
El Ciudadano de América: Fabián Delía, un cañuelense suelto en Miami


Fabián Delía decidió patear el tablero en 1986, justo en el año en el que Diego deslumbraba al mundo en México. Entonces, decidió dejar la Tierra de las Oportunidades para instalarse en Los Angeles. Fue el único campeonato que se perdió este hincha cañuelense enamorado de la celeste y blanca que ahora maneja una empresa de construcción.
Después, estuvo en todos los torneos y festejó el último Mundial con sus tres hijos, que nacieron en Norteamérica, pero son “más argentinos que el dulce de leche”. El hombre de 63 años compartió su fanatismo con El Ciudadano y mostró la bandera con todas las fechas icónicas.
–¿Cuáles fueron los momentos más recordados siguiendo a la Selección?
–Sin dudas, el Mundial ‘78. Junto a cinco compañeros de la escuela nos comimos colas tremendas para conseguir las entradas, con todo el frío encima. Fue muy loco, porque no obtuvimos tickets para los partidos de Argentina y apostamos a estar en la semi y en la final. Así, vivimos esa definición épica con 17 años. Y bueno, 2022 quedará grabado a fuego.
–Lo tuviste a Mario Alberto Kempes a disposición para la foto…
–Sí, lo agarré en un ascensor en la concentración de la Selección. Le mostré la bandera con todas las fechas de los mundiales, se paró y accedió sin problemas. Cerré un círculo, él tuvo mucho que ver en esta locura que siento por la Selección.
–¿Tus hijos son estadounidenses?
–Sí, pero son más argentinos que el dulce de leche. De hecho, arrancaron la escuela sin saber inglés. Una vez, en la Copa América 2016, mi hija con 13 años me dijo llorando: “Papi, yo me siento argentina”.
–¿Qué fue lo más loco que hiciste por la albiceleste?
–Uff... viajé en tren con (Juan Pablo) Sorín, (Hernán) Crespo y el ‘Piojo’ López tras haber quedados eliminados en Japón 2002. En el último Mundial soportamos escalas interminables para llegar a la final, hicimos parada en Helsinki, en medio de la nieve. Luego, dejamos las valijas y salimos a la cancha: llegamos tarde, pero caímos para el gol de Angelito Di María y festejamos igual.

–¿Y lo más triste que te tocó vivir?
–Acá, en el ‘94. Viajamos 24 horas desde Los Ángeles a Houston para ver a Diego Maradona, en un auto sin aire acondicionado, pasando por el desierto de Arizona. Cuando llegamos, nos enteramos de la suspensión del ‘10’. Lloramos de bronca y angustia.
–¿Qué piensan los estadounidenses sobre la presencia de los campeones del mundo en casa?
–Se sorprenden por nuestra manera de vivir el fútbol y adoran a Messi. Cuando yo llegué, el fútbol no existía, ahora ha crecido muchísimo y tienen una gran infraestructura: cuando tienen algo en la cabeza, no los para nadie.


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