Dramática historia: el vecino que se quemó ‘a lo bonzo’ y por el que nadie reclama su cuerpo

Ramón Giagnoni se prendió fuego el 12 de junio, frente a la Comisaría Primera, y murió el domingo. Vivió en un templo, tras un historial de violencia familiar. Había dado señales de su decisión en el estado de WhatsApp. Sus restos están en la morgue de La Plata.

Policiales 07/07/2024 Leandro Barni
Foto Página 15 arriba
Giagnoni era técnico en refrigeración. Reparaba aires acondicionados, heladeras y otros artefactos.

La noticia fue estremecedora. El miércoles 12 de junio, a las 8.25 de la mañana, Ramón Carlos Giagnoni (51 años) se quemó ‘a lo bonzo’, en pleno centro, frente a la Comisaría Primera. El técnico en refrigeración sobrevivió 16 días y falleció el domingo. Su cuerpo continúa en la morgue de La Plata y un misterio sobrevuela alrededor de su dramática decisión.

‘Bonzo’ es la definición de monje budista. Y el término tiene que ver con la primera persona de la que hay un registro de autoignición. Sucedió durante 1963, en la desaparecida Saigón. Entonces,  Thich Quang Duc se roció con combustible y se prendió fuego en público. Lo hizo en protesta contra las persecuciones que realizaba el entonces presidente vietnamita Ngo Dihn Diem. De allí, la expresión que por estas horas sacude a Cañuelas por el trágico suceso de este vecino.   

Giagnoni, nacido en González Catán, circulaba en bicicleta por la avenida Libertad y se detuvo frente al mástil de la seccional policial. Antes de las 8.30,  se roció con nafta, tiró el bidón, se prendió fuego e ingresó a la dependencia envuelto en llamas. Los efectivos que ocupaban la guardia accionaron un extinguidor y el técnico en refrigeración volvió a la vereda. Luego, cayó en medio del asfalto, rodeado de la nube de polvo que provocó el matafuego. Ante la escena, una oficial de la Bonaerense tuvo un shock nervioso. 

Según el informe policial, Giagnoni habría mencionando a sus hijos antes de encender su cuerpo. Según pudo averiguar El Ciudadano, había sido echado de la casa de Monseñor Schell al 500. “Matate, tirate a las vías del tren o colgate de un puente”, le habrían dicho sus familiares. 

En su último estado de WhatsApp, aquel fatídico 12 de junio, escribió una reflexión con el título “Cuando muera”. El texto pareció premonitorio: “No llores, ya no podré escucharte. No me pidas disculpas, pues no te podré perdonar. No me lleves flores, pues no las podré agradecer y aunque grites allá afuera, tus lamentos no podré oír. Ama hoy, actúa hoy, porque mañana puede ser muy tarde”. Hacía un rato, había escrito otra cita bíblica, referida a la humillación.

Giagnoni terminó en el hospital de la Cuenca Alta. Tenía quemaduras en el 70 por ciento del cuerpo, las mismas que desencadenaron su muerte el 31 de junio. Desde su internación, no pudo declarar qué sucedió ante la UFI 2 de Cañuelas, a cargo del caso. 

Foto Página 15 abajoLa imagen impacta. La mañana del 12 de junio, el vecino llegó con su bicicleta y se prendió fuego ‘a lo bonzo’ en la Comisaría.

A raíz de conflictos con su ex mujer y sus dos hijos, buscó refugio en una iglesia evangélica. Se volcó de lleno a ese culto, profesado por el pastor, también llamado Ramón. Allí, tenía una pieza mínima, sin baño. A cambio, debía hacer algunas tareas en el templo y abonar una mensualidad. Estuvo alrededor de un año. 

Luego, intentó tener su propio espacio en el medio de un galpón en el que hacía las reparaciones. Adelante estaba la casa familiar. Le habían vendido sus herramientas, estaba endeudado y hasta desaparecieron los artefactos de sus clientes. 

Giagoni fue denunciado por ejercer violencia contra su familia, le aplicaron una orden de restricción de acercamiento y terminó a la intemperie en Basavilbaso y Uruguay. 

En el barrio era conocido por la reparación de heladeras, la instalación de equipos de aire y arreglos de pequeños aparatos eléctricos, pero no pudo seguir ejerciendo su oficio. Trabajó en una casa de arreglos de bobinas. Actualmente, se desempeñaba en ‘La Estrella’, una panadería de 9 de Julio e Independencia. Al negocio había llegado pidiendo comida. Como había trabajado en la reparación de algunos artefactos en ese local, le donaron prendas de vestir, algo de dinero y le ofrecieron unas changas. El día que intentó quitarse la vida estuvo temprano ayudando al dueño. Por la tarde, iba a regresar a su nuevo trabajo. 

Algunos atribuyen que la decisión de Giagnoni tuvo que ver con una vieja perturbación en la salud mental, sumada a una depresión por los conflictos con sus seres más cercanos. Le había comentado a sus allegados que de chico fue golpeado por el papá, al igual que sus hermanos y su madre. Escapaban de la casa y regresaban. A él, también lo denunciaron por golpeador. El martes, se realizó la autopsia. Al mismo tiempo, la Municipalidad  afrontó los gastos del servicio fúnebre. Pero nadie reclamó su cuerpo ni autorizó a su entierro en el cementerio La Oración. 

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