Impuestos en alza y rentabilidad en baja: el Estado capta el 62,5% de la renta agrícola y el trigo entra en zona crítica

El nuevo Índice FADA refleja el impacto de la guerra en Medio Oriente y el encarecimiento de insumos clave como la urea y el combustible. La presión impositiva sube 6 puntos y golpea con fuerza a los márgenes productivos.
20/04/2026El CiudadanoEl Ciudadano
trigo. Foto Secretaria de Agricultura
El dato más preocupante surge para el trigo, que el índice llega al 104%: la carga impositiva supera la renta generada por el productor.

La participación del Estado en la renta agrícola volvió a subir y alcanzó el 62,5%, según el último informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina. El dato surge del Índice FADA de marzo de 2026, que evidencia un incremento de 6,1 puntos porcentuales respecto de diciembre del año pasado y expone con claridad el deterioro de la rentabilidad del sector.

En términos concretos, de cada $100 que genera una hectárea agrícola, $62,5 se destinan al pago de impuestos nacionales, provinciales y municipales. Aunque el promedio nacional se ubica en ese nivel, hay diferencias entre provincias: mientras Córdoba (60,2%), Buenos Aires (60,4%) y La Pampa (60,4%) se ubican levemente por debajo, Santa Fe registra un 57%, San Luis un 55,7% y Entre Ríos lidera con un 67,6%.

Según explicó Nicolle Pisani Claro, economista jefa de FADA, el incremento responde a un doble efecto: por un lado, la suba de los costos de producción que achica la renta, y por otro, la actualización de tributos provinciales y tasas municipales que eleva el peso de los impuestos por hectárea. “Cuando la renta se reduce, los impuestos pasan a representar una proporción mayor”, resumió.

En la misma línea, Antonella Semadeni, también economista de la entidad, remarcó que este escenario se potencia por la dinámica estacional de comienzos de año, cuando se actualizan tributos subnacionales. El resultado es un combo de costos en alza, ingresos ajustados y mayor presión fiscal efectiva.

El trigo, en el peor escenario

El análisis por cultivo deja en evidencia un panorama heterogéneo, aunque con un denominador común: la caída de la rentabilidad. La soja muestra una participación estatal del 61,6%, el maíz del 56,8% y el girasol alcanza un 80,3%.

Sin embargo, el dato más preocupante surge del trigo, donde el índice trepa al 104,4%. Esto implica que la carga impositiva supera la renta generada, es decir, que el productor no logra cubrir siquiera los impuestos con el resultado económico del cultivo.

Fiorella Savarino, economista de FADA, advirtió que este escenario coloca al cereal en una situación crítica, fuertemente condicionado por el incremento de costos y su alta dependencia de insumos estratégicos.

Uno de los factores centrales detrás de este deterioro es el impacto del conflicto en Medio Oriente, particularmente en el Estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio global de energía y fertilizantes.

Por esta vía circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial, el 25% del gas y el 50% de la urea, un fertilizante esencial para cultivos como trigo y maíz. Las tensiones en la región impulsaron un fuerte aumento en su precio: la urea subió un 43% respecto de diciembre y un 39% en la comparación interanual.

Este incremento impacta de lleno en los costos productivos, deteriorando la ecuación económica de los cultivos más dependientes de la fertilización.

Costos en escalada y márgenes en retroceso

El encarecimiento de los fertilizantes no es el único factor en juego. Luz Silvetti, economista de FADA, señaló que también se registraron aumentos significativos en otros componentes clave.

A comienzos de 2026, los impuestos provinciales y municipales incrementaron su participación dentro del total, pasando del 6,4% al 9,7%. En particular, el Impuesto Inmobiliario Rural mostró subas promedio del 79% a nivel nacional, con fuerte incidencia en Buenos Aires, mientras que las tasas municipales aumentaron alrededor de un 32%.

En paralelo, los costos operativos también se dispararon. Las labores agrícolas subieron un 33% desde diciembre, muy por encima de la inflación estimada para el período (8,6%), evidenciando un fuerte desfasaje. A su vez, los fletes aumentaron un 8,4% en pesos y un 12% en dólares, impulsados principalmente por el alza del combustible, lo que impacta especialmente en regiones alejadas de los puertos.

A esto se suma un deterioro en la relación insumo-producto: actualmente se necesitan 3,9 toneladas de maíz o 3,8 toneladas de trigo para adquirir una tonelada de urea, una relación más desfavorable que la de un año atrás.

“Todo esto configura un escenario en el que producir requiere cada vez más recursos, reduciendo los márgenes del productor”, concluyó Silvetti.

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