De dos localidades a Europa en tiempos de coronavirus

Testimonios de vecinos en España y Alemania cuentan cómo afrontan la pandemia y las diferentes consecuencias en sus países por el COVID-19.
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1 / 4 - Celina Nazaro junto a sus hijas en España.

Las medidas sanitarias preventivas de alcance mundial continúan y el lema ‘Quédate en Casa’ es la máxima global. El Ciudadano recurrió a vecinos del distrito, Celina Nazaro y Ezequiel Gallardo, que hace unos cuantos años se radicaron en España y Alemania respectivamente, para conocer el desarrollo y las implicancias de la replicada medida internacional del aislamiento social.   

En España
Hace casi dos décadas Celina, de 40 años, partió a España en busca de una oportunidad laboral. Era de Villa Racitti y estudiaba Ingeniería en la ciudad bonaerense de La Plata. Tras desarrollarse en distintos empleos se estableció como operadora de planta en el sector petrolífero de la empresa Repsol y volvió al ámbito académico en la Facultad de Igualada. Tiene dos hijas y vive en el pueblo de La Pobla de Mafumet, ubicado a 8 kilómetros de Tarragona y a 80 de Barcelona. 

–Marcelo Romero: ¿Cómo te enteraste del coronavirus?
–Celina Nazaro: Mirando lo que sucedía en China, no creía que se llegaría a una pandemia y que iba a llegar acá. Fue un shock. El 11 de marzo estábamos en la calle, ajenos a todo. En la Facultad de Igualada, donde estudio, se dio uno de los primeros focos y fue la primera que cerró. Igualada queda como a 80 kilómetros de donde vivo y me quedé tranquila; a los dos días vienen mis hijas contentas porque no iban a ir al colegio por 15 días. Ahí me entero del confinamiento y me dio pánico, de un momento a otro que se pare el país no lo podés creer.

–MR: ¿Cuál fue tu reacción y la del poblado donde vivís? 
–CN: Me lo tomé con mucha seriedad y estoy encerrada. Costó un poco los primeros días pero ahora la gente está conciente. Justo había tenido un accidente doméstico y estaba de baja laboral así que hace un mes y medio que estoy encerrada. Cuando salí por primera vez fue un shock, no había nadie y los pocos que había todos con barbijo.

–MR: ¿Allí el aislamiento es obligatorio?
–CN: Sí y salís con un documento digital que dice el horario, lugar y tenés que volver con el ticket para justificar, esto se da más en ciudades. No hay nadie en el supermercado, en las farmacias esperás afuera con la distancia. Lugares deportivos, cafeterías o de encuentros sociales está todo cerrado y solo quedaron actividades de primera necesidad como mi trabajo.  

–MR: ¿En tu familia qué medida tomaste?
–CN: Desde que mis hijas entraron a casa porque no tenían colegio no pisaron más la calle. Los chicos tienen prohibido andar, si ves alguno es algo excepcional. Yo solo salí cuatro veces desde hace un mes y tuve que ir a un centro de salud, nada más. La calle hoy me da respeto, porque sé que cada vez que salgo puedo contagiarme y pasárselo a mis hijas.

–MR: ¿Cuándo debés volver a trabajar?
–CN: El 1 de mayo porque ya tengo el alta y pienso lo difícil que va a ser. Quedó una plantilla reducida de servicio mínimo para que la planta funcione, sé que toman la temperatura a todos y el que tenga fiebre se lo manda a la casa quince días. Los demás hacen teletrabajo. A mí me toca ir.

–MR: ¿Se habla allí sobre qué va a pasar con la economía?
–CN: Un montón de gente se inscribió en lo que sería el fondo de desempleo. Como todo cerró sin previsión de cuándo van a abrir mandan al empleado a lo que sería como un fondo de desempleo en Argentina. La empresa no debe hacer los aportes por despido y el empleado no pierde la antigüedad, es como un despido temporal. Es un ‘paréntesis’ y en cuanto se normalice todo, vuelven. De a poco se están abriendo actividades.

–MR: ¿Anunciaron que pasará con el ciclo lectivo?
–CN: Mis hijas hasta pasado junio no van a salir a la calle. Aquí el ciclo lectivo termina en junio y esta semana se decidió que las facultades y colegios no abrirán, están decidiendo cómo se evaluarán los últimos meses. Difícilmente repetirá algún chico, lo más probable es un aprobado general. 

En Alemania
Desde los 14 años Ezequiel viajaba de Alejandro Petión a Alemania con frecuencia hasta que en 1998 se instaló allí definitivamente. Actualmente tiene 36 años y vive en un campo de la ciudad de Starnberg, en las afueras de Munich. Imbuido en el ámbito del polo desde niño reparte su tiempo como jugador o cuidador. Contrajo matrimonio con una alemana y tiene niños pequeños.

–MR: ¿En qué momento te enteraste del coronavirus?
–Ezequiel Gallardo: Estábamos en el campo donde vivimos  y mirando la tele. Da la casualidad que el primer infectado con coronavirus en Alemania está a 10 kilómetros de donde vivo. Una persona vino de Wuhan –ciudad China donde surgió el COVID-19– a hacer una capacitación y contagio a varias personas de esa empresa.

–MR: Son pueblos muy cercanos, ¿tenés contacto con ese lugar?
–EG: Mis hijos van al jardín en ese pueblo pero por suerte tuvimos la posibilidad de sacarlos mucho antes por un tema de lluvias y la dificultad para llevarlos, así que no tuvimos contacto con nadie de esa zona. Fue algo dramático que pasara muy cerca de mi casa.

–MR: A partir de ahí ¿el Gobierno tomó medidas inmediatas?
–EG: Se tardó un poco. Los vuelos a China seguían y la aerolínea alemana fue una de las últimas en dejar de viajar allí. Con el aumento de los infectados rápidamente se tomó la decisión de la cuarentena, después se la fue alargando de a doce días y ahora la canciller anunció que hay cuarentena con salida restringida hasta el 3 de mayo.

–MR: ¿Cómo evolucionó el aislamiento?
–EG: Acá hay mucha cantidad de productos higiénicos y de alimentos, pero la gente salió desesperada a comprar y eso nos dio un poco de miedo. Los empresarios tuvieron que salir a decir que había productos. Nos pasó que fuimos a comprar y de casualidad encontramos unos rollos de papel de cocina, los dejamos en el carrito, nos dimos vuelta para agarrar otra cosa y ya no estaban. La gente estaba muy agresiva, no los empleados sino los clientes. Tratamos de hacer las compras necesarias ya que la gente entró en pánico muy rápido.

–MR: En Alemania ¿la cuarentena es obligatoria?
–EG: Es preventiva, no estamos obligados a quedarnos en nuestras casas. Podés salir a comprar o al médico; pero al cerrar locales, restoranes, comercios de ropa o cosas que no se necesitan la gente no tiene dónde salir. Los alemanes entonces estaban aburridos, salían a pasear o hacer deporte, no entendieron que no había que juntarse con mucha gente y ahí alargaron la cuarentena.

–MR: ¿Hay un debate por la cuarentena? 
–EG: Unos piensan que es buena y otros no. Al tener la libertad de salir el que piensa que la cuarentena no vale la pena sale igual. Hay discusión y algunos no entienden por qué se alarga la medida, siempre se repite que es para no colapsar los hospitales.

–MR: En cuanto a la actividad económica ¿hay repercusiones? 
–EG: El empleado está cubierto y las empresas le van a seguir pagando por algunos meses, a las más chicas el Gobierno les da una ayuda para no despedir. El autónomo también recibe una pequeña ayuda en cuanto a los gastos. Alemania es conocida por los ‘números negros’ como se dice acá –una suerte de fondos nacionales de reservas–  y un sistema económico con reservas que se usará para todo esto; después de utilizar ese dinero aseguran que pasaremos a los ‘números rojos’ –deuda nacional–.     


Marcelo Romero
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