La esencialidad de las peluquerías

CORONAVIRUS 18 de mayo de 2020 Por El Ciudadano cañuelense
Los nuevos decretos surgidos por el coronavirus dicen que no son un rubro ‘esencial’ pero en la realidad un mundo sin peluqueros, barberos, estilistas, coiffeurs o como quiera llamárselos, no parece ser posible.
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1 / 2 - Fernando equipado para una jornada laboral.

Fernando es el titular de Cale Coiffeur un salón de peluquería ubicado en la esquina de Lara y Acuña, en pleno centro cañuelense. Cuenta con 20 años de trayectoria y hace 8 que alquila el amplio local. Como muchos pequeños emprendedores debió ‘bajar las persianas’ luego de la disposición del Gobierno nacional que comenzó el aislamiento obligatorio y dictaminó la suspensión de actividades no esenciales.
El último lunes reabrió con ansias su salón luego  que el municipio local autorizó la reapertura de peluquerías tras el pedido de la Cámara Comercial e Industrial de Cañuelas. En una conversación con El Ciudadano explicó cómo se adapta a la nueva utilización del tiempo en la etapa pandémica y a la necesidad del público con respecto al cuidado estético.  

–MR: ¿El cliente se contactó rápido, estaba necesitado del servicio?
–F: Sí, la verdad que sí. En este momento la mayoría que viene es la clientela de muchos años. Hay gente que nunca dejó de trabajar, como por ejemplo en empresas alimenticias, y necesitaba sentirse más prolijo y presentable. Los que estaban en casa, sobre todo muchas mujeres, necesitaban el color; y de paso se toma como una ‘salidita’.

–MR: ¿Cómo te adaptaste al protocolo?
–F: Lo estamos respetando y cuidamos mucho la limpieza. Los clientes colaboran y tienen los elementos adecuados. Todo el mundo tiene mucho cuidado así que no hay problemas en ese sentido. Tenemos un salón grande, atendemos con turnos, sin espera y respetando las medidas. Guantes, barbijos, lentes, desinfectamos el calzado a los que entran, desinfectamos con alcohol y con lavandina. En fin, teniendo los cuidados necesarios para que ellos y nosotros nos sintamos cómodos.   

–MR: ¿El tiempo sin trabajar fue preocupante?
–F: Como todos, vivimos en el día a día. Todo el mundo trató de llegar a arreglos con los alquileres y demás para adecuarse al otro. Fue complicado y difícil, como le sucedió a todos. Hay que poner el hombro y seguir, lo único que espero que esto no retroceda y nos cuidemos.

–MR: ¿Imaginabas la peluquería cerrada tanto tiempo?
–F: Sí, inclusive yo cerré un día antes de que el presidente dictamine la cuarentena porque ya había poca gente en la calle, el miedo se notaba; e incluso yo también estaba con miedo.

–MR: ¿Era imperioso reabrir?
–F: Y no queda otra. Tarde o temprano hay que soltar de a poco. Uno prioriza la salud pero a la vez hay costos fijos que hay que cubrir, necesitás trabajar. Hay que ser cauteloso con las medidas pero hay que trabajar, agradezco que nos hayan habilitado.

–MR: Por las restricciones, ¿se complica la compra a proveedores?
–F: Yo trabajo con dos o tres empresas que son de Capital Federal. Por el momento tengo un stock, pero ya me estoy por comunicar con ellos. En la semana me voy a informar cómo están haciendo pero ese tema va a estar complicado por la suba del dólar, la mayoría de los productos de peluquería si son de buena calidad son importados. 
Todavía no me quiero imaginar nada…

–MR: El sistema de turnos ¿es una modalidad que favorece, es decir, se podría mantener más allá del aislamiento?  
–F: Uno que tiene experiencia lo puede manejar tranquilamente mientras que los clientes respondan y cumplan. Uno conoce los tiempos del trabajo y me acomodé bien. Pero esto es día a día y hay que ver si habrá cambios en el sistema. El tema es trabajar lo más seguro posible y que la gente esté segura. Hay que acostumbrarse. 

–MR: Cuando llega el cliente, ¿qué es lo primero que se hace?
–F: Antes se desinfectan constantemente las manijas de la puerta. Luego se debe llenar y firmar una declaración jurada con datos personales, información y antecedentes médicos. Se realiza todo el protocolo y luego se trabaja


Marcelo Romero
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