
El polo es una disciplina milenaria y nadie, a ciencia cierta, tiene claro su origen. Pudo ser en Persia. Algunos revisionistas hablan de las tribus iraníes previas al reinado de Darío I y El Grande y la fundación del Segundo Imperio. Otros sitúan su creación en Manipur, India, donde un funcionario del gobierno británico escribió una reseña, según las bibliografías consultadas. Aquí, en Argentina, el primer partido se jugó en 1875.
Un siglo y medio después, nuestro país se transformó en la capital mundial del polo. Y Cañuelas, que está a punto de cumplir 200 años, en uno de los mayores aportantes de jugadores de elite. Adolfo Cambiaso es uno de los 8 hombres con 10 hándicap, todos argentinos. Y nació en esta tierra de oportunidades. Es el Maradona (o el Messi, para las generaciones que no vieron a Diego) del taco, más allá de que tiene sello propio.
Sin ir más lejos, es requerido desde Estados Unidos e Inglaterra aún a los 46 años. Y esta tarde se dará el gusto de enfrentar, en una nueva final del Abierto de Palermo, a sus sobrinos, Bartolomé y Camilo, hijos de Lolo, ese viejo amigo del que se distanció en el último tiempo.
La Dolfina y La Natividad, dos equipos cañuelenses, serán los protagonistas de la final del mundo. Y es un orgullo muy grande, claro. También, una usina generadora de trabajo: ya mueve $300 millones y 30 mil empleados. Señal que cabalgamos.


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