Una semana de extorsiones y daños para un conflicto que no terminó

Interés general 06 de marzo de 2021 Por El Ciudadano cañuelense
En Gobernador Udaondo, y desde hace casi 85 años, se ubica Mayol, una fábrica con cuatro generaciones en su dirección, que tuvo que frenar la producción y tirar miles de litros de leche porque un gremio tomó la planta. Roturas y amenazas. Movilizaciones a las rutas y a la empresa. Se dictó la conciliación obligatoria. Compás de espera.
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Todos los integrantes de la familia Mayol están desesperados y a varios se les caen las lágrimas de la impotencia. Desde inicios de la semana que integrantes de la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA) acampan en la entrada del complejo de la planta en Gobernador Udaondo exigiendo que un total de 14 trabajadores de la empresa de dulce de leche y quesos sean encuadrados en un convenio colectivo del gremio liderado por ATILRA.
La angustia de los Mayol se agrava con los días que pasan. Presentaron también una denuncia penal por los daños de la planta. 
Por el bloqueo, desde inicios de la semana hábil, estuvo sin operar y hay un sinfín de gestiones para volver a la normalidad.
A raíz de la situación empezaron a realizarse manifestaciones en Udaondo, movilizadas por vecinos y entidades intermedias vinculadas a la producción rural.
En Lácteos Mayol se trabaja con 10 mil a 12 mil litros de leche y emplean a 14 personas. Y todavía mantienen algunas técnicas artesanales para la fabricación de ciertos productos. En la categoría básica un operario –con antigüedad– percibe unos 75 mil pesos en mano. La mitad de los empleados pertenece a ATILRA y el resto entre el gremio de Alimentación y UATRE.
Hubo consultas de los Mayol para llegar a autoridades del Gobierno nacional y provincial, luego de encontrarse sin mucho eco con el delegado de Trabajo provincial en Lobos, Dardo Mansilla. Tampoco estaban conformes con la actuación del secretario de Producción de la comuna, Manuel Negrín. “Vino el funcionario de la Municipalidad con el mismo discurso que los del sindicato”, destacó una integrante del directorio de la firma.
Finalmente, en la tarde del jueves 4, el Ministerio de Trabajo bonaerense dictó la conciliación obligatoria. La tensión se alivianó un poco. De esta manera el personal de Mayol regresó a sus puestos de trabajo desde ayer. La medida salió luego de tres reuniones (virtuales) entre la delegación de Trabajo de Lobos y los representantes legales de Mayol, Juan Fontana y Juan Beluardo. Por dos semanas, la PYME de Udaondo y Atilra seccional General Rodríguez deben buscar una salida, al mismo tiempo no se puede llevar ninguna medida de fuerza. La delegación de Lobos deberá empezar a resolver en una mesa de diálogo con una serie de puntos que establezcan las dos partes.

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En la mañana del jueves 4 hubo una importante movilización hasta la planta de Mayol. Allí estaban acampando desde hacía tres largos días los gremialistas, donde se había dispuesto una discreta presencia policial. Por primera vez los Mayol conseguían un explícito acompañamiento hasta su punto de producción. 
Más de un centenar de personas, entre productores rurales, vecinos, asociaciones intermedias del campo y un grupo de concejales de nuestra ciudad se fueron en una caravana de autos, camionetas y hasta motos. Un rato antes, en la administración de la firma, ya había un grupo, en su mayoría mujeres para brindar su aliento a los fabricantes del afamado dulce de leche. Allí llegaron también los concejales de Juntos por el Cambio, Claudia Pelereteguy, Natalia Blasco, Carlos Alvarez y Martín Augusto.
“Estamos desconcertados. Vinieron de forma violenta, abusiva, sin querer dialogar. Con reclamos y exigencias de un convenio que es para las grandes empresas, no para una pyme familiar como ésta. De esta manera nos imponen cerrar las puertas. Nos abate las formas que están desplegando”, afirmó Paulina Mayol, cuarta generación de la firma, en la vereda de la administración. Luego dijo entre sollozos que “nos provocan un daño en una actividad con un producto perecedero. Les pedimos seguir produciendo y poder dialogar, pero sin violencia. Así nos están bajando los brazos”. 
“Quieren cosas desde un marco de ilegalidad. Nada los justifica a conducirse así”, comentó una productora de Udaondo. “Esto es un patrimonio de trabajo y de familias. Trabajando de sol a sol”, agregó la mujer con cierto fastidio.
El jueves cerca de las 10, en el cruce de Rutas 16 y 215, se realizó la concentración con más de 150 personas.  Banderas argentinas, carteles y un estandarte llevado por dos operarios: “Udadondo unido. No al cierre de Lácteos Mayol”.
La circulación de la ruta se vio un poco alterada y fue controlada por la policía. De a tandas iban pasando los rodados.
Entre los que acompañaron estuvo el concejal con mandato cumplido y ex candidato a intendente de Juntos por el Cambio, Santiago Mac Goey, quien dijo que “es una atrocidad lo que están haciendo. Los conozco a los Mayol desde niño. No es la forma de discutir cuestiones laborales. Poner la pata arriba a los que producen no es lo que corresponde, ni a esta empresa como a cualquier otra. Y mientras que el país tenga el Estado más grande que el sector productivo, esto es inviable”.

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Luis Alberto ‘Pirincho’ Mayol, desde el cruce de las rutas, quien estuvo al frente de la fábrica 45 años, declaró a este medio, con gesto tranquilo: “De una forma esto tendrá solución. Yo no tengo ningún ánimo de cerrar y somos unas de las pocas fuentes de trabajo en Udaondo, y con el mejor sueldo del pueblo”.
Mientras se sucedían los aplausos y el grito de “no al cierre”, Ignacio Bastanchuri, integrante de la Comisión de Lechería de Carbap, y habitante de Navarro, comentó que “nos convocaron el día anterior desde Brandsen y es por ello que venimos a acompañar”. Luego dijo que “esto es una presión del sindicalismo. En Navarro sucede esto mismo. Se debe defender a una fuente de trabajo y generadora de ella, además de única para la zona. El Estado provincial está ausente y esta fábrica debe seguir con su actividad. Nos preocupa a Carbap de lo mal que está la cadena láctea. Es lo que ocurre con el control de precios en góndola por la Secretaría de Comercio, como lo que hacen con esta pyme”. 
Para la Sociedad Rural de Cañuelas, en un comunicado a los medios, afirmó que “está en riesgo la continuidad de una pequeña empresa familiar que desde 1936 genera trabajo y riqueza para los argentinos. Estamos a favor del trabajo en blanco, la producción y las condiciones que faciliten las inversiones productivas. Reflexionemos sobre quiénes se benefician y perjudican con este tipo de acciones y sobre el país que queremos”. Y añadieron: “En virtud de los hechos que acontecen en la fábrica, la Sociedad Rural de Cañuelas se solidariza con la empresa, sus trabajadores, los tamberos y toda la localidad de Udaondo. Miembros del Sindicato Lechero de ATILRA de General Rodríguez, desde el 1 de marzo están bloqueando el ingreso a la fábrica exigiendo que los empleados se afilien a su sindicato”. 

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María Delia Beherens, de Abbott, opinó: “Me crié en el campo y vi el sacrificio de mis padres, que no tenía lujo, pero mucho orden. Y donde ocurra algo con el campo, allí voy a estar”, expresó la mujer, que estaba con otras portando banderas. “Vine a defender una fuente de trabajo y a los vecinos de Udaondo. La república está en peligro con este Gobierno nacional que viene por toda la producción y trae esa gente que se mete en la fábrica. Donde están ellos hay olor a podrido”, indicó Susana Sansoni, de Monte. 
Entre bombachas, camisas, cuerpos apuntados por el sol que empezaba a quemar, no se distinguían a muchos cañuelenses.
De remera y gorra, el ex campeón mundial Juan Martín ‘Latigo’ Coggi también se sumó a los autoconvocados. “Mi señora es de Udaondo, muy amigo de los Mayol, los cuales me enorgullecen. Y cuando salieron campeones mundiales del dulce de leche y yo estaba en París con el boxeo, nos juntamos y me acompañaron. Hoy ellos tienen una fuente laboral única en la zona, no pueden hacerle esto. ¿Qué están buscando esta gente?”
En algunos momentos la circulación se frenó. Y fue en una de esas veces cuando Dardo Mayol les dijo a los manifestantes, con chomba, ojos claros y llenos de lágrimas contenidas: “Estamos con un sindicato voraz como el ATILRA que quiere terminar con las pymes y que viene desde hace años. Volvieron con fuerza y con intención de dejarnos afuera. Estamos justo en un cambio generacional de la empresa. Fuimos incorporando gente al gremio de Alimentación y nunca dejamos que se sindicalicen, pero quieren que todos se vayan a ATILRA. Nos hacen mil requerimientos.  Estoy abatido y no se merece nadie esto. Pero estoy con ganas de cerrar”, dije serio y sin parpadear.
Entre los paisanos, un hombre alto, con camisa blanca y corbata oscura, tomó la palabra. Era uno de los abogados de Mayol. “Todo esto solo tiene un trasfondo económico. Durante 85 años esta empresa se manejó de manera muy correcta y de manera familiar, sin seguir a los caprichos sindicales. Mientras estamos con diálogos con todos, nadie se la juega acá y ven cómo se benefician con los votos futuros”, disparó Juan Beluardo.


En “defensa del trabajador” se dedicaron a amedrentar y cometer delitos

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Desde que empezaron las tensiones, los Mayol denunciaron que les rompieron las cámaras de seguridad de la planta, luego se quedaron sin energía y además sufrieron el daño de un generador eléctrico. También los sanitarios resultaron vandalizados. Y encontraron vertido gasoil de un tanque que provee el campo y la producción. Una radio también fue rota, del mismo modo que algunos candados. Luego les dejaron la leña que se utiliza entorpeciendo el camino de ingreso a la planta. La goma de un auto de los Mayol estacionado en el pueblo fue agujereada.
Los productores con la intención de salvar algo de la leche que se iba a perder, se pusieron a elaborar masa. A los pocos minutos de encender la caldera, se la cortaron. Se activó el generador para seguir con un poco de leche y el resto lo tuvieron que arrojar. Eran más de cinco mil litros de leche. Esa noche algunos de los Mayol dejaron la fábrica y al regresar se encontraron con los daños mencionados. A esa altura consiguieron que algunas fábricas de la zona les reciban la leche, hasta que de repente empezaron a recibir presiones.
También se registró una movilización de los sindicalistas. En la tarde del martes 2, una treintena de hombres se concentró en el frente de la administración de Mayol, ubicada en calle Bruno de Udaondo. Allí un coro masculino desplegó un sinfín de insultos. Se pusieron a lo largo de las instalaciones y se acompañaron con pedradas contra la edificación. Además hubo pintadas en el asfalto y en el cerco perimetral dejaron inscripciones tales como “ladrón”, “negreros”, “garcas”. En el interior de las oficinas había un grupo de mujeres tratando de guarescerse y llamando al 911. Se acercó un patrullero con dos agentes. Mientras que en la planta se habían instalado con carpas desde el día anterior.
En la madrugada del lunes 1 se desató el conflicto y a partir de allí tuvieron que descartarse miles de litros de leche, le siguieron protestas y movilizaciones, además de negociaciones, pero también mucha bronca, miedo, dolor e impotencia entre los dueños de la empresa familiar, con sus empleados, tan ligada a Udaondo, Cañuelas y alrededores.
En octubre, la firma Lácteos Mayol debería cumplir 85 años.


Mayol: un conflicto gremial que trascendió a la dirigencia política

Desde la oposición política y el Gobierno municipal de Cañuelas, a través de un comunicado, se refirieron a la situación de Lácteos Mayol.

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El problema suscitado en la empresa Mayol generó también repercusión entre el arco político. La primera persona que se pronunció, tras la explosión de la crisis, fue la jefa comunal Marisa Fassi quien dictó en un comunicado difundido el miércoles 3: “Somos defensores de los derechos laborales y entendemos la importancia que los sindicatos tienen en la defensa de las y los trabajadores; pero también estamos convencidos de que los métodos para conseguir los logros sindicales no deben bajo ninguna circunstancia poner en riesgo la sustentabilidad de una empresa que siempre ha sido familiar”.
“En el caso particular de Lácteos Mayol S.A., hablamos de varias generaciones de una familia representativa de nuestra comunidad, cuyo dulce de leche –continúa el comunicado– es además un símbolo de nuestro distrito ante el País e incluso el mundo”. “Hacemos votos para que el Ministerio de Trabajo pueda resolver este conflicto, velando por los derechos de trabajadoras y trabajadores, cuidando las fuentes de trabajo, pero también procurando que más allá de la discusión de fondo la empresa pueda retomar rápidamente la producción”, finaliza. 
Desde Juntos por el Cambio local, el presidente del bloque de concejales de Cañuelas, Carlos Alvarez, quien se hizo presente en la firma cañuelense con algunos de sus colegas de bancada, señaló, conocida la gestión del Ministerio de Trabajo bonaerense: “Festejo la decisión del Ministerio de Trabajo de dictar la conciliación obligatoria. La huelga era claramente ilegal. No sólo bloquearon la entrada a la fábrica, también cortaron la luz, rompieron el grupo electrógeno y destruyeron el sistema de cámaras de seguridad. No hay ley laboral que ampare ese accionar. El elogio del presidente Alberto Fernández a Moyano, definiéndolo como un dirigente ejemplar, parece haber abierto una nueva modalidad en el sindicalismo nacional, que es la de bloquear los establecimientos laborales, y así extorsionar a los empresarios para que cumplan con las demandas del sindicato. Pasó con Camioneros en Mercado Libre, y a nivel local con Extragas. Es un accionar prohibido por la ley, pero que parece no tener sanción en el país en el que vivimos. Lamento la situación que le tocó vivir a la familia Mayol, una pyme, una empresa familiar, que se vio en el dilema de cerrar definitivamente por la encrucijada en la que los puso este nuevo sindicalismo extorsionador y patotero”. 
Por la red social Twitter, la líder de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich, también en ese tono del presidente del bloque de concejales opositor, opinó que “quieren que les paguen como en La Serenísima.  Y termina ocurriendo que se quedan los trabajadores sin empleo, con un sindicato que no entiende. Para ellos es lo mismo una empresa familiar que una empresa grande. En un sindicalismo que retrasa y así se pierden fuentes de trabajo. Acompañamos a los trabajadores, las familias y al pueblo de Cañuelas, para que no cierre con sindicalistas corruptos, apretadores y extorsionadores”.


Leandro Barni – [email protected]