
Gobernador Udaondo: Del Chevrolet Malibu de la Guardia del Juncal sólo queda la carcasa

El paisano Ronaldo Urruti dejó un campo con un rancho y un legado. Tal como ocurrió con muchos lugares con esos fines, el paso de tiempo convirtió en lugares abandonados y depredados. Y lejos de conocer la historia de la Guardia del Juncal, lo que siempre pareció llamar la atención a muchos era un diamante en bruto para los coleccionistas de autos.
Entre la infinidad de videos que circulan con fanáticos que recorren sitios recónditos buscando cosas extrañas, se conoció el mes pasado en YouTube uno de la Guardia del Juncal titulado ‘Historia argentina abandonada’. Allí se da cuenta del destino de este lugar, donde en un momento se fijan en un auto, un Chevrolet Chevelle Malibu 1965 y se preguntan por qué su estado de depredación, y casi al mismo tiempo se lamentan de las acciones que llevan algunos robando y destruyendo. Sin dudas, se trata de la perla más perdida y llamativa de este campo.

Como pocos lugares del distrito de Cañuelas, se alberga un lugar natural y cultural, que conservaba algo del pasado de la llanura, de la época colonial y de las costumbres criollas, cerca de la localidad de Gobernador Udaondo, la llamada Guardia del Juncal.
Era la intención de ese sitio, y de su antiguo propietario Urruti, conocer una sociedad del pasado y sus transformaciones. Durante un corto tiempo logró su cometido en la década del ‘90. Luego de levantar un museo, vinieron tiempos de falta de cuidados y de recursos para ese sector en Udaondo.
El patrimonio fue amenazado porque nunca se lo cuidó pese a las normas locales y provinciales. Primero se fueron perdiendo las piezas del museo, con muebles de los primeros pobladores del lugar, herramientas y algunas armas blancas. Pero había una figura que siempre sobresalía entre las acacias, moras, talas, casuarinas, entre otras especies. Se trataba del Malibu 1965, el cual funcionaba y llevaba a Urruti de Udaondo a Cañuelas y viceversa. En las puertas le había puesto la leyenda ‘Guardia del Juncal-Cañuelas-Buenos Aires’, atravesado con la bandera argentina. Al parecer, el rodado lo había adquirido a un miembro de un cuerpo diplomático de un país americano. Lo guardaba en un precario galpón hasta que dejó de funcionar y terminó afuera del chaperío.

El exótico rodado llamaba siempre la atención de los visitantes. Varios le dijeron a Ronaldo de sacarlo y restaurarlo. Pero su dueño siempre dijo que formaba parte de la donación que había efectuado al pueblo de Cañuelas, en 1997, para convertir ese sitio en un espacio público de educación y acampe. No dejó tocarlo y disfrutar que lo maneje alguien luego de comprarlo.
Tenía ocho cilindros, una suspensión de alta resistencia y barras estabilizadoras delanteras y traseras. Era de color azul claro y con un interior de vinilo, también azul. La patente era de la Capital Federal, con el dominio 199311.
Durante todos estos años se fueron dañando y robando partes del auto. Empezaron con las partes más pequeñas y continuaron con las piezas mecánicas.


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