Audiovisual con Telma Martines - Mes de la Mujer

Actualidad 18 de marzo de 2020 Por El Ciudadano cañuelense
La licenciada en Comunicación Social y docente Telma Martines trabaja en las aulas y medios, además de la militancia en el Centro Cultural Volveré donde encuentra algunos de los rasgos distintivos de la sociedad y su funcionamiento. En esta entrevista intenta desmontar estereotipos y prejuicios. 

“Para un pueblo como Cañuelas haber instalado la agenda feminista es muy importante”

–Leandro Barni: ¿Adheriste al Paro Internacional de Mujeres? 
–Telma Martines: Sí en parte, porque cuando una es también jefa de hogar y tiene que trabajar para sostener a sus hijos no paramos nunca. Así que en parte sí, en algunas actividades, pero la vida cotidiana sigue y tenemos que seguir, realmente si pudiésemos parar todas las mujeres se para el mundo literalmente. 
 
–LB: ¿Crees que todavía cuesta que el resto de la comunidad asuma que se puede hacer un paro ese día? 
–TM: Más allá de hacer un paro, que es un hecho histórico importante que en la Argentina cobró fuerza en los cuatro años, lo que falta es reconocernos como sujetos de derechos en igualdad de oportunidades, en equidad. Lo vemos cotidianamente que la desigualdad y las construcciones machistas de nuestra sociedad tienen que ver con que cada día, cada menos horas, una mujer, niña o adolescente aparezca asesinada por alguien que la trató como un objeto y que consideró que su vida no valía nada. Femicidio es el nombre de eso, entonces, se trata de tomar consciencia de todas las desigualdades de género que vivimos. Inequidades en cuanto a la cantidad de horas y tareas del hogar que realizamos las mujeres; la brecha salarial; el desempleo que afecta más a las mujeres y todo en este cotidiano en que asesinan mujeres cada día. 
 
–LB: ¿Cómo lo toman las generaciones anteriores y las nuevas con las que tenés contacto, que dicen? 
–TM: Siempre pienso que más allá de las diferencias generacionales, mi mamá fue y es una gran feminista. Quien sostenía el hogar trabajando afuera y adentro, quien se encargaba de tantas cosas y callaba tantas otras, quizás ella no se asuma como tal, pero en el rol fue y es una gran luchadora. Y desde ese lugar se hizo ejemplo, en esa fuerza, en esa pelea por igualdad. También a mi papá lo he visto asumir roles diferentes, cambiar. Pero creo que fundamentalmente es producto de las nuevas generaciones, estoy en contacto por mi hija adolescente y mis estudiantes que realmente ya están desarrollando su vida en otro contexto cultural y nos están enseñando. Por supuesto que hay diferencias entre las generaciones, pero creo que, si bien no va a ser a corto plazo, es a largo, los más jóvenes nos están marcando la pauta. 
 
–LB: ¿Qué hizo el gobierno de María Eugenia Vidal con relación a construcción de la igualdad de género? 
–TM: Muy poco, se desfinanciaron los programas de asistencia a las víctimas, hemos visto el sobre el final del año pasado un spot lamentable donde (Vidal) le iba a golpear la puerta a un supuesto agresor, digo supuesto porque nunca se supo si era una ficción. Y después se expuso a la persona que había denunciado mostrándola en una mesa, más allá de que se dijo que era algo armado, esa es una de las imágenes que nos quedó de su gestión en materia de género. Además, no se reglamentó la ley de licencia por violencia de género y, sobre todo, no debemos olvidar que el vidalismo se enmarcó en un proyecto de país neoliberal en el que se redujeron los derechos y las oportunidades. Mirando cifras y estadísticas de ese tiempo, las mujeres y los niños fueron los más perjudicados con un 50 por ciento de niñez sumida en la pobreza. Un país que deja ese legado tremendo no podemos decir que haya hecho demasiado. 
 
–LB: ¿Cuánto falta para que las mujeres sean tratadas todas por igual? 
–TM: Hace un tiempo leí una nota que hablaba de 100 años, si tuviésemos que seguir trabajando en el empoderamiento y el reconocimiento de derechos pasaría mucho tiempo. Ojalá que sea menos y ojalá que no siga costando las vidas de las mujeres. Respecto de los derechos sexuales y reproductivos, durante los 12 años anteriores al macrismo conquistamos un montón de derechos. La ley de derechos sexuales y reproductivo, la ley de educación sexual integral, el matrimonio igualitario, la identidad de género. Es decir, todo un camino donde fuimos conquistando derechos todas las personas y generando, poco a poco, un cambio cultural que no se da por una ley sino porque estos derechos se reconozcan como tales y donde nadie sea discriminado. Tenemos las leyes pero sabemos que las personas trans son víctimas constantes de la violencia no sólo física y de muchísimos asesinatos, además no consiguen trabajo. Falta mucho para que las leyes tengan su vigencia plena en la realidad. Y con respecto de los derechos sexuales y reproductivos, la educación sexual integral, hay mucho por hacer, soy una militante de la ESI, me capacité para que en las escuelas se hable del tema, he coordinado talleres, etc. Pero, aun así, hace un par de años, producto de las políticas macristas en contra de estas cuestiones, se ha generado grupos de anti derecho que, los veíamos en las escuelas, se oponían a la ESI diciendo cosas como “con mis hijos no” y que ellos les dirían qué es la educación sexual y qué no. Con una ignorancia supina sobre la ley que está basada en los Derechos Humanos, en el cuidado del cuerpo, de los vínculos y, sobre todo, en el respeto de la diversidad y de los sentimientos. 
 
–LB: Todos, todes, todxs, ¿el lenguaje inclusivo nos hace más inclusivos? 
–TM: Es muy interesante y muy amplia, los cambios que nos hacen inclusivos son las políticas de inclusión concretas, pero las palabras que usamos no son menos importantes. El lenguaje desaparece gente, ha negado a minorías, a grupos, se ha perseguido a través del lenguaje y fijate que siempre las personas negadas, excluidas o discriminadas han sido sectores que han estado en desigualdad de condiciones en cuestiones de poder. Las personas de origen africano, las personas de los pueblos originarios, basta leer a Sarmiento y a los próceres de 1880 para ver con qué palabras nefastas –reconocidas por la real academia española– se referían a esas minorías. Y las mujeres, como grupo y con todas las diferencias y heterogeneidad, también hemos sido, en esta lucha de poder, negadas de los discursos. Lo que no se pronuncia no existe, entonces, que seamos incorporadas en el discurso es muy importante. Primero se buscó la incorporación de lo femenino, las/los, pero hoy en día hablamos de la diversidad de género, cómo mencionamos, cómo incluimos la diversidad. Quizás se usa con un sentido peyorativo o no se entiende bien, no se conoce, pero la verdad es que hay otros países que utilizan determinadas palabras como genéricos, en Inglaterra they es el genérico en singular para referirse a las diversidades. En otros idiomas también se incorporan palabras, no es una locura que alguien quiere imponer, tampoco es una dictadura del idioma, lo importante es que cada uno entienda que debemos incluir, no discriminar. Las formas en que se haga no importa tanto, lo más importante es no prohibir, de eso hemos tenido mucho en Argentina con tantas dictaduras que fundamentalmente prohibieron, censuraron, persiguieron, y ¡oh casualidad! Más o menos los mismos, los negados, los desaparecidos, los excluidos en todos los peores momentos de nuestra historia.