuación. No tengo un registro claro pero en el jardín se hizo una obra en el teatro de Cañuelas y necesitaban a alguien de mi edad, tengo ‘pantallazos’ de cuando trabajé en esa obra. Es un recuerdo que tiene mucha fuerza; a la vez es simultáneo con haber ido a ver una obra con mis padres en la costa que fue otro recuerdo de una sensación muy fuerte a nivel corporal, viendo el escenario y sin entender mucho de qué se trataba. Sentí una gran atracción, una pulsión por estar ahí arriba.
 
–MR: ¿En qué momento reconstruiste este pasado?
–DR: Con el tiempo, haciendo comedia en Mar del Plata, hice una reconstrucción. Me interesó meterme de manera arqueológica en ese recuerdo bastante vago. Resulta que esa obra que ví, era una obra en la que trabajaba Osvaldo Miranda y Ernesto Bianco que fueron dos grandes comediantes. Miranda era el presidente de la Asociación Argentina de Actores cuando me hice socio y tengo el carnet firmado por él, de algún modo lo tomé como una especie de círculo que se fue cerrando.
 
–MR: ¿Entonces desde chico participabas actuando en donde podías?
–DR: En la escuela participé de todos los actos. Hice de mazamorrero, de negro, de prócer, de todo lo que se te pueda ocurrir, ahí empecé a incursionar en la actuación. Lo que me pasó es que cuando quise empezar a estudiar en Capital Federal, en la Escuela Nacional de Arte Dramático, estaba la vuelta de la democracia y había como una reestructuración en la escolaridad. Además, se estaba avanzando en la electrificación del tren Roca y viajar a Buenos Aires se había vuelto complicado, sobre todo en el horario de la mañana que era donde se estudiaba allí.
 
–MR: ¿Y qué hiciste?
–DR: Comencé a hacer periodismo en el Círculo Deportivo y cursos de teatro de manera privada porque opté por viajar al mediodía, resolver todo a la tarde y volver a la noche, ya que era más cómodo. Mi formación actoral la hice en escuelas privadas y simultáneamente hacía cosas en el periodismo. En Cañuelas hacía algo en el fútbol en El Ciudadano y en la radio LC5 Radio Emisora Cañuelas en donde reemplace a Gustavo ‘‘Pacho’’ López como comentarista. Siempre me gustó narrar, contar. Tenía los dos mandatos de la sociedad que te decía ‘de esos trabajos no se pueden vivir, ni del periodismo ni de actor’, y entonces dije: quizá sumando los dos se puede.

–MR: ¿Tenés un vínculo muy fuerte con lo expresivo?
–DR: Una de las materias que siempre le ponía esmero era Lengua y Literatura. Tuve mucho estímulo en la secundaria porque Tomas ‘‘Tito’’ Rivas, profesor de Literatura, nos daba un masrco de libertad muy grande y siempre intentaba encontrar ahí un canal de expresión. Generalmente pedían un trabajo y yo hacía dos porque él lo permitía, buscaba que uno se enamorara de la materia. 
 
–MR: ¿Cómo fue la experiencia en la histórica revista El Gráfico?
–DR: Cuando estaba estudiando surgió una ‘especie’ de beca o pasantía. La revista estaba armando un suplemento que era como una guía del campeonato con los refuerzos, los pases y los planteles. Era una revista muy rigurosa, la llamaban ‘La Biblia del Deporte’. Estaban desbordados de laburo y con naturalidad tiré un montón de manos y antes del primer mes me oficializaron. Tendría 20 años, en esa etapa lo que tenía que ver con lo teatral lo hice de manera experimental con pequeñas compañías o a la gorra. 
 
–MR: ¿En ese momento decidiste si querías ser actor o si preferías el periodismo?
–DR: Fui dando pasos sin pensarlo, nunca tuve una planificación. Siempre quise instalar una poética personal, porque si me pongo a revisar esa etapa todo lo abordaba desde el mismo lugar como una manera de expresarme. Por ejemplo, en El Gráfico me pusieron en automovilismo que era algo que no me gustaba y trate de llevarlo para el lado que yo quería, relacionarlo con el humanismo, entonces buscaba la historia de vida. Me quería escapar de eso pero me mandaban ahí porque les gustaba y fue una etapa que me frustró y me sentí triste.
 
–MR: ¿Por qué?
–DR: En ese momento para cubrir automovilismo El Gráfico te enviaba al lugar con varios días, ya que se le daba mucha importancia. Estaba viernes, sábado y el domingo volvía rapidísimo para cerrar porque la revista salía el lunes y a mí me cercenaba las posibilidades de trabajo. Me juntaba con mis compañeros, estudiaba, iba a los cursos y cuando llegaba la obra no me podía comprometer entonces sentía frustrada parte de la expresión, no podía completar el proceso y eso me generó una rebeldía, a partir de ahí me empecé a desligar del periodismo.
 
–MR: ¿Entonces te dedicaste de lleno a tu carrera como actor?
–DR: Sí, tomé esa decisión y fue una de las etapas más lindas y que espero retomarla. Fue un gran bohemia, una gran aventura y de pasarla bastante mal a nivel laboral porque los actores tienen muchos vaivenes, pero me di cuenta que dedicado a esto full time te da la posibilidad de incursionar en un montón de vertientes que tiene la actuación. Estaba predispuesto a ir a todos los castings, ya que el 90 por ciento del día estaba buscando laburo.
 
–MR: ¿En el teatro fue donde mejor te desarrollaste?
–DR: Siempre me gustó más el lenguaje teatral, entonces en teatro hice muchísimas obras generadas por autogestión y tuve la suerte que me llamaran para trabajar profesionalmente, que me pagaran para trabajar sin preocuparme por el decorado, la ropa o la publicidad. Solo trabajar, o en realidad ir a jugar porque siempre tomé la actuación como un juego. Si bien nunca tuve la posibilidad de hacer una diferencia, tuve un momento de trabajar con continuidad en el teatro profesional que me permitió tener una gran satisfacción, en obras importantes y convocantes.
 
–MR: ¿En ese momento fue cuando trabajaste con Carlos Calvo?
–DR: Sí. Tuve esa dicha, había sido un fanático de ‘El Rafa’ en la adolescencia. Yo lo conocía de antes por una circunstancia casual pero nunca había trabajo con él. Por el 2000 me llaman para trabajar en la obra ‘Money, Money’ y me encuentro con él cuando ya había tenido su primer ACV. Fue un lindo desafío porque mi rol en la obra era de actor suplente, ya que la intención era que la obra nunca suspendiera ninguna función y necesitaban un actor que supiera todos los papeles, menos el de ‘Carlín’, que por supuesto era irremplazable. Sabía todos los roles, menos el de las mujeres que estaba a cargo de Andrea Frigerio y Carmen Barbieri, y yo hacía de un personaje ruso.
 
–MR: ¿Duró mucho la obra?
–DR: Tuve un poco de suerte porque el director de la obra, Carlos Moreno, que también tenía un papel protagonista se fue a México y me dieron la oportunidad de hacer ese importante papel. Estuvimos dos años con esa obra, anduvimos por todo el país e hicimos dos temporadas en Mar del Plata. Por circunstancias casuales me tocó trabajar en dos obras más con él y cada vez que me cruzaba su latiguillo era: ‘Otra vez Roncoli, otra vez…’.   
 
–MR: ¿Este fue tu mejor momento dentro de la actuación?
–DR: Sí fue muy lindo, muy pleno porque fue un gran aprendizaje. En esas grandes compañías tenés que hacer diez presentaciones por semana y es un gran entrenamiento para el actor, porque cada obra en cada lugar es una cosa distinta. También cuando hice ‘Taxi’ con Calvo y Fabián Gianolla y luego en la obra ‘Extraña Pareja’ cuando me tocó ver el encuentro de Pablo Rago y Carlos Calvo que hace años habían hecho ‘Amigos son los amigos’; obras de muchas funciones e improvisación que son muy ricas para el actor.
 
–MR: Estabas en un ámbito muy distinto al deportivo, entonces ¿cómo surge la posibilidad de ser dirigente del CFC?
–DR: Lo del club nunca lo pensé. Tiene que ver con una situación sentimental y emocional. Unos amigos, que siempre tuvimos una vinculación y relación a través del club, decidieron hacer un grupo de trabajo para buscar una renovación en la dirigencia. Me convocaron, yo estaba en Buenos Aires para participar en una ‘especie’ de transición que se iba a hacer con la gestión que se estaba yendo y me piden si podía cubrirles los trámites en AFA –Asociación del Fútbol Argentino–.
 
–MR: ¿Y cómo llegás a presidente?
–DR: Después se fue armando el grupo con la intención de trabajar de manera más concreta en el club, pero yo solo como un colaborador. Faltando muy poquito para arrancar el que iba a ser presidente del club, Daniel Lespada, no pudo afrontar el cargo y me pidieron a mí que asuma. Recuerdo el momento como una gran inconciencia porque no tenía ningún análisis sobre el tema, porque nunca me lo había planteado. No sabía bien la dimensión del tema.
 
–MR:¿Qué recordás de tu primer día como presidente?
–DR: Lo primero que me pasa es que hicimos la asunción y el presidente saliente me dio un manojo de llaves del club. Era muy pesado y me dije: ‘¿Y ahora qué hago con esto?’, ni sabía dónde estaban las luces. Mi relación con el club era sentimental y de opinión; ahí comprendí que la tarea iba a ser muy difícil. Ahí nomás explotó un tema judicial que fue muy significativo para la historia del club y para la gestión; en treinta días había que juntar 300 mil pesos para levantar un embargo en ‘El Cajón’. Se nos ocurrió hacer una campaña especial y se logró salvar el embargo. Luego tuvimos que firmar unos papeles, en una situación perfectamente legal, por la venta de unos lotes en ‘El Cajón’ de una gestión anterior y nos tocó a nosotros firmar la entrega, fue un momento muy doloroso.       
 
–MR: ¿Eué notaste en esos primeros pasos?
–DR: Empecé a tomar una dimensión de que el club era bastante más importante para la vida de la gente de lo que uno podía determinar. El club necesitaba una transformación y nos tocó a nosotros hacerla por una cuestión de procesos históricos no por ser inteligentes o más buenos. Era un momento vórtice y había que refundar el sentido de pertenencia porque Cañuelas había crecido muchísimo en lo poblacional y se estaban perdiendo las bases.
 
–MR: ¿El vecino estaba dejando de ser hincha de Cañuelas?
–DR: Por un proceso histórico, por algunas razones de las que yo no tengo el análisis concreto, la gente había dejado la vida del club. Si uno le quiere dar una visión cosmopolítica se puede relacionar con una etapa de los ‘90 muy relacionada al individualismo, signada por un modelo de sociedad del sálvese quien pueda; pero en lo concreto veíamos que pasaba eso. De algún modo nosotros también nos habíamos alejado un poco del club. 
 
–MR: ¿Y qué estrategia pensaron para luchar contra esto?  
–DR: Todo estuvo enfocado a lo formativo en todas las disciplinas. Una de las primeras cosas que hicimos, que se podía ver como algo banal o comercial, fue pensar la idea de una tienda porque veíamos que si alguien quería la camiseta de Cañuelas no la podía tener. Pasabas por un picado o cumpleaños y veías a los chicos con camisetas del Barcelona, de Boca, de River pero ninguna de Cañuelas. Al tener indumentaria, un sentido de pertenencia y participación, trabajar en marketing y en comunicación con la prensa; hoy vas a cualquier lugar y esto ya no pasa. Hay tortas con el escudo de Cañuelas y de los diez chicos hay siete con la camiseta de Cañuelas y uno siente que le está ganando al Barcelona por 7 a 2. 
 
–MR: Vos y el equipo de trabajo asumieron en el 2012. Con la distancia de los años ¿este es un punto fuerte de tu mandato?
–DR: Esto no es menor y creo que es un punto clave de la gestión. Trabajamos muy fuerte en esa transformación que implicó un cambio cultural. Sacar el club a la calle, intentar ser más abiertos, romper una idea clasista del club porque capaz en un momento se lo veía como ‘el club del centro’. Intentando incorporar de a poco a las localidades de Cañuelas, las cuales tienen su sentido de independencia con deportistas de cada localidad.

–MR: A partir del trabajo como dirigente, ¿abandonaste tu verdadera pasión?
–DR: No fue una decisión, me fue llevando la gestión. Cambié mi eje y me volví a radicar en Cañuelas. Para ejercer mi oficio irremediablemente tenés que estar en Buenos Aires buscando laburo. Además, para el oficio de actor uno necesita estar entrenado, es como un deportista, uno no puede ir sin hacer una pretemporada. Tenés que ir predispuesto desde lo físico y lo emocional, el instrumento del actor es el cuerpo y hay que ponerse en forma, no quiere decir ser flaco o gordo, sino estar en contacto con el arte y la técnica; cosas que yo no estoy haciendo. Estoy muy distante de mi vocación, pero por ahora no tengo otra alternativa porque desde la Comisión somos muy conscientes que los compromisos asumidos los tenemos que responder.           
 
–MR: En este año termina tu tercer mandato como presidente, ¿qué vas a hacer?  
–DR: Creo que sería muy beneficioso para el club que se genere una nueva dirigencia, sería algo espectacular. El club debe ‘aggiornarse’, bancarizar la cuota, tener sistemas de seguridad para los socios y crecimiento. Aparece también la irrupción de la mujer en muchos aspectos, el club las necesita y estamos intentando convocarlas. El club está necesitando la participación fuerte de la mujer y la mirada femenina en toda la gestión; sería algo formidable. Obvio que se necesita un proceso de trabajo, pero tengo una fantasía que el club tenga una presidenta por primera vez en su historia. 
La dificultad grande de los clubes es que la gente, por distintas razones, es difícil que se comprometa, pero sería muy necesario para mí formar una nueva dirigencia, se necesita una renovación.       
 
–MR: Entonces ¿podrías retomar tu camino?
–DR: Obviamente que después de este paso por el club la relación y la valoración mía hacía el club será totalmente diferente. La mirada ya no será la de un hincha, socio o simpatizante sino que será mucho más comprensiva. Pero sí, a mí me gustaría eso, retomar mi camino. Tengo muchas ganas, es una pasión muy visceral. Tengo necesidad expresiva de contar cosas con mi cuerpo, de formar parte de alguna obra; veremos si en lo inmediato lo puedo conseguir. Tengo esa fantasía.

Por Marcelo Romero - [email protected]