
Furor en las redes sociales por Matías Julio: un pescador que convirtió el silencio en comunidad
Leandro Barni
Matías Julio, creador de MJPesca, reúne a más de 160 mil seguidores con una propuesta que va más allá del pique.
Matías Julio no habla de récords ni de trofeos. Tampoco de técnicas sofisticadas ni de anzuelos importados. Habla del silencio —y de lo peligroso que puede ser—, del asadito que se planea antes de salir, de las galletitas para la merienda y del salamisito que aparece cuando baja el sol. Habla de amigos, de risas, de tiempo. Y desde ahí, desde ese lugar casi doméstico de la pesca, armó una comunidad de más de cien mil personas en Instagram y otras sesenta mil en Facebook.
Hoy, a los 30 años, Matías convirtió esa manera de entender la pesca en su principal actividad económica. Lo que empezó como un pasatiempo terminó siendo su medio de vida: a través de las redes sociales genera contenido, promociona salidas, vende artículos y sostiene una comunidad que crece video a video. Instagram y Facebook, con Tik Tok, además de algunas ferias, no son solo vitrinas: son su trabajo diario, el lugar desde donde organiza su agenda y financia cada nueva jornada al borde del agua.
Su página se llama MJPesca. Al nombre real le agregó una consigna que funciona como manifiesto: la pesca no se humaniza. La pesca no es una competencia sino un encuentro. Con el agua, con el entorno y, sobre todo, con uno mismo. “Estás en el medio de la laguna o del río y te encontrás con vos mismo”, repite, como si esa escena fuera una verdad elemental.
Hay pescadores que van al silencio absoluto, que miran el viento, el color de la bollita y la dirección del sol. Son los deportivos. Matías pertenece a otra especie: el pescador de variada. El que llega con una caña, un reel y mucha comida. El que piensa más en qué llevar para el almuerzo que en el tamaño del pique. El que entiende que la jornada empieza mucho antes del primer lanzamiento.

Para el pescador de variada, la jornada empieza con la comida: asado, facturas, mates y risas forman parte del equipo básico.
Esa diferencia marca todo su contenido. En sus videos —que también sube a YouTube— se pesca, claro, pero también se charla, se hacen chistes, se comenta la jugada del día anterior y se comparte el mate. Hay dorados al golpe debajo de los pilotes de un puente, jornadas embarcado en el Paraná Guazú con el sol pegando fuerte en la cara, incursiones en el mar que resultan incómodas por la cantidad de gente alrededor. Pero siempre hay algo más: el clima humano.
Matías evita los lugares concurridos. Prefiere meterse con la moto por la costa del río y buscar espacios donde no haya nadie. Lugares donde todavía es posible armar una ronda sin apuro. Cuando se anima a la pesca embarcada lo hace con respeto: el río impone otras reglas, no es una laguna, y cualquier descuido se paga caro. Aun así, se anima. Dice que este año decidió probar cosas nuevas.
Su mirada también baja a tierra cuando habla de los accesos a la pesca. En Cañuelas, explica, hay muchos rincones que parecen públicos pero no lo son. Campos privados donde algunos entran igual y terminan arruinando todo: una vaca muerta, basura, desorden. El resultado es siempre el mismo: se cierran los ingresos y el pescador queda marcado como parte del problema.

Entre ríos, lagunas y salidas al mar, busca siempre lugares sin gente, para conservar la intimidad.
Pasa algo parecido con las lagunas. La de Montes, por ejemplo, suele llenarse de cañas con lombriz. Demasiadas. El pescado se satura, deja de comer. Matías insiste con otras carnadas —mojarra, filet de carpa, harinado—, pero sabe que el boca en boca funciona lento. La pesca también es aprendizaje.
No tiene local a la calle. Vende artículos los sábados, frente al Parque de la Salud, desde una mesa que ya es punto de encuentro. Ahí llegan seguidores, curiosos y pescadores de todo tipo. Algunos se reconocen en su forma de vivir la pesca. Otros no tanto. Está bien: no todos buscan lo mismo.
Para Matías, la vedette no es el pez. Es el momento. La caña apoyada, el mate que gira, el comentario al pasar. Si pica, mejor. Y si no, se come igual.


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