Buscan al asesino de Agustín Quiñones, el joven que murió en San Esteban
La Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 2 de Cañuelas mantiene su permanente rastreo en busca de Lucas Giacomini Cabral, un joven de 22 años señalado como el principal responsable del asesinato de Agustín Quiñones, un adolescente que perdió la vida durante una fiesta clandestina en las proximidades del barrio San Esteban.
El crimen, ocurrido el pasado domingo 15 de diciembre, conmocionó a la comunidad local y ha disparado una serie de investigaciones que, hasta ahora, no han logrado dar con el paradero del acusado. La fiscal Norma Pippo encabeza una serie de operativos en La Matanza, donde se realizaron cinco allanamientos en diferentes domicilios, entre ellos en Villa Luzuriaga.
Sin embargo, la búsqueda del prófugo y del arma utilizada en el ataque ha sido infructuosa. En uno de los inmuebles requisados, las autoridades hallaron el Documento Nacional de Identidad (DNI) de Giacomini Cabral, lo que sugiere que el joven se encuentra en movimiento entre escondites y que ha perdido toda identificación. En un momento se lo buscó con otro apellido: Castro.
Paralelamente, Lucas Natanael Figliomeni, propietario del arma empleada en el ataque, optó por no declarar y espera la designación de un abogado particular. No obstante, este recurso llegó a concretarse y, asistido por un defensor oficial, se confirmó su detención por diversos delitos, entre ellos 'abuso de arma, portación ilegal de arma de guerra y homicidio en calidad de partícipe necesario'. Figliomeni no solo poseía la pistola de 9 mm que utilizó su amigo durante la fiesta, sino que, antes de disparar contra Quiñones, efectúo varios tiros al aire, lo que agrava aún más su implicancia en el trágico suceso.
Desde el inicio de la investigación, más de veinte testigos prestaron su declaración, incluyendo la dueña de la quinta 'La Lorita', donde se llevó a cabo la fiesta. Lorena Cabrera, oriunda de Villa Luzuriaga, afirmó no tener relación con lo sucedido y reveló que recibió amenazas y que intentaron prender fuego a su propiedad.
Durante este proceso, se han agregado testimonios clave, incluyendo el de la madre de Quiñones y su tío, junto a cuatro testigos menores de edad, quienes aportaron información acerca de los posibles lugares donde Giacomini podría haberse ocultado. Un hermano de la víctima declarará este lunes, lo que podría arrojar más luz sobre la situación.
Los hechos que llevaron al fatal desenlace se remontan al breve, pero tenso intercambio entre Agustín y los vigiladores de la fiesta privada, que se desarrollaba sin el permiso correspondiente del Municipio. Se estima que unas cincuenta personas asistieron a este evento clandestino, pagando una entrada de 10.000 pesos para disfrutar de música y entretenimiento en un ambiente riesgoso.
Al intentar ingresar con sus amigos a la fiesta, que se llevaba a cabo en un terreno equipado con pantallas gigantes, Agustín se encontró con la negativa por parte del personal de seguridad. Tras una discusión que no parecía tener mayores consecuencias, los vigiladores le ofrecieron quedarse en la vereda sin generar disturbios. Sin embargo, la insistencia de Agustín para ser admitido en el evento desató una lluvia de disparos que terminaría con su vida de manera violenta y repentina.
Hasta el momento los peritos cuentan con tres vainas servidas de un arma 9 milímetros, con la que habrían ultimado a la víctima.
En un protesta realizada en San Esteban, familiares de Quiñones cortaron la ruta, y la madre del joven, visiblemente afectada, expresó su dolor frente a la cámara del canal de noticias Crónica: “Mi hijo solo quería cantar en la fiesta. Giacomini le disparó a quemarropa, sin darle la mínima oportunidad de defensa. No lo dejaron hacer ni diez pasos y lo mataron; no se pudo defender”, lamentó entre lágrimas.
La búsqueda de justicia y la captura de los responsables del crimen continúa, mientras la comunidad de Cañuelas clama por el esclarecimiento de este hecho violento.
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