Adolescentes concientizan sobre el acoso callejero a trabajadores carboneros

Cultura 11 de julio de 2020 Por El Ciudadano cañuelense
Cansada de los gritos de los empleados cuando pasaba habló con el dueño que tomó medidas. Días más tarde se acercó con compañeras para reflexionar sobre la problemática del ‘piropo’ y la violencia de género. Una ley prohíbe esta acción.
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Carbonería de Máximo Paz.

Semanas atrás Erica Barreto, de 19 años, junto a representantes y una asistente social de la Casa de la Mujer ‘Esther de Careaga’, que es parte de la Agrupación de Frente, concurrieron a una carbonería de Máximo Paz para conversar con sus trabajadores sobre la Ley 27.501 que legisla sobre la protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres.   

Según la norma, aprobada en mayo de 2019 por el Congreso Nacional, esta prohibido la “violencia contra las mujeres en el espacio público, que es aquella ejercida contra las mujeres por una o más personas, en lugares públicos o de acceso público, como medios de transporte o centros comerciales, a través de conductas o expresiones verbales o no verbales, con connotación sexual, que afecten o dañen su dignidad, integridad, libertad, libre circulación o permanencia y generen un ambiente hostil u ofensivo”.

Todo comenzó semanas atrás cuando la joven pasaba por el frente de la carbonería, ubicada en la esquina de Av. Pereda y 25 de Mayo, con otra chica. Erica contó a este semanario, “era de día y me dirigía a un lugar con una amiga, yo iba para un lado y ella para otro. Cuando pasamos juntas nos gritaron cosas y después yo tenía que volver sola. Ya no estaba segura sobre si pasar, porque me daba incomodidad que me griten, pasé igual y me volvieron a gritar”.

“Por inercia me fijo si había un responsable en el lugar, no lo pensé mucho. Estaba el dueño y le dije si le podía decir algo a sus empleados porque le decían cosas a las mujeres cuando pasaban y en ese momento los retó”.   

Luego de este incidente la adolescente publicó en la red social Facebook lo ocurrido y para su sorpresa recibió incontables comentarios en donde otras chicas relataban la misma experiencia. “Había muchas chicas que eran acosadas y no era la única”, explicó Erica.

La joven planteó la situación en la Casa de la Mujer ‘Esther de Careaga’, de la cual es integrante, y comentó que tenía decidido realizar una denuncia en la Comisaría de la localidad ya que la acción está incluida como delito en el Código Civil. Luego de una charla con sus compañeras y la referente del espacio pensaron que en esta oportunidad lo mejor sería acercarse a la carbonería para charlar.

“A veces está como normalizado y no nos damos cuenta que podemos hacerle mal a la otra persona. Fuimos, hablamos con los chicos y el dueño comentó que uno de los que gritaba cosas ya no trabajaba más ahí. Después de charlar, explicar sobre la ley, explicar que le hace mal eso a las mujeres, uno de los que me había gritado cosas aceptó que fue él y me pidió disculpas. El dueño se responsabilizó y dijo que no iba a permitir que acosen a las mujeres en ese lugar y que iba a hablar con cada empleado que entre, así que quedó todo bien”, concluyó la vecina maximopaceña y agregó: “no pasa por el contenido de lo que digan, sino que las mujeres andamos con miedo de que nos griten cosas, que nos persigan. Por ese lugar pasaba todos los días y al volverse algo continuo ya era algo molesto. Era algo sin consentimiento, creo que nadie tiene derecho a fijarse en el cuerpo de la otra persona. Capaz que si hacíamos la denuncia directamente ellos no van a entender por qué es acoso, preferimos explicar y que se entienda”.

Luego del encuentro el dueño de la carbonería, Juan Ruiz, se predispuso para solucionar el inconveniente e incluso se ofreció a participar de futuras charlas sobre violencia de género. 

Erica volvió a su rutina diaria y enfatizó “volví a pasar y no me dijeron nada, estoy más tranquila, no tanto por mí sino por las chicas que no se animan a decir nada”.

EricaErica Barreto.


 ¿Qué es al acoso callejero?

 El acoso sexual callejero consiste en las acciones físicas o verbales con contenido sexual contra una persona que no quiere participar de esas acciones. El acoso sexual se basa en el género o en la identidad sexual de la persona que sufre el acoso.

Son acoso sexual: los comentarios sexuales, las fotografías y grabaciones hechas sin tu consentimiento, el contacto físico indebido y sin tu consentimiento, la persecución o arrinconamiento, la masturbación, mostrar partes íntimas del cuerpo, los gestos obscenos.

En la provincia de Buenos Aires se puede denunciar al 144 existen multas, sanciones de obligatoriedad de participación en talleres de género y hasta algunos días de arresto.


 Marcelo Romero - [email protected]