Un plan universitario propone un biocorredor urbano para recuperar la biodiversidad en el distrito
El acelerado crecimiento demográfico registrado en el partido de Cañuelas durante los últimos treinta años trajo consigo una profunda transformación del suelo. La proliferación de emprendimientos urbanísticos y áreas consolidadas fue desplazando paulatinamente a los entornos rurales y fragmentando el pastizal pampeano, un ecosistema clave para la provisión de servicios ambientales en la región. Frente a esta pérdida de cobertura vegetal y biodiversidad, una propuesta técnica desarrollada en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) analiza la viabilidad de implementar un biocorredor urbano para el ejido municipal.
El proyecto, elaborado por la licenciada en Ciencias Ambientales Cecilia Beatriz Bailey, bajo la dirección del ingeniero agrónomo Eduardo Haene, propone entrelazar los espacios verdes existentes, los trazados ferroviarios, los arroyos, las veredas y los terrenos sin uso en una trama ecológica continua. Esta red de conectores busca conectar parches aislados con nodos de mayor envergadura, facilitando el tránsito de la avifauna local y el flujo génico de las especies vegetales nativas.
La propuesta fue presentada formalmente en la novena sesión ordinaria del Concejo Deliberante de Cañuelas a través del mecanismo de la Banca Abierta. Durante la exposición, la licenciada Bailey advirtió sobre el vertiginoso crecimiento demográfico y la expansión inmobiliaria pospandemia en el distrito, remarcando la urgente necesidad de preservar los ecosistemas locales mediante la creación de nodos de biodiversidad —de aproximadamente tres hectáreas con flora nativa— interconectados por arroyos, trazados ferroviarios y veredas vegetadas. Tras detallar potenciales áreas de intervención como predios del barrio El Palomar y campos productivos con vegetación autóctona, el cuerpo deliberativo aprobó la declaración de interés municipal para el proyecto de gestión ambiental del biocorredor en el ejido urbano de Cañuelas.
El nodo prioritario para comenzar las obras
Al ser consultada por El Ciudadano sobre los pasos concretos para trasladar el mapa del papel a la gestión pública, la autora señala un punto crítico de intervención inicial: el predio ubicado frente al barrio El Palomar. Según explica la especialista, se trata de una parcela que reúne condiciones idóneas para convertirse en el primer nodo protector del corredor.
"El primero que debería intervenirse tendría que ser el que está frente al barrio El Palomar, ya que es muy probable que se trate de un terreno fiscal y está cubierto casi en su totalidad por vegetación que, en su mayoría, se observa como nativa", sostiene Bailey. A la riqueza biológica presente en el lugar se le suma un dato operativo clave: "No se observa en este lote un uso particular activo, lo que facilita su asignación a la conservación sin generar conflictos de suelo".
Beneficios impositivos, premios y herramientas para privados
Dado que la efectividad de un biocorredor urbano depende de la continuidad territorial entre espacios públicos y privados, la participación de los propietarios de tierras resulta indispensable. Para motivar el resguardo de flora autóctona en lotes particulares, la licenciada en Ciencias Ambientales plantea una serie de incentivos fiscales, capacitaciones y esquemas de apoyo técnico desde la gestión local.
Entre las medidas propuestas figuran reducciones en las tasas municipales para quienes mantengan áreas de pastizal nativo, capacitaciones gratuitas en jardinería con especies autóctonas, asistencia técnica para la administración de reservas privadas y financiamiento para que expertos realicen relevamientos de flora y fauna en terrenos particulares.
Además, propone implementar distinciones públicas: "Se podrían otorgar reconocimientos anuales a aquellos emprendedores y vecinos que concreten avances dentro de la trama del biocorredor, como así también becas para estudiar en la Escuela Argentina de Naturalistas o financiamiento municipal para tareas de monitoreo".
El rol de los vecinos: del jardín particular a las veredas y la ciencia ciudadana
La propuesta no se limita a grandes intervenciones urbanísticas, sino que promueve acciones cotidianas que cualquier ciudadano puede poner en marcha en su entorno inmediato. El cultivo de especies autóctonas en patios y veredas actúa como un trampolín biológico para mariposas, abejas y aves de la zona.
Para impulsar esta transformación, Bailey remarca la importancia de brindar talleres comunitarios y promover herramientas digitales de relevamiento: "Se pueden realizar capacitaciones sobre plantas nativas y su fauna asociada para incentivar el cultivo en jardines, junto con talleres para el uso de iNaturalist. Con esta aplicación, cualquier persona puede subir fotos de especies desde su teléfono para que expertos las identifiquen, colaborando de manera directa en el mapeo de la biodiversidad local".
En este esquema, la oferta de insumos botánicos nativos cobra un valor estratégico. La especialista sugiere la entrega de plantines provistos por viveros provinciales a los vecinos destacados, la futura creación de un vivero municipal propio y la articulación con viveros comerciales privados a través de difusión institucional a cambio de talleres y donación de plantas. Asimismo, las salidas de campo y las jornadas de observación abiertas a la comunidad se presentan como canales para fortalecer el vínculo de los habitantes con el patrimonio natural de su distrito.
Educación ambiental y jornadas de plantación participativa
La dimensión pedagógica constituye uno de los pilares del proyecto. Aprovechando que la legislación provincial incluye la perspectiva ambiental de forma transversal en los programas educativos, el biocorredor se plantea como un aula al aire libre para los colegios de Cañuelas.
"Las escuelas pueden integrar este proyecto en múltiples materias realizando muestreos de flora y fauna, produciendo plantines en sus propios talleres o sumándose al monitoreo territorial", explica Bailey.
Como hito integrador entre la gestión política, las instituciones educativas y la ciudadanía, la investigadora propone llevar a cabo jornadas comunitarias de forestación nativa: "Una acción de alto impacto simbólico y ecológico consiste en organizar plantaciones participativas convocando a autoridades locales, vecinos ilustres, escuelas y organizaciones comunitarias, transformando la creación del corredor en un compromiso compartido por toda la sociedad de Cañuelas".