
Cómo se prepara Cañuelas ante las alertas por el fenómeno de "El Niño" para lo que resta del año
Leandro Barni
Mientras los informes técnicos y legislativos en la provincia de Buenos Aires encienden las alarmas por un "Súper Niño" con anomalías térmicas oceánicas comparables a las de 1983 y precipitaciones históricas como las registradas entre 2014 y 2016, en el plano territorial la clave pasa por la preparación operativa y la lectura precisa del terreno.
En Cañuelas, el monitoreo es constante, según Pablo Coronel, quien además de presidir el cuerpo activo de Bomberos Voluntarios asumió la conducción de Defensa Civil Municipal, participa activamente de las jornadas de capacitación e intercambio que impulsa la Provincia junto a la Federación de Bomberos.
"Se están haciendo muchas reuniones a nivel provincial en distintos puntos para unificar criterios. La idea es empaparnos bien en el tema para no desinformar ni pintar el fin del mundo. Hay que llevar tranquilidad a la gente: estamos preparados para dar respuesta en caso de que ocurra una contingencia", explicó Coronel.

Mitigación y puntos críticos
El análisis meteorológico para la zona descarta, por el momento, la formación de tormentas severas focalizadas, aunque sí prevé ciclos prolongados de días lluviosos alternados con periodos secos entre fines de septiembre y los primeros meses del próximo año. Bajo este esquema, la capacidad de drenaje resulta fundamental.
Históricamente, la localidad de Máximo Paz ha sido uno de los puntos con mayor vulnerabilidad hídrica en el partido. Sin embargo, las intervenciones de limpieza y las adecuaciones realizadas en la cuenca en los últimos años han mostrado resultados favorables. "Máximo Paz hace varios años que no sufre anegamientos considerables, incluso tras precipitaciones de volumen. Las obras ejecutadas permiten que el agua fluya y drene de manera continua", señaló el funcionario.
Operativa y protocolos de respuesta
Ante la posibilidad de un incremento sustancial en el acumulado de lluvias, los protocolos de actuación coordinada entre las fuerzas de seguridad, bomberos y las áreas municipales se mantienen actualizados:
• Centros de evacuación: No se fijan de forma estática para evitar sobrecargar infraestructuras de salud (como hospitales o unidades sanitarias). Se determinan sobre la marcha en función de la zona afectada (ya sea Máximo Paz, el casco urbano o zonas rurales).
• Alertas tempranas: La comunicación oficial se canaliza a través de las redes de Defensa Civil, el WhatsApp municipal y los medios de Bomberos.
• Capacitación del personal: Se refuerza la formación de los efectivos, incluyendo instrucción específica en navegación y rescate acuático (cursos de Timonel).
Con más de 1.000 intervenciones hasta esta semana en un territorio atravesado por rutas clave como la 3, 205, 6 y la autopista, el cuerpo de bomberos local sostiene su operatividad de forma autónoma, coordinando recursos logísticos con el municipio para responder tanto a las exigencias operativas habituales como a los eventuales desafíos climáticos de los próximos meses.

La Provincia y los municipios
La mala fama que adquirió, con el tiempo, el fenómeno meteorológico conocido como El Niño encontró un nuevo competidor en la agenda climática bonaerense. A la lista de eventos preocupantes se suma ahora el denominado "Súper Niño", un escenario de precipitaciones intensas que puso en guardia a la provincia de Buenos Aires y a sus 135 distritos ante el riesgo de contingencias hídricas severas.
Las proyecciones elaboradas por la Subsecretaría de Recursos Hídricos y el Ministerio de Desarrollo Agrario anticipan un 90% de probabilidades de consolidación de una fase cálida del fenómeno ENOS (El Niño-Oscilación del Sur). Según las estimaciones del ingeniero hidráulico Claudio Velazco, se registran anomalías térmicas en el Pacífico Central de entre +2,5 °C y +3 °C, un calentamiento oceánico cuyos registros más cercanos se remontan a 1983 y a los períodos críticos de 2014 a 2016.
Un mapa de riesgo y la infraestructura
El impacto no se distribuirá de forma homogénea. En zonas ribereñas como el Litoral bonaerense se prevé un doble efecto por la crecida de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay, sumado a las lluvias locales. En tanto, la cuenca del Salado y el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) —donde concentran casi 15 millones de habitantes— representan los puntos de mayor vulnerabilidad por la saturación de los suelos y la falta de obras complementarias.
Ante este escenario, el Comité de Gestión del Riesgo y Emergencias (CORE) articula tareas de limpieza en canales y ríos, reparación de compuertas y adecua obras de drenaje urbano en municipios estratégicos como Azul, Olavarría, Tigre y Zárate. Sin embargo, la preocupación escaló al ámbito legislativo: desde bloques de la oposición solicitaron informes detallados sobre el presupuesto asignado, el estado de avance de las obras hidráulicas pendientes en la Cuenca del Salado y los protocolos de evacuación vigentes.


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