Del obelisco al campo: la pareja que se alejó del microcentro porteño y se fue a producir gallinas "felices"

Nacho y Meli dejaron su departamento porteño para volver a la finca familiar y montar un sistema pastoril libre de jaulas; hoy venden huevos agroecológicos frescos a comercios y vecinos, conviviendo con ovejas, cabras, perros, gatos y una yegua que les golpea la puerta
 
El Ciudadano Campo13/09/2026Leandro BarniLeandro Barni
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Ignacio "Nacho" y Melina "Meli" llevaban casi una década de novios compartiendo la vorágine del microcentro porteño hasta que dieron un giro de 180°. 

El cambio de vida no suele avisar, pero a veces llega impulsado por la necesidad de recuperar el ritmo propio. Ignacio "Nacho" y Melina "Meli" compartieron cinco años de convivencia en pleno microcentro porteño, a solo dos cuadras del Obelisco, sumergidos en la vorágine incesante de la Capital. Sin embargo, el deseo de regresar a sus raíces en Cañuelas —de donde ambos son originarios— se concretó en 2023 cuando se liberó la finca de la familia de Nacho.

La transición, sin embargo, exigió templanza. Durante un año y medio, Nacho sostuvo el viaje de ida y vuelta diario hacia la Ciudad de Buenos Aires para mantener sus obligaciones laborales. Compraron un auto un lunes y, para el lunes siguiente, el baúl ya estaba cargado con las cajas de la mudanza definitiva. Ubicados en Cañuelas, a pocas cuadras de la Ruta 205 —a la altura de la tradicional parrilla Lo de Beto—, el terreno se halla en un entorno periurbano donde conviven viviendas familiares, campos ganaderos y vecinos con un enfoque orientado al desarrollo agroecológico.

Lo que comenzó como una búsqueda doméstica por consumir huevos frescos propios escaló rápidamente. El puntapié inicial fue fortuito: dos gallinas ornamentales de patas emplumadas, bautizadas Lunito y Ra, regaladas por Seba y Barbie, vecinos ingenieros agrónomos de la zona. Aquellas aves vistosas sumaban color pero no abastecían la mesa. La decisión de buscar ponedoras los llevó a Abbot con la idea de comprar diez ejemplares, pero regresaron con un remanente de 37 aves de un kilo sueltas entre cajas en un auto de cinco puertas.

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Infraestructura casera: una antigua oficina reconvertida alberga los nidos de madera y el refugio nocturno.


"Es el sistema pastoril libre de jaula, lo que comercialmente se conoce como gallinas felices. Tienen donde comer, dormir y poner sus huevos, pero con la puerta abierta todo el día hacia el pasto. A la noche, como la aspiradora robot, se guardan solas por instinto", explica Nacho.

Hoy, la finca alberga un ecosistema heterogéneo donde transitan ovejas, cabras, perros, gatos como Limón —que suele descansar entre las aves— y Harleen, una yegua con la costumbre de golpear con los cascos la puerta principal para reclamar su ración. En el centro de esta estructura convive un plantel integrado por unas 100 gallinas en postura y 130 aves en etapa de recría. La proyección de la pareja contempla alcanzar gradualmente entre 500 y 600 ejemplares, manteniendo la escala mediante la renovación propia del gallinero para profundizar la economía circular, donde la gallinaza compostada servirá de abono para la huerta y los bancales del predio.

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Las aves vistosas como otros de sus animales gozan de momentos de la vida hogareña de sus 'patrones'.

A diferencia del modelo industrial intensivo en baterías o del galpón cerrado, las aves de Campo Querido disponen de acceso libre a la pradera para pastorear, rascotear la tierra y realizar "baños de polvo". El gallinero, montado en una antigua oficina reconvertida con nidos de madera a medida, les sirve de refugio nocturno frente a predadores silvestres como zorros, comadrejas y lagartos overos.

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Las aves cuentan con un antiguo espacio administrativo reconvertido en refugio nocturno y zona de postura, equipado con nidos de madera diseñados a medida

La comercialización esquiva gran parte de la intermediación logística tradicional: el producto llega prácticamente desde el nido al consumidor. Con un valor actual de $8.500 el maple y $2.000 la media docena, los maples se clasifican de forma tal que el peso total supere siempre los dos kilos (promediando entre 60 y 65 gramos por unidad, por encima de los 40 a 50 gramos habituales en las cadenas industriales). Las entregas se coordinan mediante dos o tres recorridos semanales —frecuentemente los lunes, miércoles o viernes por la tarde— centrados en el casco urbano de Cañuelas, combinando la venta directa a vecinos con el abastecimiento a forrajerías, verdulerías y dietéticas locales.

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Por el terreno transitan ovejas, cabras, perros, gatos y Limón, un felino que suele echarse a descansar entre el plumaje de las aves tolerando algún picotazo esporádico.

Por el momento, Nacho y Meli combinan las tareas del campo con empleos en relación de dependencia y actividades independientes, con la meta de consolidar gradualmente el emprendimiento como su principal fuente de ingresos sin descuidar el bienestar animal ni las pautas agroecológicas. Quienes deseen conocer más sobre el día a día en la finca o encargar sus entregas pueden contactarlos a través de su cuenta de Instagram (@nuestrocampoquerido).

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