Un cañuelense en la antesala del regreso a la Luna: estuvo en el móvil de una señal de cable

Desde Cabo Cañaveral, el ingeniero Pablo De León siguió en vivo con la señal de noticias TN el lanzamiento de Artemis II y explicó por qué la misión marca un punto de inflexión en la exploración espacial
Interés general03/04/2026El CiudadanoEl Ciudadano
nelson y pablo
Nelson Castro junto al ingeniero Pablo León en el Centro Espacial Kennedy, durante la cobertura especial del lanzamiento de Artemis II

 En la base desde donde despegaron los sueños más ambiciosos del siglo XX, un argentino volvió a ser testigo privilegiado de la historia. El ingeniero Pablo De León, oriundo de Cañuelas y con 35 años de trayectoria en la NASA, participó de la cobertura especial del canal TN en el lanzamiento de la misión Artemis II, que busca llevar nuevamente seres humanos a las cercanías de la Luna por primera vez desde Apollo 17.

La escena combinó precisión técnica y emoción contenida. Desde el Centro Espacial Kennedy, León siguió cada instancia del operativo y explicó, en tiempo real, los detalles de una misión que la agencia norteamericana considera clave para el futuro de la exploración espacial. “Es la primera vez en más de 50 años que seres humanos están yendo más allá de la órbita baja terrestre hacia las cercanías de la Luna. Esto es el comienzo del regreso al satélite natural”, señaló.

El especialista, que dedicó gran parte de su carrera al desarrollo de trajes espaciales, describió el lanzamiento como el prólogo de un programa mucho más ambicioso. “La NASA ha planificado no solo circunnavegar la Luna, que es el objetivo de Artemis II, sino avanzar hacia un alunizaje en misiones posteriores. Todo esto apunta, en el largo plazo, a establecer una base permanente en la superficie lunar”, explicó.

De León apeló a una comparación histórica para dimensionar el proyecto: “Es similar a lo que ocurrió con las bases antárticas a comienzos del siglo XX. Primero fueron instalaciones precarias, y con el tiempo se transformaron en asentamientos permanentes. Ahora estamos ante la posibilidad de hacer eso, pero fuera de nuestro planeta”.

La transmisión minuto a minuto permitió observar los momentos más críticos de la operación. Desde la llegada de los astronautas al complejo de lanzamiento hasta su ingreso a la cápsula, cada paso estuvo marcado por estrictos protocolos. “Cuando llegan al PAD, ascienden con el equipo técnico, se conectan todos los sistemas del traje y se verifican comunicaciones y parámetros biomédicos. Una vez cerrada la escotilla, comienza la verdadera cuenta regresiva”, detalló.

Según explicó, uno de los puntos de mayor tensión se produce cuando el brazo de la torre se retira y los astronautas quedan completamente aislados. “A partir de ese momento están solos durante aproximadamente dos horas y media. Es un período clave, donde todo depende de que los sistemas funcionen a la perfección”, indicó.

La meteorología, como en toda misión espacial, se mantuvo como una variable decisiva. “Hay un 80% de probabilidades de lanzamiento. Parece alto, pero en este tipo de operaciones siempre hay incertidumbre”, advirtió De León, quien recordó su experiencia en más de veinte lanzamientos del programa de transbordadores: “Prácticamente nunca salían a tiempo; las demoras eran normales”.

El interés global por la misión también quedó reflejado en la cobertura mediática. “Hay muchísimos medios internacionales. Dentro del centro espacial, el único medio argentino presente es TN”, destacó, en referencia al equipo encabezado por Castro.

Artemis II representa además un salto tecnológico significativo. A diferencia del programa Apolo, que avanzó de manera progresiva, esta misión implica enviar astronautas directamente a una órbita lunar en un sistema completamente nuevo. “Es la primera vez que seres humanos van a viajar en este cohete. Es una prueba integral de todos los sistemas”, subrayó.

Ese carácter experimental introduce, inevitablemente, un componente de riesgo. “Todos estos sistemas son nuevos, pero se han realizado pruebas exhaustivas. Confiamos en que todo funcione correctamente”, afirmó.

Uno de los aspectos en los que León aportó mayor precisión fue en la evolución de los trajes espaciales, un campo en el que trabajó durante décadas. Explicó que los utilizados en Artemis II están diseñados específicamente para el despegue y la reentrada, y no para actividades en la superficie lunar. “Pesan alrededor de 25 kilos, pero cumplen una función crítica de protección. No están hechos para la comodidad, sino para la seguridad”, señaló.

En contraste, los futuros trajes lunares deberán adaptarse a misiones más prolongadas. “Estamos hablando de equipamiento que deberá soportar mucho más tiempo en la superficie, con nuevas tecnologías y materiales que permitan mayor durabilidad y seguridad”, agregó.

Mientras el reloj avanzaba hacia la hora prevista del despegue —alrededor de las 19.30, hora argentina—, la expectativa crecía tanto en la base como en millones de pantallas alrededor del mundo. De León, testigo de décadas de evolución en la industria espacial, resumió el momento con una mezcla de prudencia y entusiasmo: “Es una misión fundamental. Si todo sale bien, abre la puerta a una nueva era de exploración humana”.

Desde Cañuelas hasta Cabo Cañaveral, su trayectoria refleja el recorrido silencioso de muchos científicos argentinos en los grandes proyectos globales. 

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