
Guerra de Malvinas: la mirada particular de un fotógrafo vecino de Cañuelas
Leandro Barni
Hay algo en las historias locales que no termina de explicarse del todo. Un vecino —alguien que uno podría cruzarse en la fila de un super chino o en una cancha de polo— decide, de pronto, mirar hacia un lugar que parece lejano, incluso abstracto, pero que en Argentina siempre está ahí, como un eco persistente: Malvinas.
A Christian Grosso le pasó algo de ese orden. Nació en Lomas de Zamora, se crió en Cañuelas, trabaja sobre todo como fotógrafo deportivo, vinculado al polo. Nada, en principio, lo conectaba de manera directa con la guerra. Y sin embargo, la idea apareció temprano, casi como una intuición sin argumento. “No sé por qué, se me metió en la cabeza que quería ir”, dice. No hay una épica en esa frase, sino algo más difícil de precisar: una necesidad.

Esa insistencia —que primero fue deseo y después se volvió proyecto— tuvo idas y vueltas. Durante años, el viaje quedó en suspenso, atrapado entre tensiones diplomáticas y el costo económico. Hasta que en noviembre de 2023 se alinearon ciertas condiciones: algún ahorro, la posibilidad concreta de viajar y, sobre todo, la decisión de hacerlo. No es un destino sencillo. Malvinas no se visita como cualquier otro lugar. Hay una logística rígida, un vuelo semanal desde Río Gallegos, una ventana acotada. Ir implica aceptar esa limitación.
Grosso no viajó solo. Se sumó a una expedición organizada por fotógrafos, guiada por Diego Arranz, un conocedor recurrente de las islas. Ese detalle no es menor: el viaje no fue turístico en el sentido clásico, sino una experiencia estructurada alrededor de la mirada. La guerra, por supuesto, pero también el paisaje, la fauna, el clima.

Y el clima aparece como una revelación. No tanto por lo extremo —que lo es— sino por su capacidad de condensar lo que fue la guerra. “En un mismo día pasamos por niebla, llovizna, lluvia, agua-nieve, nieve y sol”, recuerda. La frase podría leerse como una descripción meteorológica, pero en realidad funciona como una forma de entender lo que atravesaron los soldados. Estar ahí, pisar ese suelo, convierte el relato histórico en una experiencia física.
De ese viaje salió un archivo desbordado: miles de imágenes, acumuladas casi como una compulsión. Después vino el intento de ordenar. Así nació Crónica Fotográfica: El Alma de Malvinas, primero como un libro extenso, luego en una versión más acotada. Hoy circula de manera digital en Calaméo, con un alcance modesto pero persistente. No hay masividad, pero sí circulación: escuelas que lo contactan, muestras colectivas, proyecciones.

En ese recorrido aparece otra dimensión, menos visible: la del fotógrafo como mediador. Grosso no fue a Malvinas con una tesis previa. Más bien al revés: fue a buscar algo que no sabía definir. Y en ese gesto —que podría parecer individual— hay también una forma de lo colectivo. Porque su trabajo vuelve a Cañuelas, se muestra acá, dialoga con estudiantes, se inserta en una escala donde la historia nacional se vuelve conversación cercana.
Tal vez ahí esté la clave. No en la espectacularidad del viaje ni en la excepcionalidad del destino, sino en esa traducción: cómo un territorio lejano se vuelve materia local cuando alguien decide mirarlo desde su propio lugar.
Homenaje y aniversario
El 2 de abril de 2006 quedó inaugurado en Cañuelas el monumento en homenaje a los soldados de Malvinas, una obra impulsada como reconocimiento colectivo del pueblo a los excombatientes.
El memorial, emplazado en la plaza Belgrano, en la esquina de Lara y Florida, consiste en una estructura de piedra de 3 por 2,40 metros, diseñada por el arquitecto local Leonardo Ezquerra a partir de una iniciativa del entonces secretario de Gobierno municipal, Guillermo Pérez. Sobre un fondo azul se destaca el contorno de las Islas Malvinas, recortado en una placa de aluminio, mientras que en la parte superior se ubica una placa de madera con la inscripción: “El pueblo de Cañuelas a los soldados de Malvinas”.
La concreción del proyecto fue posible gracias al aporte conjunto de empresas de la comunidad, la provisión de ladrillos por parte del municipio y diversas colaboraciones particulares, entre ellas la donación de pintura realizada por un efectivo policial. La obra se constituyó así en un símbolo del compromiso local con la memoria y el reconocimiento a quienes participaron del conflicto del Atlántico Sur.
En ese marco, este viernes 10, a las 10, se realizará un acto y homenaje en el lugar, con la presencia de veteranos de guerra locales, autoridades e invitados especiales.


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