
Cañuelas reordena su poder con un gabinete que combina continuidad, territorialidad y guiños a nuevas lógicas políticas
Leandro Barni
El rediseño del gabinete municipal en Cañuelas, confirmado el sábado pasado, exhibe una doble estrategia: sostener el andamiaje de gestión construido en los primeros años y, al mismo tiempo, introducir nombres con anclaje territorial y perfiles híbridos entre lo técnico y lo político. En ese equilibrio se inscribe la principal novedad: la llegada de Mauricio Petre a la Secretaría de Gobierno, en reemplazo de Valeria Ríos, ahora concejala del oficialismo y hasta aquí a cargo de áreas sensibles del Ejecutivo, sin trayectoria política previa.
Petre, jefe de Kinesiología del Hospital Cuenca Alta ‘Néstor Kirchner’ y dirigente del Club Juventud —espacio donde se desarrollaron diversas actividades municipales—, encarna un perfil intermedio: no proviene de la estructura política clásica, pero tampoco es un outsider. Su designación refuerza una línea que la gestión viene ensayando: incorporar figuras con legitimidad comunitaria en áreas clave.
El resto del gabinete muestra una marcada continuidad. En Gestión Municipal y Seguridad se mantiene Fernando Jantus, con antecedentes en Ezeiza durante las gestiones de los Granados y el ministerio de Seguridad bonaerense; mientras que el abogado Sebastián Demicheli y la contadora Romina Marques Antunes sostienen áreas neurálgicas como Legal y Técnica y Hacienda. También permanecen el médico pediatra Daniel Arfus en Salud, Agustín Lespada en Medio Ambiente y Simón Gómez —docente jubilado y ex director del colegio Estrada— en Desarrollo Social, consolidando un esquema que prioriza estabilidad administrativa.
A la vez, se integran al Ejecutivo dirigentes con recorrido legislativo reciente, como el médico veterinario Juan Ángel Cruz —con paso por el Senasa— al frente de Producción, y Horacio Endara, docente jubilado de Educación Física y exconcejal, estará a cargo del área de Deportes, donde desde hace décadas no había alguien con esa preparación.. La movida funciona como un reacomodamiento interno del oficialismo tras el recambio en el Concejo Deliberante, reteniendo dentro del esquema de poder a figuras con volumen propio.
Entre las incorporaciones, sobresale Alex Goldman, proveniente de la Fundación IPNA, quien asume en Relaciones Institucionales y Discapacidad, unificando áreas previamente dispersas. Su llegada no es menor: se trata de un actor con participación activa en reclamos públicos del sector, especialmente en torno a políticas de discapacidad y pensiones.
También se suma Fernando Altamirano en Derechos Humanos, en lo que constituye un gesto de apertura hacia sectores no estrictamente alineados con el oficialismo ya que viene de la agrupación Volveré. En Educación, en tanto, fue designada Cintya Curti, docente de Máximo Paz.
El área de Turismo queda en manos de Marcelo Di Giácomo, un nombre con trayectoria transversal en distintas gestiones y de otro signo político, mientras que Comunicación pasa a Agustina Silva tras la salida de Fernando Abdo al Concejo Deliberante. En Ingresos Públicos asumió Hernán Brignani, quien venía trabajando en la modernización de la gestión local y reemplaza a “Pipo” Zampone, hoy consejero escolar.
En el nivel de subsecretarías y segundas líneas también se advierten movimientos. Juan Manuel Rizzi asumió en Patrimonio Cultural e Histórico; Eugenia López continúa en Servicios Públicos; y Lucrecia Carabel pasó del área de Compras a Ceremonial.
En Delegaciones se mantiene Emmanuel Saiz, mientras que León Medinelli —ingeniero civil— quedó al frente de Obras Públicas, un área que, aun en un contexto de retracción nacional, conserva peso técnico por la necesidad de formular y sostener proyectos.
Completan el esquema Cecilia Cassey en Espacios Verdes y Agustina Casamayouret en Arte y Comunicación Urbana, en un reordenamiento que fragmenta las políticas culturales. En la coordinación de la Escuela de Música Popular Cañuelas fue designado Esteban Sarlenga, músico y abogado con paso por el Instituto Cultural local.
Sin embargo, más allá de los nombres, el dato político más llamativo fue la forma. La jura del gabinete se realizó sin convocatoria a medios, sin presencia de público, militancia ni actores institucionales externos, en un formato cerrado que luego fue difundido a través de redes sociales. La decisión marca un corrimiento respecto de las liturgias tradicionales de la política local y se inscribe en una tendencia de comunicación directa, sin intermediación periodística.
Con 15 secretarías y 14 subsecretarías —la misma estructura que al inicio del mandato—, el gobierno de Fassi encara sus últimos dos años sin recortes en el organigrama, pese a versiones previas sobre posibles achiques. En un contexto económico restrictivo, la apuesta parece ser sostener la capacidad operativa del Estado local antes que reducir su estructura.
El nuevo gabinete, en definitiva, refleja una gestión que busca cerrar su ciclo con equilibrio interno, apertura selectiva y adaptación a los nuevos códigos de la comunicación política, donde la escena pública ya no necesariamente ocurre frente a la prensa, sino en la pantalla.


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