
Los 102 años de Kela: la portera histórica de la Escuela Estrada que mantiene la mente intacta y disfruta de su familia
Leandro Barni
Hay vidas que se miden en almanaques y otras que se miden en las huellas que dejan en su comunidad. Raquel Peredo, conocida por todos en Cañuelas como "Kela", pertenece indiscutiblemente al segundo grupo. El pasado 5 de junio sopló nada menos que 102 velitas, y lo hizo con la misma lucidez y picardía con la que durante décadas recorrió los pasillos de la Escuela Estrada como una de sus porteras más queridas.
Nació en el año 1924. Aunque sus padres, María Grisetti y Pedro Peredo, eran cañuelenses de pura cepa, un contratiempo en el embarazo hizo que Kela naciera en Buenos Aires, en lo que recuerdan en la familia como las inmediaciones de una pista de radio. Sin embargo, el regreso al pago fue inmediato. Cañuelas fue, es y será su lugar en el mundo. Durante años vivió a apenas una cuadra del cuartel de Bomberos Voluntarios, y hoy, ya centenaria, sigue disfrutando del pulso del centro de la ciudad desde una luminosa casa sobre la calle Rivadavia.
Su rutina actual desafía cualquier estadística biológica. "Se levanta, desayunamos juntas y se sienta en la sala que da a la calle. Le encanta mirar para afuera, escuchar la radio, leer el diario y hacer crucigramas y sopa de letras. Tiene la cabeza mejor que yo", comenta entre risas su sobrina mayor Carmen Peredo, encargada de cuidarla y consentirla en el día a día. Kela no se priva de nada: come de todo —el choclo debe ser lo único que no le agrada—, toma menos remedios que sus propios familiares y mantiene un sutil y agudo sentido del humor.
"Algunos me dicen Kela, pero soy Raquel. Trabajé en la escuela Estrada de portera, así que me conocen muchos hijos a mí. Fui muy amiga de quien fue el director en la época, Héctor Durante", evoca la propia Raquel con voz firme, demostrando una memoria envidiable.

Esa memoria es un archivo viviente de la historia local. Por sus ojos pasaron generaciones de cañuelenses. Se acuerda perfectamente de cuando Gustavo Arrieta (reconocido vecino y político) iba a la escuela, quien décadas más tarde se convertiría en intendente del partido. Su trayectoria laboral también incluye sus años dorados como costurera, profesión con la que confeccionaba prendas para la recordada tienda José Omar de la Capital Federal.
Una mesa y el "secreto" de la longevidad
Si bien a los 100 años el festejo la encontró compartiendo un almuerzo en la tradicional parrilla Gregorio, y a los 101 con otra reunión familiar, los 102 llegaron con un formato más íntimo pero igual de caluroso. El mismo viernes 5 de junio la casa se llenó de tazas de chocolatada, sándwiches, mates y globos. Al día siguiente, la visita de su único primo hermano vivo, que viajó desde Buenos Aires, y de otros sobrinos que se acercaron con masitas finas, terminaron de coronar un cumpleaños escalonado, al ritmo de las obligaciones de una familia numerosa.

Es que Kela no tuvo hijos, pero el afecto le sobra. "Dicen que al que Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos", bromea la familia. Son cuatro sobrinas directas y una enorme descendencia de sobrinos nietos y bisnietos que la visitan constantemente. Cuando se les pregunta cuál es la fórmula para llegar a los 103 años con semejante salud y alegría, en el living de la calle Rivadavia se repite una humorada que ya es marca registrada de la casa: "El secreto es que llegó sin marido. Es soltera".
Hincha fanática de River Plate —herencia familiar que defiende con orgullo—, Kela ya se prepara para seguir de cerca la actualidad y los próximos eventos deportivos por televisión. Aunque la movilidad reducida la obliga a caminar despacio y con asistencia para evitar caídas, su mente viaja a la velocidad de siempre. Interesada por el espacio, los viajes y la geografía del sur del país, y hasta el nuevo Mundial de Fútbol, Raquel "Kela" Peredo sigue demostrando que los años son solo un número cuando se tiene el corazón rodeado de afecto y la mirada puesta en la ventana de la vida.


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