
Jardín de Infantes 902: medio siglo de historias, juegos y arraigo en el corazón de Cañuelas
El Ciudadano
El pasado viernes 29 de mayo no fue un día más para el barrio El Buen Pastor. Las calles que rodean al Jardín de Infantes N° 902 se vistieron de fiesta para conmemorar el cincuentenario de una institución que es, en sí misma, la historia viva de la comunidad. Alrededor de 300 invitados se dieron cita en el establecimiento para celebrar un recorrido que comenzó como un sueño vecinal y hoy se consolida como uno de los referentes educativos de nivel inicial más grandes de la región.
La ceremonia estuvo encabezada por la directora, Andrea Flores, junto a todo su equipo docente y no docente. El patio del jardín, habitualmente poblado por las risas de los más chicos, esta vez albergó un abanico de generaciones: desde funcionarios de Inspección, la Secretaría de Asuntos Docentes, el Consejo Escolar y el Concejo Deliberante, hasta exdirectivos, exdocentes y aquellos vecinos fundadores que, en 1975, pusieron la primera piedra de lo que hoy es un orgullo local.

Una historia
El origen del jardín se remonta a mediados de la década del 70, cuando un grupo de pobladores, movidos por la necesidad de brindarle un espacio educativo a sus hijos, inició las gestiones comunitarias. La creación oficial se concretó el 25 de mayo de 1976, funcionando inicialmente como un modesto anexo de la Escuela Primaria N° 15.

A fuerza de pulmón y compromiso familiar, la institución no tardó en independizarse. El crecimiento sostenido tuvo su hito dorado el jueves 21 de mayo de 1987, cuando se inauguró el edificio propio con la presencia de la entonces vicegobernadora bonaerense, Elba Roulet, y el director General de Escuelas, Luis Miralles. Más tarde, en 2008, la apertura de la sala maternal amplió el derecho a la educación desde la primera infancia, sellando el perfil inclusivo que lo caracteriza en la actualidad.

Emoción, reencuentros y música
La jornada del viernes estuvo marcada por los abrazos cargados de recuerdos y las anécdotas compartidas entre exalumnos y maestros de distintas épocas. Para la ocasión, las familias pudieron recorrer diversos espacios didácticos diseñados para homenajear la identidad pedagógica de la institución, basados en el juego, el arte y el cuidado.

Uno de los puntos altos de la tarde fue el museo histórico, un sector que exhibió fotografías en sepia, documentos fundacionales, guardapolvos de época y objetos que permitieron a los asistentes viajar en el tiempo.
La música aportó la cuota de mayor sensibilidad. Primero, con la presentación de una invitada especial —graduada de la institución— que regresó a sus viejas aulas para interpretar una conmovedora pieza en violín. Luego, el protagonismo absoluto lo tuvo la promoción de egresados 2026, quienes entonaron con orgullo y fuerza el Himno del Jardín, un broche de oro que demostró que el sentido de pertenencia sigue intacto a 50 años de aquel puntapié inicial.


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