Carlos Dawney: “Con la llegada del Tarquino se generó toda una revolución"
El presidente de la Asociación de Criadores de Shorthorn reivindica la ganadería a 200 años del arribo del primer gran toro de la raza a nuestro país. Su penetración y comercialización en el Mercado Agro Ganadero de Cañuelas.
Se podría decir, sin lugar a dudas, que el país está plagado de una excelente genética ganadera en las diferentes razas que lo representa y no se estaría faltando a la verdad. Lo que es importante reconocer, además, es lo fundamental que resultó aquel primer toro de la raza Shorthorn en el proceso de cambio de los criadores de ganado desde 1823 hasta la actualidad.
La Asociación Argentina Criadores de Shorthorn nació con el tiempo. De igual manera, una familia lleva sobre sus espaldas pampeanas cuatro generaciones criando y desarrollándose en torno a una de las razas que mayor adaptabilidad tiene en diferentes terrenos. Con ganado de cría, pero también con la Cabaña ‘El Chajá’, que cuenta con reproductores de alta calidad. Los Dawney, desde General Acha, muestra los beneficios del Shorthorn de nuestro país a todo el mundo.
Carlos Juan Dawney (46 años), actual presidente de la Asociación Argentina Criadores de Shorthorn, es parte de una familia de ganaderos. Con Carlos Eduardo (su papá), Jorge, Felipe y Virginia (sus hermanos) comparten la misma pasión con la que su tatarabuelo, el Doctor Juan Alston, inicio el camino de la raza en las raíces familiares.
El presidente de la Shorthorn dialogó con El Ciudadano sobre su familia, la raza y sus excelentes condiciones para seguir creciendo en el mercado ganadero y los 200 años del Tarquino.
–¿Cuántos años hace que está en la Asociación y cómo comenzaron con la ganadería?
–Estoy hace unos 12 años, pero en 2009 ingresé como vicepresidente para llegar hoy a presidente. Mi familia siempre crió Shorthorn, comenzó con mi tatarabuelo, a fines del siglo IXX en la localidad de Guatrache, provincia de la Pampa. La raza siempre estuvo en la familia, por lo que hoy continuamos, no solo por una cuestión sentimental, sino también por la versatilidad que tienen para la crianza, nos ayuda a mejorar nuestro rodeo y nuestro negocio como criadores.
–¿Cómo se compone tu rama familiar?
–Yo soy cuarta generación, aunque mis hijos, que son quinta todavía en época escolar, ya están demostrando que les gusta la ganadería. Lo que esperamos es que lo hagan con el mismo entusiasmo que nosotros. No somos solo de familia cabañera, a pesar que sí hacemos animales que, de vez en cuando, mandamos a las exposiciones, ya que es algo que nos gusta y nos divierte. Participar en las nuestras tiene su adrenalina, hoy estamos trabajando con una genética que es muy aceptada en el mercado, por lo que nos animamos a estar en exposiciones para mostrar lo que nosotros hacemos, no tanto por los premios sino para mostrar nuestro trabajo.
–¿Por ejemplo?
–Este año vamos a llevar una ternera a Palermo que ya en 2022 sacó el premio a la tercera mejor hembra, por lo que en 2023 va a dar qué hablar. Hoy por hoy, hay que tener en cuenta que hay mucha calidad en la hacienda que se presenta en Palermo y eso hace la competencia mucho más interesante.
–Entonces, ¿también son criadores de la raza?
–Somos criadores en La Pampa, en General Acha, una zona semiárida que requiere un animal que se banque el invierno con poco forraje por el clima y el lugar. Indudablemente, el Shorthorn siempre fue parte de nuestro esquema de cría, hacemos cruzamientos para que los terneros que salgan de ahí vayan al otro campo en 9 de Julio.
–¿Cómo se distribuye la raza a lo largo y a lo ancho del país?
–Tenemos socios en Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Santa Cruz, es una raza que se adapta muy bien en cualquier medio. Y gracias a sus 200 años de existencia en nuestro país, hicieron que se aclimatara perfectamente, no es casualidad que sea la primera raza que se trajo y el éxito inmediato que tuvo.
–Cumplieron 200 años y ya comenzaron los festejos en Cañuelas, ¿qué siente sobre esta cuestión?
–Lo de Cañuelas superó todas las expectativas: de los socios, de los directivos de la Asociación, de los remitentes, de la gente que vio el movimiento de cómo estaba todo organizado… La verdad es que se hizo un trabajo maravilloso. También quiero agradecer al municipio de Cañuelas por intermedio de la Intendenta Marisa Fassi, a la gente del MAG y a la casa consignataria que remató, ‘Campos y Ganados’. Todo el acto fue muy importante.
–¿Cómo está la raza en la actualidad?
–En 200 años tuvimos años buenos y malos, pero está resurgiendo por sus grandes cualidades, carnicerías, de mansedumbre y materna. Con la llegada del Tarquino se generó toda una revolución en la ganadería.
–¿Qué potencial se ve en la ganadería y la carne argentina?
–Hace más de 100 años que la carne argentina es reconocida a nivel mundial. La ganadería es una actividad que genera divisas sin afectar al mercado interno y arraigo en el interior del país. Es un sector que trabaja a largo plazo, les da empleo a los camioneros, a los frigoríficos y a los sectores relacionados. Nosotros reivindicamos la ganadería de todas las razas que trabajan en Argentina, tiene excelente genética y hasta vienen a búscala de otros países. Lo que faltan son políticas a largo plazo y sacarle el pie de encima a la producción para lograr desarrollarnos mejor.
–¿Cómo ves a Cañuelas en el aspecto ganadero?
–En Cañuelas hay una identificación muy fuerte con la ganadería, ya desde la cabeza del toro Tarquino en el escudo de la localidad, que se nota que es la cuna de la ganadería y el MAG, el cañuelense no puede ser indiferente a eso.
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