Coronavirus: el mayor desafío en la historia de la humanidad

Actualidad 27 de abril de 2020 Por El Ciudadano cañuelense
Compartimos el análisis del economista Ricardo Arriazu en el programa del periodista José del Rio en LN+: “La humanidad está enfrentando uno de sus mayores desafíos: una pandemia y una implosión económica”, evaluó en un análisis sobre la coyuntura provocada por el avance del nuevo coronavirus , y advirtió que “se está destruyendo todo el comercio, que es el 80 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) mundial”. Además, explicó cuál sería su receta si fuera Ministro de Economía en esta situación extraordinaria: “Lo primero es evitar una conflictividad y un colapso social. Lo segundo: hay que salvar a las empresas. Una vez hecho eso hay que evitar que esa expansión monetaria genere inflación. Y para eso es fundamental cuidar el superávit fiscal que tenemos”.
Ricardo Arriazu

–¿Cuánto hay que preocuparse por la situación económica que atraviesa hoy la Argentina?
–Yo diría que primero hay que preguntarse cuánto hay que preocuparse por la situación que enfrenta el mundo. La humanidad está enfrentando uno de sus mayores desafíos: una pandemia y una implosión económica. La Argentina no es ajena. Tiene ambas. Pero además le pasa lo que le pasa a todos los países emergentes, que es que cuando la gente tiene miedo, busca vender todos los activos que considera de riesgo.

–Eso significa...
–Venden acciones, cae el precio de las acciones (más del 50% en los países emergentes), venden bonos, caen los bonos. Sube el riesgo país. Buscan refugio en otros países. Con lo cual su moneda se devalúa. Cuando esa moneda va y entra a Estados Unidos se revalúa el dólar. Al suceder eso caen los precios de las materias primas y entonces el país se enfrenta al efecto de la pandemia, de la economía y del resultado de todo esto.

–Uno ve la situación económica local, con ciertas medidas restrictivas (como puede ser la doble indemnización), ¿cómo se sale de los efectos de esta pandemia?
–Primero entendamos qué es una implosión económica. Es algo que no se ha visto, donde desaparece la base de la economía moderna, de hace 7.000 años, que es la especialización y el intercambio.

–¿Eso qué genera?
–Lo que está pasando es que se está destruyendo todo el comercio, que es el 80 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) mundial, y se calcula que ello produce un efecto instantáneo del 25 por ciento del producto de caída. Esto es como una bomba neutrónica: no destruye el capital, destruye las empresas y las personas. Cuando se habla de recuperación posterior... si no existen, no hay recuperación posterior.

–¿Entonces?
–Entonces lo que se está tratando de hacer es en primer lugar darle ingreso a la gente que perdió al haberse caído el PBI, y darle dinero a las empresas para que no quiebren. En algunos países, por ejemplo, en Estados Unidos, la Reserva Federal expandió en tres semanas lo que serían sus activos, la base monetaria, en 46 por ciento. En la Argentina el crecimiento de la base monetaria fue del 41 por ciento. La gran diferencia es que en Estados Unidos hay confianza, es un país que tiene historia, liderazgo, que se cree a sí mismo. Y la Argentina es un país que no tiene moneda, no tiene crédito y no tiene reserva. Pero la Argentina tiene algunas fortalezas.

 –¿Cuáles son esas fortalezas?
–Las fortalezas principales son un bajo nivel de monetización (no hay pesos para comprar dólares). El más importante es que tiene superávit comercial, que es lo que permite que no haya una explosión con esa emisión. Y lo tercero es que los precios relativos están relativamente ajustados. Y la situación fiscal argentina al comienzo era la más baja de la Argentina.

–Si fuese Ministro de Economía, ¿cuáles deberían ser mis primeros tres objetivos de acá a diciembre?
–Lo primero es evitar una conflictividad y un colapso social. No puede haber economía con un colapso social y en un momento donde el país tiene el 39 por ciento del empleo informal. Si esa gente pierde toda posibilidad de tener ingreso, esa gente se va a rebelar. Lo primero es eso. Lo segundo: hay que salvar a las empresas. La manera en que se está haciendo en el mundo es dando crédito con la garantía del Estado. Acá se dice ‘que los bancos salgan a prestar dinero’. El banco presta un dinero de un depositante. Si presta un dinero que no le van a devolver, está corriendo un doble riesgo. La única alternativa es como hizo Estados Unidos: 850.000 millones de dólares de garantía. Como hizo Alemania: 650.000 millones de dólares de garantía. No hay otra manera.

–¿Y lo tercero?
–Una vez hecho eso hay que evitar que esa expansión monetaria genere inflación. Y para eso es fundamental cuidar el superávit fiscal que tenemos. Una aclaración: todas las hiperinflaciones en la Argentina fueron el resultado de que el gobierno se quedó sin divisas y el tipo de cambio oficial explotó. Si hay reservas y el tipo de cambio oficial no explota, generalmente no hay hiperinflación. Obviamente semejante emisión monetaria da una vuelta por el dólar paralelo y eleva su cotización, y esa brecha genera una cantidad de factores para sacarle dólares al Banco Central. Pero la Argentina ahí tiene una fortaleza que debe cuidar. Y cuando digo cuidar no es cerrando la economía. Se habla de la Gran Depresión del 29. Y uno de los grandes errores de aquello fue que al segundo día cerraron la economía. Esta vez no están haciendo eso.

–Cuando uno mira las perspectivas locales se habla de dos autopistas: la sanitaria, donde hay consenso entre oficialismo y oposición sobre que las decisiones fueron acertadas, y la económica, donde ahí no se consultan otras fuentes que las propias. ¿Por qué cree que se le está dando tanta importancia a la pandemia económica?
–Yo creo que se le está dando importancia a la pandemia sanitaria. Está claro que nadie conoce cómo funciona este virus, y que hasta ahora la única forma de controlarlo fue poniendo en práctica el aislamiento. El caso más típico para analizar es el de Suecia y Noruega. Suecia decidió que no haya aislamiento. Noruega decidió que sí haya. En dos meses, la cantidad de muertos en Suecia es nueve veces la cantidad de muertos en Noruega. Pero al mismo tiempo, la tasa de desempleo en Noruega es del 14 por ciento y la de Suecia, del 4 por ciento. Uno quiere evitar las muertes, pero la implosión económica también genera sufrimientos y muertes. Entonces el gran desafío de la humanidad es saber cómo combinar ambas cosas. Y por suerte las grandes mentes están trabajando en esto, porque no se pueden tomar decisiones en un aspecto sin pensar en el otro. Deben ser trabajadas ambas pandemias en simultáneo.

–¿Qué dice este dólar de 110 pesos de la realidad económica?
–Desde principios de marzo, Argentina emitió 709.000 millones de pesos de base monetaria. Eso es el equivalente al 42 por ciento de la base monetaria. Ese dinero fue a parar unos 130.000 al bolsillo de la gente, y el resto está todavía en la liquidez de los bancos. Esa plata de ir primero al que se quiere ayudar vuelve al sistema en forma de depósito. Pero algunos que depositan dicen “me están pagando 16 por ciento de interés; la tasa de devaluación es el 3,4 por ciento mensual en el dólar oficial”. Como es una locura, deciden ir a comprar dólares al mercado paralelo. Pero ese dólar no tiene oferta. Entonces automáticamente sube la cotización de ese dólar. ¿Hasta dónde? No sabemos.

–¿Y eso qué efecto produce?
–Alguno en los precios, pero es falso que los precios se rigen por el precio del dólar paralelo. Hay alguna cosa que sí, pero la inmensa mayoría se rige por el dólar oficial.

–Los argentinos tenemos recuerdo de dos grandes crisis: la del 89 y la del 2001. ¿Esta a cuál de las dos se asemeja?
–En realidad le falta una más, que es la que ocurrió en 1975. Y es a esa a la que más se parece este contexto. En el 73, el gobierno entró con un déficit fiscal del 3,5 del PBI y un pequeño superávit comercial. Hizo un programa en el que básicamente aumentó salarios, congeló precios, tipo de cambios y tarifas. E hizo una enorme expansión crediticia. Como la economía estaba más cerca de pleno empleo esa expansión crediticia produjo aumento de actividad económica, deterioro del sector externo y produjo que suba la brecha en el paralelo. En ese momento hubo un evento externo, que fue la triplicación del precio del petróleo. Eso produjo una baja de los precios de las materias primas de un 35 por ciento. Y la Argentina pasó inmediatamente a tener un déficit comercial donde antes tenía superávit. Con el agregado del turismo empezó a perder reservas. El valor del paralelo se fue cuatro veces al valor del oficial, y cuando se quedaron sin reservas vino el Rodrigazo.

–¿Está bien tener la economía paralizada? Desde una perspectiva económica, ¿es una buena decisión la del Gobierno?
–Lo repito: el gran desafío de la humanidad es cómo manejar al mismo tiempo la pandemia sanitaria y la situación económica. Yo no soy un experto en estas cosas, pero uno comienza a leer muchas cosas: la cantidad de infectados en el mundo son muchísimos más que las cifras oficiales. Porque según estadísticas chinas, el 80 por ciento de los contagiados son asintomáticos o con síntomas leves. Y lo que se mide en la mayoría de los casos son aquellos pacientes que llegan a los hospitales con síntomas más severos. Se calcula que la cantidad real de infectados con síntomas es más de 10 veces la cantidad oficial. Y cuando se observa la tasa de mortandad, si se la compara con los infectados oficiales es muy alta, pero si se lo comparase con la cantidad real de infectados, es mucho más baja. Segundo lugar, la tasa de contagio debería ser por igual entre todos los segmentos por edad. Parece ser mucho más alta en los jóvenes, pero la tasa de mortandad es mucho grande en las personas de más edad.

–¿Y eso qué indica?
–Eso lo que está comenzando a indicar es que la segmentación tiene que estar basada en componentes de edad, a pesar de todas las protestas que hay en la Argentina en relación a eso. Luego viene el tema de los testeos, para saber cuántos infectados hay y, lo más importantes, son los testeos con reactivos para saber cuánta gente ya está inmunizada. Eligiendo lugares, edades, sectores, se puede ir abriendo la economía de tal manera que no se agrave la pandemia desde lo que es la salud pública, pero al mismo tiempo se aliviane la pandemia desde lo económico.

–El petróleo tocó índices negativos y pisos que no tocaba desde hace 20 años. En ese contexto, ¿qué implica todo esto en Vaca Muerta, que es la gran esperanza económica local?
–Vaca Muerta comenzó a tener problemas cuando congelaron las tarifas en agosto del año pasado. Para ser rentable, Vaca Muerta precisa tener un precio determinado y una tasa de riesgo baja. Porque en el fondo es una inversión como cualquier otra. En el momento que en Argentina subió el riesgo país, primero de 8.00 a 2.000, y luego de 2.000 a 4.000. Y al mismo tiempo congelaron las tarifas, entonces Vaca Muerta comenzó a ser menos rentable y comenzó a bajar toda la inversión. Muchas de las empresas comenzaron a tener equipos vacíos, sin operaciones, y mucha gente comenzó a irse al exterior. Ahora hay un problema totalmente distinto: la demanda mundial de petróleo, gas y energía en general cayó como 30 por ciento. Al principio del fenómeno Rusia intentó jugar a la política, aumentando la oferta para embromar a los productores no convencionales en Estados Unidos. Es tan fuerte la baja que finalmente se tuvieron que poner todos de acuerdo. Pero no alcanzó. Porque lo que dicen es que a partir de mayo van a bajar 10 millones de barriles diarios la producción y la demanda cayó cerca de 30 millones.

–¿Cómo se explica el precio negativo del barril de petróleo?
–La razón es que hoy no ha dónde almacenar ese petróleo. Entonces prefieren pagarle para que se los lleven porque el almacenamiento es costoso. Como dice un chiste, si yo tuviera una pileta impermeable ganaría muchísimo dinero comprando petróleo y almacenándolo en mi pileta. En el corto plazo, Vaca Muerta queda completamente paralizado.

–El hecho de que se anuncie que en abril bajaron los precios y la inflación, ¿es algo que nos ilusiona o debe preocuparnos de cara a lo que viene?
–Es algo que es lógico que pase en un contexto actual. Durante la gran recesión, el PBI nominal en Estados Unidos cayó un 40 por ciento. En volumen 27 por ciento y el resto baja de precio de 27. En este momento la única demanda es de alimentos y básicamente medicamentos y productos de limpieza. En todo el resto de los sectores no hay demanda porque se paralizó toda la actividad económica. Algunos dicen “emitís, va a haber inflación”. Y no es así, porque estoy emitiendo para darle a la gente para que pueda comer. No es que estamos en una época de pleno empleo para que la gente gaste de más. Acá es solo para comer. No van a comprar ropa ni van a ir a restaurantes. Y por eso hay tantas negociaciones con los gremios para evitar el colapso.

–¿Cómo están enfrentando este problema en otros países?
–En Estados Unidos, donde la gente está acostumbrada a despedir y ser despedida, caso distinto de Europa, hubo 22 millones de nuevos pedidos de desempleo, en una oferta laboral de 160 millones de personas. En Europa, que es mucho más difícil despedir, la ayuda es a las empresas. En Estados Unidos, a las personas. Pero no le dan para que vaya y tenga la vida loca. Se la dan básicamente para que puedan comer y gastar lo mínimo. Y eso es lo que produce que en el corto plazo no haya inflación. Ahora, si pensamos en el mañana. Cuando se recupere (y esa es la gran discusión de si será en V y en U), y esté toda esa masa de dinero será igual a lo que pasó en Estados Unidos en 2009. Esa masa de dinero usted la tiene que esterilizar posteriormente. Porque en ese momento si se recupera y sigue esa masa de dinero, ahí sí genera inflación.


Por Ricardo Arriazu 
(Economista)