
Del Citroën solidario a la boleta electoral: la historia de Salvador Mangano, el vecino que ahora busca una banca en el Congreso
Leandro Barni
Si uno camina por el barrio Libertad de Cañuelas y pregunta por Salvador Mangano, más de uno lo recuerda por su Citroën viejo, siempre lleno hasta el techo de bolsas con pan, abrigos, paquetes de fideos. “Yo llevaba lo que podía —cuenta—. A mí nadie me lo pedía, lo hacía porque sabía qué hacía falta.” Así, durante años, este vecino solidario —que también fue parte de la Guardia Urbana municipal durante una década— fue una especie de puente entre la necesidad y la ayuda, sin bandera ni propaganda.
Pero ahora Mangano tiene bandera y nombre de lista: Liber.ar, la 318, donde ocupa el puesto 34. “Me dieron una gran oportunidad: ser candidato a diputado nacional —dice con voz seria—. En esta lista hay peronistas y gente de todos los partidos. No me importa si son de cola o anti cola. Me importa que me tuvieron en cuenta.”

Nacido en Liniers hace 73 años, hijo de italianos de Sicilia, Salvador arrastra una vida de película. “A los 21 estuve en el tiroteo de Ezeiza. A mi amigo, Cháfero, lo hirieron en la rodilla. Lo saqué con un médico por el Río Matanza y aparecimos en Laferrere. Vi a los francotiradores entre los eucaliptos. Fue un caos, disparaban a los que estábamos ahí.” Cuando murió Perón, Salvador estaba en la fábrica de electrónica Continental. “Solté las herramientas y me fui. Estuve tres días y tres noches siguiendo el funeral. Llovía sin parar. De lejos vi el cajón, la nariz, el anillo, los cordones rojos. Me enfermé, pero no me importó: había que estar.”
Vivió diez años en Manaos, en el barrio San José, en Brasil, donde se casó, tuvo un hijo y trabajó de técnico electrónico. “Ahí aprendí de la selva. Vi anacondas, pirañas, yacarés. Vi cómo la selva se te mete adentro, crece a tu alrededor, te traga si te quedás quieto.” También padeció el dengue, conoció a indígenas en obras, y se enamoró del paisaje. “Pero un día me tuve que volver. Traje a mi hijo a Paso de los Libres, y de ahí, a Cañuelas.”

En Corrientes militó con peronistas y radicales, armando campaña para el actual senador Eduardo Vischi. En la Capital conoció al teniente coronel Milani, y hasta compartió un brindis de Año Nuevo con el diputado mandato cumplido Cantero. “También milité con Carolina Papaleo y Abal Medina”, enumera con orgullo este hombre de talla baja.
De su paso por la política local, recuerda una interna con Consenso Federal, cuando Lavagna buscaba la Presidencia. “Yo ya venía militando, pero siempre desde abajo. Esta vez me tocó subir un escalón.”
Hoy Salvador, el hombre del barrio Libertad, habla de su candidatura sin estridencias: “No aspiro a nada más que seguir ayudando, pero desde otro lugar. Yo digo en la Capital y en los medios donde me entrevistan que gracias a la intendenta Marisa Fassi y al compañero Gustavo Arrieta tenemos el hospital Cuenca Alta ‘Néstor Kichner’ y el Mercado Ganadero. Eso es gestión, eso es peronismo del bueno.”
Entre recuerdos de la Segunda Guerra —su padre combatiente, sus tíos prisioneros en Italia— y diplomas recientes —uno del Instituto Nacional ‘Juan Domingo Perón’, —, Salvador Mangano repite que no busca fama ni poder. Solo que lo escuchen. “Soy peronista de los de antes”, dice. Y sonríe de manera solemne. De esas que no festejan: agradecen.


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