El archivo redescubierto de un fotógrafo que retrató Cañuelas para las principales revistas del país
Hay archivos que guardan documentos. Otros conservan una vida.
El de Leandro Montini es una mezcla de ambos. En una caja aparecen viejos negativos; en otra, copias impresas de revistas que ya no existen. Más allá, discos rígidos que todavía funcionan y otros que murieron para siempre, llevándose miles de fotografías. Mientras intenta ordenar tres décadas de trabajo, una sorpresa empieza a repetirse: Cañuelas aparece una y otra vez.
Está en los jardines de Estancia Villa María convertidos en escenario de alta costura. En las calles de Uribelarrea, donde una producción para la revista Luz encontró la escenografía perfecta. En la estación de servicio de Acapulco, en viejos comercios del pueblo, en una tranquera perdida entre los campos o en la chacra familiar de Los Campitos, donde un caballo criado desde potrillo se colaba, sin permiso, en cada sesión de fotos.
"Con el archivo tengo una relación melancólica. Las fotografías siempre te devuelven quién eras en ese momento. Ves a la gente, ves los lugares y también ves cómo cambiaste vos."
A los 50 años, Montini vive desde hace seis en Los Campitos, aunque la historia con Cañuelas empezó mucho antes. Sus padres compraron allí una casa de fin de semana cuando la zona apenas tenía algunas construcciones dispersas.
"No había luz, no había nada. Mi viejo compró tres hectáreas, puso caballos, gallinas y una casita prefabricada. Los únicos a los que nos gustaba venir éramos él y yo."
Mientras muchos veían aislamiento, él encontraba paisaje.
Los fines de semana terminaban casi siempre en Uribelarrea.
"Ibamos a tomar mate y a comprar quesos en Don Bosco. Cuando uno hace eso desde chico, el paisaje termina formando parte de uno."
Años después, cuando la fotografía dejó de ser un hobby para convertirse en profesión, ese recuerdo volvió a aparecer.
"Cada vez que podía elegir una locación, trataba de venir a Cañuelas porque la sentía mía."
No buscaba cualquier escenario.
"Lo que me interesaba eran esos lugares que quedaron resguardados del paso del tiempo. En Uribelarrea y en las estancias históricas encontrás una arquitectura de principios del siglo pasado que funciona perfecto con la alta costura y la moda de diseñador."
Su historia profesional también empezó casi por accidente.
Mucho antes de las grandes producciones, había un chico fascinado por las cámaras de su madre, fotógrafa amateur. A los ocho años ya hacía sus primeras imágenes y más tarde estudió en el Foto Club Buenos Aires, una escuela por la que pasaron varias generaciones de fotógrafos argentinos.
En 1998 consiguió una pasantía en la revista Gente. Hacía guardias periodísticas y asistía a fotógrafos experimentados. Apenas llevaba unos meses cuando le tocó una cobertura que todavía hoy recuerda con una mezcla de vergüenza y gratitud.
Tras la muerte de Daniel Tinayre hijo, las revistas montaban guardias permanentes frente a la casa de Mirtha Legrand. Durante meses nadie conseguía una fotografía.
Aquella madrugada le tocó el turno de medianoche.
"Cuando llegué, Mirtha apareció de golpe. Vio todos los autos de los fotógrafos y salió corriendo. Todos fueron hacia los autos. Yo me quedé parado un segundo y terminé corriendo por la vereda atrás del coche."
La imagen fue, según él mismo admite, "espantosa".
Fuera de foco. Con el flash rebotado sobre el parabrisas.
Pero era la única.
Como todavía trabajaba con negativos —mientras la mayoría utilizaba diapositivas— el laboratorio pudo identificar rápidamente de quién era el rollo.
"El jefe preguntó quién había usado negativo. Levanté la mano. Me dijo: 'Hiciste la tapa'."
Fue su primera fotografía publicada.
Y la que le abrió definitivamente las puertas de una de las redacciones más importantes del país.
Durante la década siguiente integró el staff de Gente y colaboró con publicaciones como Rolling Stone, Hola, Caras, Luz, Gatopardo, El Planeta Urbano, Viva y Clarín, además de desempeñarse como jefe de fotografía en el lanzamiento de la edición mexicana de Gente, un proyecto que lo llevó a vivir un año en México DF.
"Era otro mercado. Había presupuesto para todo. Después volvimos y el proyecto terminó porque la editorial se vendió. Ahí empezó a cambiar todo."
Los cambios llegaron rápido.
Primero Internet.
Después las redes sociales.
Finalmente la pandemia.
Las revistas dejaron de imprimirse, las editoriales comenzaron a cerrar y un oficio entero empezó a desaparecer.
"Yo soy fotógrafo editorial. Ese trabajo prácticamente no existe más."
Hoy mantiene su estudio en Buenos Aires, al que viaja un par de veces por semana, continúa realizando producciones de moda cuando aparecen proyectos y complementa su actividad con pequeños emprendimientos inmobiliarios.
"El estudio lo sigo manteniendo porque es lo que más me gusta. Económicamente me acomodé por otro lado, pero profesionalmente el mercado cambió por completo."
Entre todas las producciones que realizó, las que más recuerda están ligadas a Cañuelas.
En 2010 fotografió una campaña para Roberto Giordano en Estancia Villa María. Un año después produjo una editorial para la revista Luz en Uribelarrea. Más tarde llegaron campañas para la marca Sathya, producciones para la revista Hombre y numerosos trabajos realizados desde su propia chacra.
Hay uno, sin embargo, que todavía lo emociona.
"Tenía un caballo que nació en el campo. Se crió guacho y era como un perro. Cada vez que hacíamos una producción seguía a las modelos por todos lados, como si quisiera aparecer en las fotos. Murió hace dos años y cada vez que vuelvo a esas imágenes es como volver a verlo."
Mientras habla, aparecen otras historias.
Las clases de fotografía que durante años dio en el Centro Cultural 'Volveré' y en la Sociedad Italiana de Cañuelas.
Las exposiciones que realizó en el Centro Cultural Borges y en el Centro Cultural Kirchner.
Los proyectos autogestionados que le permitieron seguir fotografiando cuando el mercado editorial ya no ofrecía las oportunidades de otros tiempos.
Todo parece desembocar en una misma idea.
Hace algunos años desarrolló una muestra llamada Inspiración Buenos Aires, donde retrató moda en escenarios emblemáticos de la ciudad.
Ahora quiere hacer algo parecido con Cañuelas.
"Me gustaría construir un proyecto sobre la identidad más clásica del distrito. Esa Cañuelas rural que todavía existe y que lentamente se va perdiendo."
Desde su mirada, hubo dos momentos que cambiaron definitivamente al partido.
"La autopista fue uno. La pandemia fue otro. Llegó muchísima gente y la ciudad creció muchísimo. Pero todavía quedan lugares que conservan la esencia. Las estancias, Uribelarrea, algunos rincones rurales. Creo que hoy vale la pena fotografiar justamente eso antes de que desaparezca."
Tal vez ese sea el verdadero sentido de este archivo que apareció mientras ordenaba cajas.
No se trata solamente de campañas de moda ni de páginas publicadas en revistas que ya dejaron de imprimirse.
En cada fotografía hay una parte de la historia reciente de Cañuelas. Una ciudad que durante años fue escenario de editoriales nacionales sin que muchos de sus vecinos llegaran siquiera a enterarse.
Montini volvió a encontrar esas imágenes casi por casualidad.
Ahora quiere devolverlas al lugar donde nacieron.
Porque aprendió que las fotografías no detienen el tiempo.
Apenas consiguen que la memoria tenga un lugar donde volver.