Transformista del amor*

Parte de la historia de vida de un vecino que impuso su personalidad ante la mirada ajena y familiar. Al superar su adolescencia descubrió un ‘ambiente gay’ por fuera de Cañuelas e ‘importó’ al territorio local aspectos multiculturales con sus shows de transformismo.
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1 / 2 - Porta producido para uno de sus shows.

Sergio Gustavo Porta es parte de una numerosa familia cañuelense, tiene 57 años, es estilista, gay y transformista. Trabaja a domicilio o en su hogar, en las cercanías de la plaza Belgrano del centro de Cañuelas, y a lo largo de los años fortaleció la relación con sus clientes y clientas que lo elijen para ser un confidente, peluquero y amigo. 
Llegó al estilismo de casualidad tras visitar cotidianamente el salón de corte de pelo de su primo del que luego se independizó. Vivió en la Ciudad de Buenos Aires pero siempre volvió a su ciudad natal y desde su última vuelta ya transcurrieron alrededor de ocho años. También, desde un imprevisto comenzó a desarrollarse en el ámbito artístico del transformismo y es uno de los pocos, sino el único, en ofrecer este servicio en el distrito tanto para cumpleaños, casamientos, fiestas o cualquier evento privado de toda la región. Actualmente, por el aislamiento obligatorio trabaja poco y no puede realizar sus shows.
Desde la reclusión de su hogar dialogó con El Ciudadano para relatar fragmentos de su particular vida en una ciudad tradicionalista donde todos se conocen o ‘dicen’ conocerse.

–Marcelo Romero: ¿Cuándo descubriste tu homosexualidad?
–Gustavo Porta: Eso no se piensa, está en uno de nacimiento. No es que uno está aburrido y dice: “y bueno me hago puto”, eso no es así. Ya desde el nacimiento tus preferencias, tus gustos son diferentes al resto; hay muchos que no lo asumen o no lo quieren reconocer por la crianza que tienen o por el catolicismo que le inculcan. Entonces como yo tengo esa familia ‘ausente’ nunca se dieron cuenta de mi orientación sexual, así como yo tampoco me daba cuenta.

–MR: ¿A qué te referís con familia ausente?
–GP: Porque al ser una familia con diez hermanos mi viejo y mi vieja no tenían tiempo de darle pelota a nadie. La atención siempre era para los más chicos y los más grandes arréglate como puedas y yo soy el tercero más grande de todos. 

–MR: Pero, ¿no se llega a un momento en el que alguien hace una ‘especie’ de análisis y acepta que es homosexual?
–GP: (Risas). Llegó un momento en que me di cuenta que las mujeres no me atraían para nada en el aspecto sexual pero sí me atraían los chicos, ya desde el jardín veía que mis amiguitos me llamaban la atención. Pero nunca me animé a nada, solo me gustaban. Un día se me aparece alguien en la vida que era un poquito mayor que yo, que la tenía más clara y con él me di cuenta qué era lo que realmente me gustaba cuando tuvimos una relación. 

–MR: ¿Ya eras adolescente?
–GP: No, ya estaba saliendo de la adolescencia. Empecé tarde porque ignoraba lo que había fuera de Cañuelas, para mí el mundo era Cañuelas.

–MR: Pero en algún momento ¿le planteaste a tu familia tu orientación sexual? 
–GP: Indirectamente y de una manera muy loca, casi tragicómica. Mi viejo lo sospechaba pero no lo quería reconocer; él prefería pensar que yo era ‘moderno o loquito’. Una tarde estaba en casa con mis hermanas viendo un programa que hablaba de muchos temas y anunciaron que iban a tocar el de la homosexualidad, justo era la hora de la novela. Les digo a mis hermanas que iba a cambiar un rato para ver este programa y mis hermanas, siempre mal llevadas, me dicen “pero no ves que esos están hablando de putos”; pero “me interesa, quiero saber”, les contesto. Empezaron con las quejas que se perdían la novela, escucha mi vieja y me dice “déjalas ver la novela que la miran todas las tardes, eso es de putos ¿para qué querés ver eso?”, y ahí le dije “¡porque soy tan puto como el que está en la televisión y quiero saber!”; y así se enteraron.

–MR: ¿Y cómo fue la reacción posterior?
–GP: Las madres siempre saben y son las primeras en ver las cosas de un hijo, después mi papá no me importaba y mis hermanas menos. Igual mi viejo nunca me prohibió nada porque yo llevaba chicas y chicos a mi casa, entonces estaba desorientado. Todo gay tiene amigas mujeres y yo era amigo de una chica muy atractiva de Cañuelas que venía a casa y se quedaba a dormir, más de uno quería estar con ella. Mi viejo estaba ‘chocho’ porque pensaba: “mirá la mina que tiene mi hijo”; lo que él no sabía era que estábamos las dos poniéndonos cremas y que éramos hermanas. Ahora cuando venían varones no nos poníamos cremas, más de una vez senté a alguno en la mesa familiar y nunca dijeron nada. 

–MR: ¿En la comunidad en general perdiste amigos, familiares?
–GP: La comunidad de Cañuelas nunca me interesó, yo estaba viviendo mi mundo y descubriendo mi sexualidad. No me interesaba ni lo que opinaran ni lo que dijeran. En cuanto a mis amigos para no perder su amistad salía con chicas para disimular, tomábamos helados o íbamos al cine pero cuando me daba cuenta que la chica quería algo más le decía: “…disculpame pero si tenés un hermano está todo bien, pero con vos ni a palo”. Terminaba con las minas súper íntimo, mis amigos no lo podían creer, pero yo era una amiga más. Hasta que un día dije “hasta acá llegué”, les dije mi preferencia si te gusta bien y sino chau. Por mi forma de ser a nadie le importó ni se avergonzó. 

–MR: ¿Y que pasó?
–GP: A partir que me descubrí muchos empezaron a venir con más frecuencia a mi casa y en horas de la noche. 

–MR: ¿Cómo llegaste a ser transformista?
–GP: Estando en Cañuelas ignoraba hasta lo que era la palabra ‘gay’. Una noche conozco a un personaje que venía de Buenos Aires y se había instalado hace poco aquí. Empezamos a charlar y me preguntó si había un ambiente gay acá. Yo le dije “¿perdón, qué es el ambiente gay?”; “el ambiente de putos”, me dice. Yo me creía que era el único puto en la tierra.

–MR: ¿Entonces?
–GP: Le cuento que no sabía si había un ambiente gay porque todos mis amantes estaban ‘tapados’ ya que eran casados o estaban de novios. En el día estaban con sus señoras y de noche venían a mi casa cuando yo ya vivía solo. Entonces esta persona me cuenta de los boliches de Capital y cosas que yo me estaba perdiendo aunque acá la estaba pasando ‘bomba’. De a poco fui entrando en otro mundo.

–MR: ¿Así conociste el transformismo?
–GP: Gracias a esta persona aprendí un montón de cosas y cuando empecé a ir a Buenos Aires me empecé a relacionar con gays de todos lados. Bailar nunca me interesó tanto, pero sí sabía que había lugares donde solo hacían transformismo. Comencé a ir y me encantó lo que hacían, me pareció tan interesante sin pensar que yo lo iba a hacer.

–MR: ¿Y cómo empezaste?
–GP: En ese tiempo yo era amigo de un personaje muy conocido de Cañuelas y nos fuimos con mi pareja a vivir a una quinta con él por la calle Mitre. Era un lugar ideal para hacer fiestas y yo ya tenía gente conocida o por conocer. Siempre íbamos a Buenos Aires a bailar pero un día por temas económicos se terminó ese estilo de vida, la quinta nos consumía la ‘guita’. Como ya no teníamos plata para viajar a ver shows nos juntamos quince o veinte en casa una noche de cena, diversión y empezamos a hacer cosas con nada. Buscamos cd’s y estaba el de Isabel Pantoja –artista española– y lo hice a mi modo, cuando nos quisimos acordar la gente se enganchó y había una producción detrás. 

–MR: ¿A que llamas producción?
–GP: Ya había una peluca, zapatos, vestidos acondicionados y empezamos a hacer shows en casa con amigos, cobrando una entrada de cinco pesos con una cerveza en el intervalo, el barrio nos adoraba y los invitábamos, como todo gay adorábamos los brillos. Todos los sábados hacíamos shows.

–MR: ¿La gente iba con prejuicios de algún tipo?
–GP: Sí, la mayoría pensaba que íbamos a tener sexo adelante de todos, que íbamos a salir desnudos y cuando veía lo que hacíamos realmente nada que ver.

–MR: ¿Cómo es un show de transformismo?
–GP: Depende de lo que quieras hacer. Generalmente cuando arrancó todo esto imitaban a un personaje y al final del show se sacaban todo delante de la gente y por esto se llama transformismo, o sea se desmaquillaban y se ponían la ropa de hombre, se transformaban. Eso cansó y cada uno empezó a hacer sus versiones, algunos agarraron temas conocidos y le ponían efectos, otros dejaban los temas originales. También están los drag queen que serían hombres vestidos de mujer con un maquillaje y un vestuario súper exagerados en donde no importa lo que haga sino lo que se pone y cómo lo luce. El transformista es el que hace playback pero de una manera en que la gente se lo crea.   

–MR: ¿La idea principal es que la persona que lo hace se transforme en alguien que no es?, ¿vos cómo lo hacés y hay mujeres que se disfrazan de hombres?
–GP: Exactamente o en diferentes personajes. Yo elijo temas conocidos pero cantados por gente no conocida para que no me identifiquen con la voz o el personaje. Imagínate que hago a Valeria Lynch a la cual no me parezco ‘ni a palo’ entonces lo primero que dice la gente es que no me parezco, por eso yo puedo elegir un tema de Valeria pero cantado por otra. A eso sumale ocho cambios de vestuario y que el tema te lo actúo no lo canto. Y en realidad es más para el ambiente gay y el masculino.

–MR: Saliendo de tu faceta artística y desde el plano personal, ¿no pensaste en operarte y cambiarte de sexo?
–GP: No. Lo que más me ayudó a darme cuenta que nunca cambiaría de sexo es hacer shows porque siempre fui, o lo era, muy tímido y nunca pensé que iba a estar ante 150 personas que me estén mirando. Eso me hizo caer la ficha y me vino bien como terapia. Yo soy un hombre gay y no quiero ser mujer. Me molesta que se operen y digan “ahora soy mujer”; no sos mujer, sos un puto operado, pero cada cual hace lo que quiere. Aparte por más operaciones transgéneros… ¿quién sabe cómo siente una mujer?, nadie, o ¿cómo saber cómo siente un hombre?, no lo sabe nadie. Se nace así.   

–MR: Tuviste algunas parejas, ¿pensaste en formar una familia?, ¿adoptar?
–GP: No me interesa formar pareja con nadie; hijos y eso no me interesa porque no me gustan los chicos. Estuve en pareja diez años con alguien de Cañuelas y nunca pensamos adoptar. Creo en el amor pero no aparece y estoy abierto a encontrar a esa persona que me haga sentir ‘cositas en el estómago’.

–MR: ¿Cómo ves hoy a la comunidad de Cañuelas con respecto a la homosexualidad?
–GP: Siempre lo ví bien porque nunca me sentí rechazado por alguien de mi comunidad, será por la forma de abordar a la gente, eso tiene que ver. Porque acá hay otras personas gays que además son ‘barderos’.

–MR: En Cañuelas, ¿hay un ambiente gay? 
–GP: En 2020 hablar de ‘ambiente gay’ es antiguo y autodiscriminatorio, hay gente que sufre por no poder asumir su sexualidad. Ojalá mi experiencia sirva para que muchos que por miedo no se muestran como son, lo hagan. Las personas somos ‘heteros’, ‘homo’ o ‘bi’ y cuando es momento de elegir con quien transitar nuestra vida y de verdaderos afectos la sexualidad es algo secundario. Aquí te puedo decir que la mitad más uno es un ‘tapado’. Ni siquiera los gays asumidos se juntan. En algún momento quizá haré un libro con mis memorias.
 
*Título y conocimiento del personaje extraído del libro ‘Tocando el techo con las manos’ de Romanela Giannitti. 


Marcelo Romero
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