Cultura Por: El Ciudadano08/11/2026

Lanzan la segunda edición de "Memoria, Identidad y Territorio", el libro que revela la identidad de los 135 municipios de Buenos Aires

El mapa bonaerense esconde en su nomenclatura una radiografía de vencedores, vencidos, fortines e inmigrantes. Tras agotar su primera edición de 2021, regresa en formato autogestivo el glosario definitivo que repasa el origen etimológico e histórico de cada municipio, desde La Plata hasta Cañuelas.
La portada de la segunda edición de Memoria, identidad y territorio. El origen de los nombres de los distritos bonaerenses, de R. Claudio Gómez.

Conocer el territorio donde uno vive suele empezar por lo cotidiano. Sin embargo, pronunciar a diario nombres como Cañuelas, Berisso, Guaminí o Capitán Sarmiento rara vez viene acompañado de la certeza sobre su origen. Para saldar esa deuda con la identidad regional, regresa a las librerías y bibliotecas la segunda edición de la obra colectiva que indaga, municipio por municipio, en la historia detrás de las denominaciones de los 135 distritos de la provincia de Buenos Aires.

Más allá del dato etimológico puntual, la iniciativa cobra valor como un intento explícito por definir los contornos de la esquiva identidad bonaerense. Impulsado por el periodista platense Claudio Gómez, coordinador del proyecto y autor del prólogo, este glosario autogestivo propone empezar por lo elemental: conocer el nombre propio de cada comunidad como primer paso para entender la complejidad social y cultural del territorio que se habita. Frente a la fuerte impronta cultural de la ciudad de Buenos Aires o el arraigado sentido de pertenencia de los habitantes de otras provincias, el trabajo busca ofrecer un relato integrador que una el interior agropecuario con la trama urbana del conurbano.

Lejos de la pretensión literaria o el vuelo poético, el volumen funciona como un glosario riguroso y directo. Concebido inicialmente con vocación pedagógica para las escuelas bonaerenses, el trabajo nació del pulso periodístico. Un equipo de redactores, editores y diseñadores se dividió el mapa provincial para consultar distrito por distrito las actas, los archivos y las razones fundacionales que explican por qué cada lugar se llama de esa manera y no de otra.

El resultado es un mapa vivo de la historia argentina. El siglo XX actúa como un claro parteaguas en la obra: de un lado conviven los antiguos partidos que heredaron los nombres de los fortines, las luchas de fronteras y el antagonismo entre civilización y barbarie, donde resuenan las voces de los vencidos y de los vencedores; del otro, los nuevos distritos del conurbano y zonas fabriles, moldeados por la llegada masiva de inmigrantes y la industrialización.

Entre las particularidades que rescata la investigación sobresalen casos como el de Capitán Sarmiento, que rescata al prócer en su faceta militar y no en su rol educativo habitual, o los debates históricos sobre la fundación de La Plata, cruzada por las gestiones de Dardo Rocha y las complicidades literarias de figuras como José Hernández.

El cruce entre la geografía física y la denominación institucional abre en el texto una ventana directa al paisaje originario. Casos como el de Cañuelas —cuyo nombre remite a las espadañas y cañuelas silvestres que bordeaban sus arroyos al momento de la formación del poblado— muestran cómo la flora y el relieve marcaron la primera capa de identidad territorial. Junto a estos bautismos de raíz botánica y natural, el volumen expone la pervivencia de toponímicos en lenguas originarias como Carhué o Guaminí, vestigios de una geografía viva que precedió al trazado de la frontera y a la conformación administrativa del Estado provincial.

Claudio Gómez, coordinador de la obra colectiva que repasa el origen etimológico e histórico de las cabeceras bonaerenses.

Por otra parte, la nómina de distritos bonaerenses se transforma en una crónica de las tensiones políticas del siglo XIX. La convivencia de nombres que encarnan antagonismos históricos irreconciliables en un mismo plano cartográfico —como el caso de Lavalle y Dorrego— da cuenta de una memoria colectiva fragmentada que fue fijándose en el nomenclador a medida que surgían las nuevas divisiones administrativas. Cada partido funciona así como un monumento verbal a batallas, expediciones militares o figuras locales que promovieron la institucionalidad de su zona, dejando una huella que el uso cotidiano fue despojando de su densidad histórica original.

Más allá del dato etimológico puntual, la iniciativa cobra valor como un intento explícito por definir los contornos de la esquiva identidad bonaerense. Frente a la fuerte impronta cultural de la ciudad de Buenos Aires o el arraigado sentido de pertenencia de los habitantes de otras provincias, el bonaerense suele carecer de un relato integrador que una el interior agropecuario con la trama urbana del conurbano. Este glosario autogestivo propone empezar por lo elemental: conocer el nombre propio de cada comunidad como primer paso para entender la complejidad social y cultural del territorio que se habita.


Agotado tras su irrupción en 2021, el libro retornó a la escena pública de forma casi azarosa, tras ser hallado en una feria de libros usados y motivar un nuevo esfuerzo de financiamiento independiente. Lejos de buscar réditos económicos, la apuesta apunta a reinstalar la discusión en las comunidades, poblar las bibliotecas escolares y ofrecer una herramienta indispensable para recorrer el vasto territorio bonaerense antes de emprender cualquier viaje.