El Castillo de Cañuelas, en el centro de la escena: un proyecto legislativo bonaerense busca proteger su valor histórico

Un expediente en la Cámara de Diputados bonaerense, que volvió a tener estado parlamentario en la comisión de Asuntos Culturales, impulsa declarar Bien de Interés Histórico y Arquitectónico mientras crecen las propuestas para reutilizarlo con funciones públicas y culturales.  
Interés general17/03/2026Leandro BarniLeandro Barni
castillo
El inmueble fue construido en 1932 como fábrica de alimentos deshidratados y más tarde funcionó como restaurante.

El edificio conocido como El Castillo de Cañuelas, uno de los hitos urbanos más reconocibles del ingreso a la ciudad por la Ruta 205, vuelve a ocupar un lugar en la agenda pública luego de que se registrara movimiento administrativo en un proyecto legislativo que impulsa su protección patrimonial. El expediente, presentado ante la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, propone declarar al inmueble Bien de Interés Histórico y Arquitectónico, una figura que permitiría resguardar su valor cultural y facilitar futuras intervenciones del Estado.

La iniciativa fue presentada originalmente en 2024 y busca complementar un proyecto previo de expropiación impulsado con la idea de destinar el predio a un Polo Judicial. En los últimos días de este mes el expediente volvió a tener estado parlamentario en la comisión de Asuntos Culturales, un paso que volvió a poner en discusión el destino del edificio y las alternativas para su preservación.

Conocido popularmente como “El Castillo” por su particular silueta coronada por remates que evocan una fortificación, el inmueble forma parte del paisaje urbano de Cañuelas desde hace décadas. Su origen se remonta a 1932, cuando fue construido como planta industrial destinada a la producción de alimentos deshidratados para exportación. Durante la Segunda Guerra Mundial ese tipo de productos formó parte del abastecimiento alimentario de tropas en distintos frentes, lo que dio impulso a la actividad.

Con el paso del tiempo la fábrica dejó de operar y el edificio atravesó distintos usos. En una etapa posterior funcionó allí un restaurante de modalidad parrilla y tenedor libre que popularizó el apodo con el que hoy se lo conoce. Aquella reconversión incluyó modificaciones estéticas que reforzaron la imagen de castillo, aunque la estructura original corresponde a una arquitectura industrial de gran escala.

Su tamaño y ubicación estratégica lo convirtieron en un punto de referencia para quienes ingresan a la ciudad. Sin embargo, desde hace años el inmueble permanece en un estado de abandono parcial que abrió un debate local sobre su conservación y posible reutilización.

Según especialistas en arquitectura y patrimonio que se interesaron en el predio, la estructura general del edificio presenta condiciones que permitirían su recuperación. Construido con técnicas tradicionales de hormigón armado y muros de ladrillo, el complejo conserva gran parte de su estructura resistente, aunque muestra signos de deterioro propios de la falta de mantenimiento.

El predio, de grandes dimensiones, incluye sectores cubiertos y espacios abiertos que en conjunto superan ampliamente los 10.000 metros cuadrados. Esa escala alimentó diversas ideas sobre posibles usos futuros, desde dependencias judiciales hasta proyectos educativos, culturales o comunitarios.

Castillo interior
El interior del edificio conserva amplios salones y estructuras de hormigón armado propias de su pasado industrial.


Entre las propuestas surgidas en los últimos años aparece la posibilidad de reconvertir el edificio en un espacio educativo de alcance regional. La iniciativa fue planteada en el ámbito académico por una arquitecta que desarrolló un proyecto de reutilización del inmueble con fines universitarios, inspirado en modelos de reconversión de edificios industriales en equipamientos educativos.

La idea se apoya en la falta de oferta universitaria cercana para estudiantes de Cañuelas y distritos vecinos como San Vicente, Lobos o General Las Heras. En ese contexto, el edificio aparece como una infraestructura capaz de albergar programas educativos, culturales o tecnológicos, en línea con experiencias de reconversión de antiguas plantas industriales.

Más allá de esas propuestas, el punto central del debate actual es la preservación del inmueble. El proyecto legislativo busca reconocer formalmente su valor histórico y arquitectónico, lo que permitiría protegerlo ante posibles transformaciones irreversibles y abrir el camino para intervenciones de restauración o reutilización.

Mientras tanto, el edificio sigue habitado parcialmente por algunas familias y personas que cumplen tareas informales de cuidado del predio. Esa situación convive con un creciente interés de vecinos, especialistas y actores institucionales que consideran al Castillo como parte del patrimonio urbano y social de Cañuelas.

La eventual declaración patrimonial podría convertirse en el primer paso para definir el futuro de un edificio que, entre memoria industrial, abandono y proyectos inconclusos, continúa ocupando un lugar central en la identidad local.

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