Desarrollan un filtro que elimina el arsénico del agua y proyectan una planta industrial
El acceso a agua segura sigue siendo uno de los desafíos estructurales en amplias regiones del país. De acuerdo con relevamientos del Instituto Tecnológico de Buenos Aires, la presencia de arsénico en napas subterráneas afecta a nivel local, como en buena parte de la provincia de Buenos Aires y a otras zonas del territorio nacional, lo que convierte al problema en una cuestión de salud pública de larga data.
En ese contexto surgió una iniciativa tecnológica que hoy busca escalar su impacto. Los primos Pablo Martelli y Juan Manuel Martelli, oriundos de Carhué, comenzaron años atrás a investigar soluciones para reducir la concentración de este metaloide en el agua destinada al consumo humano. El resultado fue el desarrollo de un sistema de filtrado que logra eliminar más del 99% del arsénico.
El proyecto tuvo un origen modesto: una pequeña planta de ósmosis inversa montada en un garaje. Con el tiempo, esa experiencia derivó en la creación de General Water Company, que actualmente opera en distintas provincias argentinas y también en Perú, con perspectivas de expansión regional.
La firma estructuró su crecimiento sobre tres unidades de negocio: soluciones para grandes industrias, servicios para pequeñas y medianas empresas —especialmente del sector alimenticio— y una línea orientada al consumidor final a través de la marca Hidrolit. Esta última fue pionera en el desarrollo de sistemas específicos para combatir el arsénico en el agua de consumo doméstico.
El comienzo en Cañuelas
Uno de los hitos recientes de la compañía fue la obtención de la certificación como Empresa B, un reconocimiento que en la Argentina distingue a unas pocas centenas de firmas por su desempeño social y ambiental. Ese enfoque se combina con una estrategia industrial en expansión: a fines de 2024, la empresa adquirió un predio en el Parque Industrial de Cañuelas y, tras completar las gestiones administrativas durante 2025, inició a comienzos de 2026 la construcción de una nueva planta.
La nave industrial contará con 3.600 metros cuadrados cubiertos sobre un terreno de 5.000 y demandará una inversión estimada en 3,5 millones de dólares. Allí se concentrarán áreas de producción, depósitos y oficinas, con el objetivo de quintuplicar la capacidad productiva actual. La iniciativa incluye además la incorporación de tecnología mecatrónica e inyectoras plásticas para sustituir componentes importados.
En paralelo, la compañía avanza sobre otros desafíos emergentes vinculados a la calidad del agua.
La creciente preocupación por la presencia de microplásticos en el organismo humano impulsó el desarrollo de sistemas que combinan ósmosis inversa, ultrafiltración y carbón activado. Esta tecnología permite no solo remover arsénico sino también reducir partículas contaminantes de origen plástico.
La estrategia empresarial incorpora, además, una dimensión ambiental vinculada al consumo responsable. Entre sus productos más recientes se encuentran botellas reutilizables de acero inoxidable que buscan disminuir la utilización de envases descartables y fomentar hábitos sostenibles.
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