Osvaldo Contreras Iriarte, cerrajero de día y escritor a tiempo completo

Sociales 30 de abril de 2021 Por El Ciudadano cañuelense
“Estoy en el fondo del negocio y no escucho a nadie cuando me siento a escribir”, dice el vecino que se autopublicó su primera novela ‘El inquilino’. Ya tiene en mente otro trabajo literario y en la computadora otras futuras obras.
Tapa libro El inquilito WEB
Un tercer libro del cañuelense con un escenario de violencia y de un pasado reciente.

Entre las máquinas y herramientas del local, hay un pequeño rincón que no está a la vista. Un hombre de barba y cabellos blancos permanece en silencio leyendo. El día no terminó y para el mundo interior no hay horarios. Osvaldo Contreras Iriarte (Cañuelas, 1952) es dueño y empleado en la cerrajería de la calle 25 de Mayo. Es también el de un trabajador de las letras, que anda con sus ropas cómodas, y siempre buscando un espacio para el escritor. Ya sea con algún grupo o de manera individual.
Después de ‘La llave de mis cuentos’ (2018), ‘Las mil y unas noches peronistas’ (2019), viene ‘El inquilino’ (2021). “Estoy con la primera dosis. Y al menos es una tranquilidad espiritual, salvo que hay gente que no estoy viendo con la frecuencia que tenía como es con los hijos, nietos y amigos. Cada vez me entero de gente más afectada”, dice este vecino, donde nadie puede prescindir de comentar la pandemia, en la redacción del semanario. “Salió esta novela por suerte. Cuando fui a la Feria del Libro en Sierra de la Ventana, conocí a un hombre de un pueblo de General Dorrego, que tiene una pequeña imprenta y me facilitó acceder a las publicaciones”, cuenta el cerrajero. ‘‘Hará unos tres años que estaba con esta novela. Y me sigue pasando que no tengo en claro el final de la obra. Hasta que me sale solo. Siempre pretendo sorprender o tender un final no previsible”, agrega el autor que fue mencionado durante una charla por el ex director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, por su cuento ‘Sopa de generales’ y editado por Granica.
Esta nueva novela la tiene en su local, pero también se encuentra en formato digital por un gesto “desinteresado” que tuvo el periodista y escritor Teodoro Boot. “Si lo quiere comprar perfecto, pero si no pueden se lo llevan gratis. Nunca me resultó esto de vender mis libros. Yo ya tengo mi oficio y con ese como. Me da placer cuando me preguntan si tengo algún ejemplar”, reconoce el cañuelense levantando los hombros.
Un aspecto que quiere comentar del libro casi artesanal, es la tapa. “Es un cuadro de Carlos Killian, ya fallecido. A medida que se avanza con la novela hay que mirar la tapa”, recomienda.
Sin querer brindar muchas definiciones de la novela por temor a revelar “una historia, que se asienta en los años setenta en la época de plomo. Unos padres son secuestrados, su hija es salvada por un cura y es dada en adopción a una familia conocida. Con los años el sacerdote y la chica terminan siendo una pareja y con varias particularidades en esa relación. El cura era a su vez un agente de los servicios. Una historia conocida y que nos guste o no, sucedió. Al día de hoy sigo cruzando gente que niega o justifica en esos años, por lo que en ocasiones ya no respondo. Y esto que se habla tanto de la grieta veo que se pone muy de moda y se ponen en posturas inmodificables”, opina Contreras Iriarte.       
Cuando se le pregunta algo más de la historia de ficción, se le escucha decir que “no tiene nada personal. Nada de lo contado me pasó, salvo algún picanazo”, dice. Y amplia ante una repregunta: “Estaba en el sindicato del Correo y me llevaron. Era joven, quería cambiar las cosas, Pero nunca estuve acuerdo con las cosas extremas, conducen a más violencia. Fue durante febrero de 1979. Durante 18 ó 20 horas me tuvieron. No tenía nada que decir, ni ocultar. Sabía de algún compañero que militaba en el ERP, pero era conocido por muchos. Luego supe que había muerto en un atentado a un mayor, en Banfield”, cuenta.
“Acá hubo desaparecidos, se robaron chicos. Y en eso alguno nos dice que no fueron 30 mil. Bueno, cuántos desaparecidos quieren. Y tal vez canalice eso con un libro”, analiza.
Es una fija que a muchos se les ocurra acudir a talleres literarios. Y cuando Osvaldo acudió en nuestra ciudad a “un lugar donde se juntaban escritores y leían, me aburría. Después notaba que no soltaban el micrófono. No estoy para eso. Prefiero seguir en mi mundo y no salir”.
“Tengo una novela terminada y otra en pleno desarrollo”, anuncia.


Leandro Barni – [email protected]