Cañuelas: el impacto por la retención de tareas de colectivos anunciada por la UTA fue limitado

Según un relevamiento realizado por El Ciudadano, los colectivos en la estación del distrito fueron normales y no perjudicaron a los pasajeros que normalmente utilizan los servicios. Las empresas advierten que sin definiciones en el pago de la deuda de Nación y Provincia podrían bajar más las frecuencias
Interés general09/04/2026Leandro BarniLeandro Barni
parada
En la zona de la estación de Cañuelas, el movimiento de pasajeros se mantiene activo pese al paro anunciado por la UTA.

En medio la retención de tareas anunciado por la Unión Tranviarios Automotor y versiones sobre una reducción de frecuencias, el impacto en la zona de la estación de Cañuelas fue limitado. Mientras algunos servicios sostienen su regularidad, otros usuarios reportan demoras.

En medio de la reducción de frecuencias del servicio de colectivos en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), que afectó a 9,5 millones de pasajeros, la Unión Tranviarios Automotor (UTA) anunció que, a partir de la medianoche, los choferes realizarán retención de tareas en varias líneas que aún no pagaron los salarios completos.

“Informamos que, encontrándonos al cuarto día hábil del mes, sin haberse dado cumplimiento íntegro al pago de los salarios del mes de marzo en determinadas empresas del Área Metropolitana de Buenos Aires, se resuelve la retención de tareas a partir de las 00 horas”, anunció la UTA en un comunicado firmado por el consejo directivo del gremio encabezado por Roberto Fernández.

El gremio explicó que la reducción de tareas se realizará “en aquellas empresas que no hayan cancelado la totalidad de los haberes”, sin precisar a qué líneas alcanzará la medida gremial. De todas formas, se espera que profundice las demoras o paralice los servicios de las empresas que ya habían iniciado un recorte de sus frecuencias por decisión patronal.

Un relevamiento realizado por El Ciudadano entre pasajeros habituales muestra que, al menos en determinadas franjas horarias, el impacto de la medida gremial es limitado. “De los horarios que voy yo, cumplen el horario”, señaló María, docente en Uribelarrea y usuaria frecuente del servicio de la línea 88. En la misma línea, indicó que las frecuencias suelen verse más afectadas durante el verano, cuando “se corta el servicio”, pero que actualmente el esquema se habría normalizado.

La percepción se repite entre estudiantes. Abigail, alumna de séptimo año, destacó que la línea 88 —clave en el traslado escolar— funcionó con normalidad incluso durante la jornada en la que se esperaba adhesión al paro. “Mis compañeros  del Don Bosco viajaron todos”, afirmó, y valoró la cobertura del recorrido que conecta distintos puntos del distrito.

Otros testimonios, en cambio, introducen matices. Pasajeros menos frecuentes describen esperas de entre 20 y 25 minutos en la parada, sin poder precisar si se trata de una alteración puntual o de un cambio estructural en la frecuencia. “Es esperar nada más”, resumió una usuaria consultada.

espera
Las demoras de entre 20 y 25 minutos son una constante para quienes no viajan a diario, en un contexto de aumento en tarifas.

Sin embargo, otras experiencias introducen contrastes más marcados. Oscar, empleado de la zona de San Esteban, describió una situación inversa registrada el día anterior: “Ayer esperé el micro para venir a Cañuelas y, en un lapso de 15 minutos, del otro lado pasaron siete micros”, relató, graficando la irregularidad en la distribución de las unidades.

Más allá de la frecuencia, un punto de coincidencia entre los consultados es el impacto de los aumentos tarifarios. “Eso siempre se siente”, resumió otra vecina, reflejando una preocupación que trasciende la coyuntura del paro.

Escenario incierto

Detrás de este escenario heterogéneo aparece un conflicto estructural que podría profundizar los problemas en la frecuencia. Desde las empresas advierten que la falta de pago de deudas por parte de Nación y Provincia, en un contexto de aumento del combustible, podría agravar el recorte de servicios.

Si bien el Gobierno nacional transfirió en las últimas horas un anticipo de subsidios adeudados, la situación de fondo continúa sin resolverse. Según señalaron desde el sector, las obligaciones pendientes incluyen compensaciones tarifarias de distintos períodos —entre ellas saldos del último cuatrimestre de 2025, remanentes de febrero de 2026, adelantos de abril y comisiones del sistema SUBE—.

En ese marco, voceros empresarios indicaron que la deuda de la provincia de Buenos Aires ronda los 90.700 millones de pesos, mientras que la Nación adeuda unos 58.400 millones, aun descontando el pago reciente.

Parte de ese pasivo, explicaron, corresponde a los llamados “atributos sociales”, es decir, subsidios destinados a cubrir tarifas diferenciadas.

La situación también impacta en el frente gremial. Desde la Unión Tranviarios Automotor advirtieron que “en la empresa que paga el sueldo, se trabaja; en la que no, se va al paro”, en referencia al cumplimiento de salarios en las distintas compañías. En paralelo, el sindicato mantiene abiertas instancias de negociación: prevé encuentros con autoridades nacionales y una reunión el lunes con el Ministerio de Transporte de la provincia de Buenos Aires para destrabar el conflicto.

Desde las cámaras empresarias coinciden en que, si no hay definiciones en el corto plazo, el recorte de frecuencias —que ya comienza a percibirse de manera dispar entre los usuarios— podría intensificarse en las próximas semanas.

Así, en Cañuelas, la dinámica del transporte público combina señales de normalidad con alertas concretas. Mientras el servicio se sostiene en varias líneas, la fragilidad del sistema, atada a la ecuación de subsidios y costos, deja abierta la posibilidad de un deterioro mayor en la prestación.

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