Con la participación del grupo Colibrí, el pesebre viviente de la capilla San Martín de Porres tuvo un momento de emoción y aplausos
En diciembre, el pesebre viviente de la capilla San Martín de Porres, en el barrio Primero de Mayo, tuvo un momento especial de emoción y aplausos: la participación del grupo de danzas Colibrí, una agrupación que desde hace dos años trabaja con una mirada inclusiva y transformadora, integrando a chicos con distintas discapacidades.
Dirigido por Belén Galeotti, Colibrí nació casi de manera espontánea, con apenas tres integrantes y un espacio prestado en la Sociedad de Fomento Buen Pastor. Con el tiempo, el grupo creció, sumó alumnos y hoy reúne a bailarines desde los 4 hasta los 20 años.
El crecimiento también trajo nuevos desafíos, como la búsqueda permanente de espacios para ensayar, que actualmente se resuelven gracias al acompañamiento del Instituto Cultural Cañuelas y salones parroquiales de la ciudad.
La experiencia y la vocación de Galeotti tienen raíces profundas: durante años integró el recordado Grupo Sol, pionero en la integración de niños y jóvenes con discapacidad en la danza local. Ese recorrido marcó su forma de enseñar. “Ellos son los que nos enseñan a nosotros”, repite, al hablar de alumnos como Cande y Brian, quienes incluso llegaron a participar en los Juegos Bonaerenses, desafiando no solo límites físicos sino también barreras sociales y estructurales.
La presentación en el pesebre viviente no fue solo una puesta artística, sino también un mensaje claro de inclusión y pertenencia. En cada coreografía, Colibrí mostró que la danza puede ser una herramienta poderosa para construir comunidad, visibilizar capacidades y derribar prejuicios.
Actualmente, el grupo ensaya los sábados por la mañana en el Instituto Cultural y continúa abierto a sumar nuevos integrantes. Además, comparten su trabajo y actividades a través de Instagram, donde se los puede encontrar como Agrup. Colibrí.