
De Los Aromos a las pasarelas de Manhattan: la historia de María Eva Cuevas y su mensaje de superación
Leandro Barni
Hay un instante exacto en que los recuerdos de la infancia dejan de ser un territorio apacible para convertirse en una sucesión de salas de espera, olor penetrante a antiséptico y el roce helado de una camilla. Para María Eva Cuevas, a quien en Cañuelas todos conocen cariñosamente como Marchu, esa rutina médica no fue un episodio aislado, sino el marco en el que transcurrió su crecimiento. Nació con Fisura Labio-Alvéolo-Palatina (FLAP), una malformación congénita que interrumpe la unión de los tejidos del labio y el paladar durante la gestación. La condición provoca una separación en la zona superior de la boca que dificulta la articulación de los sonidos y la dicción. Lo que para los manuales de medicina figuraba como un diagnóstico a corregir mediante escalpelo, en su cotidianeidad significó más de diez intervenciones quirúrgicas y una carga compleja de sobrellevar: la mirada ajena y el bullying en la etapa escolar.
Su infancia transcurrió en el barrio Los Aromos, un rincón de Cañuelas fuertemente vinculado a su historia familiar, donde su abuelo, Raúl Cuevas, fue uno de los fundadores. Su padre la bautizó María Eva de los Milagros en homenaje a Eva Perón, con una frase que le repetía como una marca de origen: “Te puse nombre de mujer fuerte”. Desde chica, su abuela le acercó las páginas de La razón de mi vida, una lectura que despierta en ella una búsqueda constante sobre el rol de la mujer en la historia argentina y la conquista del voto femenino. Sin volcarse a la militancia partidaria, Marchu rescata esa fortaleza simbólica, recordando la imagen de Evita firme en el palco a pesar de la enfermedad, atendiendo las necesidades de la gente, un carácter que buscó adoptar para enfrentar sus propias batallas.

En ese entorno, y en el contexto de una familia numerosa de seis hermanos, cada ingreso al quirófano implicó la espera paciente en los pasillos de los sanatorios. Una de las cirugías más complejas, orientada a reconstruir el paladar, le exigió guardar semanas de silencio forzado y alimentarse a base de líquidos y papillas con cucharas de plástico para proteger la cicatrización. Mientras atravesaba la convalecencia, ojeaba revistas y buscaba en las pantallas rostros con los que identificarse, en una época donde las simetrías dominaban los medios y las marcas físicas permanecían invisibilizadas.
Con los años, estudió Enfermería y Medicina buscando en la asistencia sanitaria las respuestas a su propio proceso. Sin embargo, el punto de inflexión definitivo llegó cuando decidió compartir abiertamente su vivencia en redes sociales. Al hablar sin filtros sobre las etapas médicas y el impacto psicológico de la malformación, su casilla comenzó a recibir mensajes de padres angustiados por el diagnóstico de sus bebés y de adolescentes que evitaban salir de sus casas por la inseguridad ligada a su imagen.

Entendió entonces que la visibilidad era una herramienta clave. Decidió anotarse en el certamen Miss Earth, una competencia que evalúa candidatas con causas sociales y ambientales. Aunque debía competir por la Provincia de Buenos Aires, pidió expresamente figurar en representación de Cañuelas. Su postulación y el proyecto social enfocado en la contención de pacientes con FLAP la llevaron a coronarse como representante provincial.
Desde esa plataforma impulsó la desmitificación del término peyorativo "labio leporino", promovió hábitos de cuidado dermatológico para las marcas posquirúrgicas —tras haberse operado por última vez en julio pasado— y comenzó a difundir las acciones de la Fundación Piel, ONG dedicada a facilitar intervenciones reparadoras a familias sin recursos. Su mensaje busca mostrar que las cicatrices no deben ser motivo de reclusión ni de vergüenza.

Esa visibilidad le abrió las puertas de la alta costura. En las últimas semanas, Marchu desembarcó en la Semana de la Moda de Nueva York (New York Fashion Week), donde desfiló modelos de diseñadores internacionales como el venezolano Lennin Villarroel. En las pasarelas neoyorquinas y en certámenes posteriores en Miami, convirtió la exposición pública en un mensaje de superación para quienes atraviesan situaciones similares.
Aunque reconoce que lidiar con el nivel de exposición exige acompañamiento terapéutico para procesar agresiones en redes, su prioridad continúa siendo la contención comunitaria. La chica de Los Aromos que debió guardar reposo en silencio durante la infancia encontró, a través de la moda y la concientización, un canal para que su historia resuene en escenarios internacionales.


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