Homenaje a la memoria del vecino Víctor Brignani

Sociales 02 de marzo de 2020 Por El Ciudadano cañuelense
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1 / 2 - Víctor Brignani hacia 1970.

Miguel Angel, Eduardo Víctor, Rosa Beatriz, María Margarita y Carlos fueron los encargados de realizar el homenaje a su padre y los que contaron a El Ciudadano las acciones que don Brignani desarrolló desde su llegada a Cañuelas.                                                    
En el año 1939 Víctor Brignani, nacido en 1920, llegó al pueblo proveniente de la Ciudad de Buenos Aires con apenas 19 años y comenzó con una pujante vida comercial. Había finalizado el Servicio Militar y arribó al partido siguiendo los pasos de una hermana que ya se había establecido en Cañuelas. Primero tuvo un local en la esquina de  Libertad y Belgrano, después se mudó sobre calle San Martín, hasta que por fin recaló en un local de avenida Libertad 673, donde actualmente funciona un banco. Sus hijos recuerdan que la gente decía “voy a lo de Brignani a comprar un décimo a ver si me gano el gordo, decía un vecino. ‘Víctor, un 43/70, fósforos de cera y una caja de cartuchos del 16 con munición del 3, que voy a cazar liebres’, le pedía otro”. En La Casa Brignani el cañuelense podía encontrar artículos de bazar, de juguetería; era cigarrería, funcionaba la lotería, vendía Gillette, crema de afeitar Palmolive y pilas Eveready con nueve vidas.
En 1946 Víctor se casó con María ‘Rosita’ Pérez y tuvieron 5 hijos, “más un angelito” aclara la familia, por lo que su vida familiar fue rica y fructífera. Cada tanto promovía reuniones y encuentros para las fiestas patrias con su gran familia. Hoy don Brignani, de risa contagiosa y saludo abierto, tendría 17 nietos y 28 bisnietos.

El comerciante se implicó vivamente en la vida social, política y religiosa del Cañuelas de aquella época. La Acción Católica y la Junta Parroquial supieron de su dinámico compromiso a punto tal de desmalezar, con un grupo de padres, el fondo de la iglesia para hacer la canchita en la que los chicos jugarían sus picados a muerte. “Con otros padres también armó el Cine Teatro Argentino, para que esos mismos pibes, y también las pibas, en la misma función pero sin mezclarse, puedan ver cine del bueno. Sin el fuego de Isabel Sarli, para no perder el cielo”, recordó su familia en un cariñoso texto.
A nivel político Víctor tuvo una clara postura militando en el Partido Demócrata Cristiano. En 1955 la prensa sensacionalista de esos días –Crítica 6ª, La Razón, Democracia– tildó de terroristas a un grupo de ciudadanos de Cañuelas que supuestamente apostaba por la caída del Gobierno peronista. Dicha prensa sostenía que se habían complotado para derrocar al Gobierno, que estaban dirigidos por Víctor Brignani y que todos fueron encarcelados en una comisaría de Temperley. Los Bomberos Voluntarios también se beneficiaron de su accionar y cuando él fue presidente de la institución se levantó el primer cuartel con vestuario para el Cuerpo de Bomberos y un sala de reunión para la Junta Directiva. “Como el cuartel ya tenía sirena incorporada, solo alguna que otra vez, que coincidía con un inoportuno corte de luz, Don John tuvo que volver a encender con su Avanti una bomba para dar la alarma”, agregó su familia.
Por la década del ‘60 junto con otros comerciantes –Mendigochea, Rizzi, Zabal, Garzón, Marina– generó el Crédito Comercial Cañuelas (CCC) que tenía la finalidad de beneficiar a los clientes con el pago en cuotas. La asociación llegó a ser muy conocida localmente y se podían financiar desde la compra de una mochila, muebles y herramientas hasta dinero para el alquiler de un local. 
Fue un hombre de fiestas y celebraciones patrias por eso sin ser un amante del deporte adornó su local con motivo de los festejos del Mundial de 1978 y el destino quiso que se marche con los goles de Kempes y de Bertoni. El domingo de la final del campeonato infló a pulmón un montón de globos celestes y blancos, levantó un palco, iluminó la calle y cerró al tránsito la avenida Libertad para que todos puedan celebrar a lo grande la coronación de Argentina. Su exultante corazón no resistió y fue internado por un paro cardíaco, el 27 de junio a los 58 años culminó su partida.
“Hubo un hombre en Cañuelas que al igual que barría la vereda gestionaba una reunión de los bomberos; que disponía de su tiempo, celo y empeño tanto para organizar una kermés como para preparar la procesión del 16 de julio. Que un sábado a la tarde se iba a llevar golosinas al Cotolengo de Claypole y que juntaba abalorios antiguos en las estancias para hacer una muestra histórica con motivo del 25 de Mayo en las vitrinas de su galería. Que llevaba en su coche al cura a Udaondo para que allí la gente escuche misa y que se iba, hecho una tromba, a Canal 7 a solicitar apoyos y fondos cuando una tormenta derribó los talleres de la Escuela Industrial. No era que a este hombre le diera igual la Biblia que el calefón. Era que cuando tocaba una u otro, lo hacía con la misma pasión y dedicación”, redactó su familia.
Miguel, uno de sus hijos, rememoró “era un hombre de mucha euforia y de tomarse las cosas muy a pecho. Además, creo que es necesario poner en valor a uno de los personajes de la historia de Cañuelas. Era un propulsor de la actividad social y comunitaria, un hombre de pocas palabras que iba para adelante. Mientras unos debatían cómo hacer una fiesta, él ya la había organizado”. Mientras que Rosa, otra descendiente de Víctor, enfatizó: “lo tengo demasiado vivo y lamentablemente se fue tan joven que nos dejó muy desamparados. Yo trabajé con él codo a codo y había que seguirlo. Era el padre que me hubiera gustado seguir teniendo por muchos años”, finalizó. 

Redactado por Marcelo Romero y flia. Brignani.