40 años del Saloon Old West: la verdadera y legendaria historia

Sociales 31 de octubre de 2020 Por El Ciudadano cañuelense
Al llegar su cierre definitivo, el bar-confitería ya es parte de los mitos cañuelenses. Brilló en la década de los ‘80 de la mano de la familia Caeiro con un concepto claro, esa esencia lo hizo perdurar por cuatro décadas. Sus fundadores agradecieron a quienes posibilitaron traer el Viejo Oeste a Cañuelas y el apoyo de toda la comunidad.
Caeiro 4
Frente del Saloon Old West en sus inicios.

Cuando Francisco y Mauricio Caeiro apenas habían superado la mayoría de edad decidieron junto a su padre Julio César emprender algo novedoso en Cañuelas; el 5 de noviembre de 1980 inauguraron Saloon Old West, sin saber que iniciarían un mito que trascendió los límites locales.
En aquellos años despertaron una ‘fiebre del oro’ cañuelense; no se buscaban pepitas, como en suelo estadounidense, sino entretenerse en un ambiente familiar totalmente innovador. Paradójicamente, replicar un salón del oeste norteamericano y del Far West de finales del siglo XIX significó estar a la vanguardia de la época.  

Caeiro 1
Julio César Caeiro con la estrella del Sheriff.
 
El próximo 5 de noviembre se cumplirán 40 años del western, aunque a la vez, semanas atrás se confirmó el cierre del histórico bar. En este contexto El Ciudadano logró reunir a los hermanos Caeiro para recordar el proceso de aquel sueño cumplido.
Hacía finales de los ‘70, Francisco y Mauricio debatían: ¿estudiar o trabajar?, la primera opción implicaba dejar la ciudad. Una noche su papá les preguntó “¿Qué van hacer?, quédense acá y hacemos algo”. La voz de don Julio César era un compromiso y su ejemplo, eterno trabajador en la ferretería y el corralón familiar, los volcó a quedarse e iniciar un proyecto familiar.
“El –Julio– apasionado de la alta cocina y chef, buscaba restaurantes, hoteles y hasta recorrió Mar del Plata para combinar sus actividades. Pero la idea de él fue un restorán en el centro”, rememoró Francisco. “Una noche pensábamos qué hacer y en la madrugada desde la ventana de la habitación descubrimos el lugar que era esa casa antigua donde se vendían máquinas de escribir Olivetti”, agregó Mauricio Caeiro. 
Pactar el alquiler del inmueble fue sencillo, la palabra de Julio César bastó para acordar con la propietaria; eran otros tiempos. La complejidad fue plasmar las ideas, los bosquejos y el estilo para que el local represente la verdadera mística del Lejano Oeste.

Caeiro 2
Francisco Caeiro junto a su hermano ‘Julito’.

“La idea fue hacer algo temático y moderno que quede en el tiempo, un estilo que quede para la historia”, señaló Mauricio; “y se logró”, añadió Francisco. Para este fin trabajaron gasistas, carpinteros, plomeros, electricistas, albañiles y toda la familia. Durante nueve meses estuvieron apartados del exterior y compenetrados en los detalles. La calidad de los materiales fue tan buena que el mobiliario, las cortinas, la barra, el empapelado son los mismos que se utilizaron hasta hace unos días y que duraron cuarenta años.
El camino del bar-confitería ya estaba en marcha, los adolescentes usufructuaron la falta de este tipo de propuestas en el Cañuelas de los ochenta y se metieron de lleno. 
Actualmente se ve opaco pero en su inauguración todo era brillante; el entorno que rodeaba a Old West estaba absolutamente vinculado con el Viejo Oeste. Para ambientar el lugar los vaqueros se inspiraron en ‘El bueno, el malo y el feo’, ‘Por un puñado de dólares’, ‘La diligencia’ y en muchas otras películas del género. El tablado del frente, las arañas soldadas sobre ruedas de carros, los faroles, el revestimiento en madera del interior, la larga barra, una escopeta y un pistolón Colt restaurados, las ventanas superiores que simulaban ser habitaciones, la música, la ropa de los mozos, las típicas e inolvidables puertas Far West y el insuperable cartel de entrada con la sincronización de sus luces al estilo Las Vegas. Por suerte nunca hubo un duelo. 
Lo único que faltó fue realizar una vereda de madera y colocar palenques que era parte del proyecto, pero las autoridades municipales del momento no lo permitieron.

Caeiro 3
Mauricio Caeiro.

La inauguración y diez años de gloria 
Fue un ‘boom’, las treinta mesas no daban abasto. Entre familiares, amigos, vecinos explotaron el salón. Madre, padre y Julito, el hermano más chico, todos con la formalidad de un buen traje y algún sombrero comenzaron con la actividad comercial. 
Con los años llegaron clientes de todos los rincones bonaerenses, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de otras provincias; el concepto del Lejano Oeste con una gastronomía casera había triunfado. Fue parada obligada de tres generaciones de cañuelenses con infinidad de anécdotas y quizá alguna redada. Solo faltaron John Wayne y Clint Eastwood.
Old West abría a las siete de la mañana hasta la noche, su público variaba con el correr del día y los fines de semana hacían cola para ingresar. Algunos llegaban para la previa en el bar, bailaban en Sabbat y volvían a la mañana siguiente para el desayuno. 
Entre las novedades que se encontraban en el mítico bar estaban las mesas de pool, los videojuegos como el Pac-Man o el Galaxi y hasta un mini-cine –dos TVs gigantes– en donde se veían estrenos como ‘The Wall’, de Pink Floyd, cuando comenzaban los ‘80.
Los fines de semana un músico sonaba en vivo con míticas melodías del Far West. 
Tras cinco años desde la inauguración Francisco cambió de rumbo y fue reemplazado por ‘Julito’, que junto con Mauricio condujeron el negocio hasta principios de la década del ‘90. Por tener distintas ocupaciones, deciden vender el fondo de comercio, a partir de allí Old West fue perdiendo su esencia original y familiar; los clientes añoraban las épocas doradas pero ya nunca fue lo mismo.

Caeiro 6
Publicidad en El Ciudadano del año 1980.

Despedida    
Los hermanos Caeiro agradecieron el apoyo incondicional de su madre y padre en los inicios del emprendimiento. A amigos, familiares y vecinos. Al electricista ‘Cholo’ Echadoy, los carpinteros Jorge Crespo y ‘Pichi’ Carrozzi, a su tío Juan José Caeiro y al ‘nonno’ constructor Nazzareno Barboni. 
Por otra parte prepararon las siguientes palabras: “Queremos agradecer a todos aquellos que han pasado y han dejado sus huellas en memorables momentos de una atmósfera de fantasía indescriptible… Convocamos a los amigos y clientes del memorable Old West de los ‘80 a despedirlo en sus 40 años con el recuerdo de lo que fue, en memoria y homenaje a los que ya no están entre nosotros, a esa gloria del encuentro con amigos, de la salida cómplice con esa compañera y primera novia y todos los buenos momentos que generó un ambiente familiar forjado por la educación, el trabajo, al respeto por el prójimo, la amistad y la familia como cultivaba nuestro Gran Padre Don Julio, director creador y fundador de toda esta gran aventura y toda nuestra Gran Familia. Al cual estamos eternamente agradecidos por inculcarnos esta educación y estos valores, acompañarnos en nuestro sano crecimiento. 
Agradecemos a todos nuestros clientes y amigos, por siempre en nuestros recuerdos. Gracias por honrarnos con su presencia. Mil gracias y hasta pronto, CAEIRO Hnos. Frank, Mau & Juli”.  


Lic. Marcelo Romero – [email protected]