Salud Por: Leandro Barni13/07/2026

Un programa de prevención en los colegios ante el preocupante crecimiento de suicidios en los jóvenes

En el hospital ‘Marzetti’, un equipo de más de 20 profesionales liderado por Fernanda Baldasarre trabaja a destajo contra una epidemia silenciosa de intentos de suicidio. Este lunes lanzan la iniciativa en los colegios para aprender a escuchar el sufrimiento del chico antes de que sea tarde.
El Departamento de Salud Mental del Hospital Ángel Marzetti atiende de lunes a viernes de 8 a 14 horas, combinando terapias individuales con grupos de apoyo para la depresión, la ansiedad y la crianza.

El pasillo del hospital municipal ‘Ángel Marzetti’ tiene ese rumor espeso de los lugares donde se administra el dolor cotidiano. Pero hay un sector donde el sufrimiento no se ve en una radiografía ni se calma con un analgésico común. Allí, desde hace 40 años, camina la doctora en Psicología Fernanda Baldasarre. Conoce cada rincón, cada crisis y, sobre todo, el cambio drástico que sufrió la salud mental en Cañuelas en el último tiempo.

En 2020, cuando la pandemia desbocó las angustias colectivas, un llamado de la intendencia precipitó las cosas: había que armar un Departamento de Salud Mental. Hoy, aquel proyecto es un equipo de 25 profesionales entre psicólogos, psiquiatras y psicopedagogos, divididos entre la atención de niños y adultos. Un mini ejército que, a pesar del esfuerzo, a veces siente que pelea contra la marea con las manos desnudas.

La Ley de Salud Mental, aprobada en 2010 pero plenamente implementada en el territorio hacia 2020, planteó un paradigma humanitario: los pacientes deben atenderse en el hospital más cercano a su domicilio, sin derivaciones automáticas a neuropsiquiátricos. Sin embargo, la realidad camina más lento que la legislación. "No tenemos herramientas, infraestructura, ni recursos materiales o humanos suficientes", explica Baldasarre con la crudeza de quien pasa las mañanas en la trinchera de la guardia. "Faltan camas y falta personal especializado, como enfermeros preparados para la complejidad de estos cuadros".

A este escenario se le suma un combustible que lo dinamita todo: el consumo problemático. El mapa de las patologías cambió. Ya no llegan al hospital los cuadros "puros" de psicosis, esquizofrenia o paranoia de hace unas décadas. Hoy la constante es la comorbilidad: psicosis con consumo de sustancias nocivas, depresión con consumo. Con los centros de derivación como el SEDRONAR totalmente colapsados, el Marzetti se convirtió en el dique de contención de una crisis que desborda tanto a los pacientes como a sus familias.

Las cifras del grito ahogado

Hay un mito instalado en el sentido común que la medicina desmiente a diario: “El que lo dice o lo intenta, no lo hace”. Falso. Para el equipo médico, el intento previo es la alarma principal, el antecedente primordial. Y en Cañuelas, los intentos se duplican año tras año. Las estadísticas globales sostienen que por cada suicidio consumado existen al menos 20 intentos. Los números finales echan luz sobre una tragedia de goteo constante: en el mundo ocurre una muerte por suicidio cada 40 segundos; en la Argentina, una cada dos horas.

Pero el dato que hiela la sangre al repasar la realidad local es la edad. El promedio de los pacientes que ingresan por intentos autolíticos en Cañuelas ronda los 13 años. Y el piso bajó de forma alarmante: el hospital ya ha atendido a niños de apenas 8 años.

¿Qué hay detrás de un chico de ocho años que decide que ya no quiere vivir? Los causales nunca son lineales. Baldasarre habla de un dolor intolerable, de una desesperanza profunda y de una alarmante falta de tolerancia a la frustración, exacerbada por la inmediatez de las pantallas y las redes sociales. A las problemáticas estructurales de violencia doméstica, abusos o bullying, se suman hoy "desafíos" digitales extremos que los niños consumen sin supervisión adulta. En un mundo donde todo es "ya", los procesos para masticar y asimilar la angustia se han roto.

El foco de atención urgente está en Máximo Paz, la localidad del partido que concentra cerca del 90% de los casos de la zona. La demanda es tan voraz que la propia Baldasarre muchas veces no da abasto para regresar de las guardias ante el ingreso constante de jóvenes en crisis.

La vulnerabilidad en la adolescencia y la niñez se convirtió en la prioridad del nuevo programa municipal, que busca capacitar a la comunidad educativa en la detección de señales de alerta, bajo la dirección de la psicóloga Fernanda Baldasarre.

El aula como red de rescate

Frente a la emergencia, la respuesta no puede ser solo hospitalaria; debe ser comunitaria. Por eso, hoy lunes 13, el equipo de Salud Mental mantendrá una reunión clave con la Inspección General de Escuelas. El objetivo es poner en marcha de inmediato un programa de prevención del suicidio y de intervención post-suicidio destinado a los colegios de Cañuelas.

"Si podemos salvar a uno solo, ya vale la pena", dice la profesional. El programa buscará dotar a los docentes y padres de herramientas concretas para identificar la sintomatología del entorno familiar y escolar. No se trata de adivinar, sino de observar con atención terapéutica. Las señales de alerta principales que los adultos deben aprender a leer incluyen:

•    Aislamiento repentino: El deseo constante y brusco de querer estar solos.
•    Cambios radicales de conducta: Modificaciones inexplicables en el humor o la personalidad.
•    Irritabilidad extrema: Respuestas violentas o de enojo desmedido, tanto en menores como en adultos.
•    Bajo rendimiento escolar: Una caída estrepitosa en las notas y el desinterés por las actividades cotidianas.
•    Autoflagelación: Lesiones o cortes en los brazos y muñecas, que suelen ser manifestaciones físicas de una violencia interna que no encuentra palabras para procesarse.

El desafío es enorme y el tiempo corre. Mientras gestionan la posibilidad de ampliar la atención psiquiátrica de salud mental a las guardias de 24 horas, el hospital sigue abriendo sus puertas de lunes a viernes, de 8 a 14. Allí no solo hay consultorios; también hay talleres de nuevas crianzas para padres, grupos de duelo y espacios para tramitar la ansiedad. 

Contacto telefónico de Centro de Asistencia al Suicidio (Provincia de Buenos Aires): 0800-345-1435

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