Barretearon un taller y los delincuentes usaron una insólita maniobra para robarle
La inseguridad en la zona comercial cercana al acceso ferroviario volvió a dar un golpe. Esta vez, la víctima fue Marcelo Cherule, el dueño de un taller de bobinados de la calle Lara al 20, a metros de la avenida Alem. Al llegar para abrir su negocio a las nueve de la mañana del lunes 10, se encontró con una escena calcada al drama que ya le había tocado vivir tiempo atrás: la puerta trasera de su local estaba barreteada y el lugar, saqueado.
El hecho se produjo bajo una modalidad tan audaz como insólita. Los delincuentes saltaron un portón perimetral pero se chocaron con un obstáculo inesperado: no pudieron forzar la entrada principal porque el comerciante la tenía bloqueada desde el interior con pesados lavarropas en proceso de desarme. Lejos de desistir, torcieron a palancazos la parte inferior de una puerta metálica contigua.
"Pasa una persona muy delgada, muy chiquita", explicó la víctima, al dar cuenta de cómo lograron colarse por la estrecha hendidura. Una vez con medio cuerpo adentro, se dedicaron a "manotear" y retirar por abajo de la puerta todo lo que tenían a mano. Se llevaron taladros, amoladoras, rotomartillos percutores y atornilladores eléctricos, ignorando los electrodomésticos de mayor tamaño como microondas.
El trasfondo del ataque revela una zona desprotegida por el cese de actividad nocturna. El taller limita con una vivienda en venta y un garaje deshabitado, mientras que enfrente funcionan una guardería infantil y un centro médico sin movimiento vespertino. A esto se le suma la constante circulación de presuntos vendedores ambulantes y personas que simulan hacer colectas falsas, una táctica que los vecinos señalan como la inteligencia previa para "marcar" las casas.
No es la primera vez que la delincuencia golpea al electricista. En abril de 2024, cuando tenía otro espacio como depósito y taller sin atención al público en las inmediaciones de la calle Alem, el comerciante ya había sufrido un violento desvalijamiento a media mañana. En aquella oportunidad, levantaron un portón y rompieron puertas y ventanas para alzarse con motores de lavarropas, bochas quemadas de refrigeración y herramientas de mano.
Hoy, golpeado por la reincidencia pero resignado a "seguir laburando", la principal preocupación del electricista pasa por el material ajeno. "Lo mío ya lo volveré a comprar, pero me da una pena bárbara por los clientes. Lo único que quiero es recuperar sus cosas antes de que las vendan en el mercado negro", lamentó, mientras analiza la opción de instalar un sistema de alarmas.