
El rastro de Felipa Larrea: la búsqueda de la última esclava que interpela la desmemoria argentina
Leandro Barni
Hay familias que eligen esconder a sus tíos díscolos, borrar sus nombres de los portarretratos y hacer de cuenta que nunca existieron. A nivel nacional, la historia argentina hizo algo muy parecido con su herencia afrodescendiente. Durante décadas, el relato oficial construyó un país blanco y europeo, empujando al olvido a los miles de hombres y mujeres que sostuvieron la economía colonial, regaron con su sangre las campañas de la Independencia y moldearon nuestra identidad cultural. Sin embargo, el pasado siempre encuentra una grieta por donde volver a brotar.
Aquí, un grupo de investigadores locales se ha propuesto desenterrar una de esas historias silenciadas. El área de Patrimonio de la Municipalidad, motorizada por el profesor Juan Manuel Rizzi y Melany Flores, trabajan activamente en el rastreo de los descendientes, la vivienda y la tumba de Felipa Larrea, considerada por los especialistas como la última esclava sobreviviente del período colonial en la Argentina.
La iniciativa cobró estado público tras una reveladora charla entre Rizzi y el reconocido arquitecto y referente patrimonial Carlos Moreno. Durante el encuentro, ambos especialistas coincidieron en la urgencia de rescatar esta figura que encarna, como pocas, la transición del dolor de la esclavitud a una libertad que nunca dejó de ser precaria.
Un siglo de vida entre cadenas y libertad
La historia de Felipa Larrea parece de ficción, pero está documentada en las páginas amarillentas de la prensa de principios del siglo XX. Nació el 1° de mayo de 1810 —apenas 24 días antes de que se iniciara la Revolución de Mayo— bajo el régimen de esclavitud. Era hija de Juan, un esclavo del entonces vocal de la Primera Junta, Juan Larrea (de quien adoptó el apellido), y de Magdalena, una mujer africana sierva de Patricio Salas.
"La ex esclava se encuentra actualmente en la mayor miseria, sin amparo ninguno", advertía una crónica de la revista Caras y Caretas el 27 de noviembre de 1909.
Comprada luego por Justa Visillac de Rodríguez, Felipa se crió entre los muros de la histórica Casa de Ejercicios Espirituales, en el actual barrio porteño de Constitución. Su vida fue un largo peregrinar de servidumbre doméstica que continuó incluso después de que la Constitución de 1860 aboliera definitivamente la esclavitud en Buenos Aires. Ya bajo condiciones de supuesta "libertad", sirvió en las casas de familias patricias como los Díaz, los Lavalle y los Marco del Pont, e incluso llegó a realizar tareas de cuidado para Bernardino Rivadavia.
Felipa se casó con Ignacio Larrea, cocinero del general Juan Lavalle, y tuvo once hijos. Hacia finales del siglo XIX se radicó en Cañuelas, donde transcurrió sus últimas décadas trabajando de manera incansable para subsistir. El 18 de enero de 1910, con casi cien años de edad y una lucidez asombrosa —declaraba recordar perfectamente el fusilamiento de Camila O'Gorman en Palermo—, Felipa falleció en la pobreza extrema.

El rescate arqueológico y familiar
"Tuvimos una esclava que se considera la última del período colonial. Estamos indagando sobre su paradero, buscando rastros en el cementerio local y ya logramos identificar la casa donde habría vivido", detalla Juan Manuel Rizzi, director de la biblioteca popular Sarmiento.
El trabajo no es solitario. El equipo de Patrimonio avanza de la mano de la propia comunidad y, fundamentalmente, con la ayuda de Ariel Ortiz, un chozno (chozno nieto) de Felipa, pieza clave de un movimiento de autorreconocimiento afroargentino que ha crecido con fuerza en la última década.
El sesgo del patrimonio
"A nivel país, si tuviéramos que declarar patrimonio, nadie declararía una casa chorizo o una vivienda humilde donde habitó el 90% de nuestra gente trabajadora; solo declaramos palacios", reflexionó Carlos Moreno durante la charla con Rizzi en su programa Permanencias en Dulce de Leche Streaming . El rescate de la vivienda de Felipa busca romper esa inercia y dotar de valor histórico a la arquitectura popular.

Un país cimentado sobre hombros afro
La búsqueda en Cañuelas reabre un debate histórico mucho más amplio. El campo argentino, antes de la consolidación de la mítica figura del gaucho en el siglo XIX, se manejaba fundamentalmente con mano de obra esclava. Lo mismo ocurrió en los campos de batalla de la Independencia: de los 4.500 soldados del Ejército de los Andes cruzado por San Martín, una enorme proporción eran hombres negros que ganaron su libertad en el frente de batalla.
Hoy, la ciencia y la genealogía demuestran que la herencia afro corre de manera invisible por las venas de millones de argentinos. Desde los ciudadanos de a pie hasta figuras colosales de nuestra cultura popular, como el mismísimo Diego Armando Maradona, cuyos lazos ancestrales con raíces afroargentinas ya han sido largamente documentados.
Encontrar el descanso final de Felipa en el cementerio de Cañuelas y señalizar el hogar de sus últimos días de trabajo no es solo un acto de justicia histórica para ella y sus descendientes. Es, sobre todo, una forma de mirarnos al espejo como sociedad y aceptar, por fin, que nuestra identidad nacional también se construyó con la fuerza y la dignidad de su población negra.


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