
Abigail Oliverio, la cronista que hizo del móvil en la calle su sello periodístico
Leandro Barni
Hay periodistas que nacen en estudios climatizados y otros que se hacen esperando horas, con frío o calor, mirando una esquina como si fuera el centro del mundo. Abigail Oliverio, de 30 años, pertenece a esta segunda estirpe. La de las cronistas que aprenden antes a escuchar que a hablar, y que saben que la noticia casi nunca avisa cuándo va a pasar.
Su recorrido no empezó en la televisión nacional sino mucho antes, entre Virrey del Pino y Cañuelas, entre escuelas públicas, colectivos largos y radios donde nadie cobraba pero todos aprendían. Parte del secundario lo cursó en el kilómetro 42 de Ruta 3 y los últimos años en la Escuela Estrada de Cañuelas. Allí, sin demasiados discursos grandilocuentes, fue tomando forma una decisión: estudiar comunicación y salir a la calle.
La Universidad Nacional de La Matanza fue el siguiente escalón. Educación pública, pasillos llenos y talleres donde la teoría se prueba rápido contra la realidad. Mientras avanzaba en la Licenciatura en Comunicación Social, entendió que el periodismo no se aprende solo leyendo, sino haciendo. Y apareció NacPop, la radio cañuelense, su primera gran escuela laboral: móviles, columnas, conducción, errores y aciertos. Todo valía porque todo enseñaba.

Después vino el Instituto de Medios de la UNLaM y el paso a la televisión universitaria. Primero producción, luego cámara. El debut como cronista no fue glamoroso: un verdurazo en San Justo. Pero ahí ocurrió algo decisivo. La radio seguía siendo amada, pero la calle frente a cámara empezó a marcar territorio. El móvil, con su caos y su urgencia, se volvió vocación.
El salto a IP Noticias llegó por un convenio universitario. Al principio, transmisiones con un celular desde algún punto del conurbano. Más tarde, un lugar estable como cronista, columnas, conducción y la presión real de no errarle a la información. Tres años de aprendizaje intenso, de ideología marcada y de oficio puro.
Cuando decidió probar otros horizontes, apareció LN+. Un casting largo, exigente, competitivo. Noticias políticas, económicas y policiales, todas en minutos, todas de coyuntura. Resolver rápido, contar claro, bancar la cámara. El 6 de enero de 2025 quedó seleccionada. Desde entonces, móviles policiales, marchas, juicios y hasta una nota al Presidente en plena manifestación. La calle, otra vez, como escenario central.

Desde comienzos de este mes, Abigail se incorporó a la programación de La Nación+ con una participación diaria en la primera franja informativa. La periodista acompaña de lunes a viernes, de 6 a 6.45, a Pablo Corso Heduan en la conducción de un segmento matutino, experiencia que anunció a través de sus redes sociales con un mensaje cargado de entusiasmo y una referencia futbolera: aseguró que permanecerá al aire "hasta que Chiquito García nos traiga la Copa del Mundo", en alusión al próximo Mundial de fútbol.
Durante mucho tiempo viajó tres horas diarias entre Tristán Suárez y Vicente López. Hoy vive en Boedo, más cerca del canal, pero con el mismo hábito de cronista: llegar antes y quedarse después. Cambió el micrófono, no el método. Sabe que la gente mira primero el cubo del canal y después decide si habla. Y aun así insiste. Con respeto, con paciencia, con garra.
La historia de Abigail Oliverio no tiene épica exagerada. Tiene educación pública, medios locales, oportunidades aprovechadas y una convicción simple: el periodismo se hace caminando. Desde Cañuelas al país, con barro en los zapatos y la cámara siempre encendida. Una historia mínima, pero de las que explican muchas cosas.


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