Borges en Cañuelas: entre petacas de licor, cuchilleros y el secreto de la eterna juventud
La cartografía borgiana suele trazarse entre las veredas de Palermo, los patios de San Telmo y las bibliotecas infinitas. Sin embargo, hay un mapa menos frecuentado pero igual de fascinante que conecta a Jorge Luis Borges con el horizonte bonaerense de Cañuelas. Un denso tejido de anécdotas orales, documentos únicos e incursiones literarias fue el eje del último episodio de Permanencias, el ciclo cultural conducido por Juan Manuel Rizzi, Martín Aleandro y Melany Flores que se emite los martes por Dulce de Leche Streaming.
El relato comenzó rescatando un episodio casi secreto: el viaje que Borges realizó en la década del 60 hacia la estancia San Martín, en La Martona, conducido por un chofer particular bastante singular llamado "Coco" Rizzi. La travesía, marcada por un silencio absoluto en el habitáculo, tuvo un único y enigmático desvío. Al llegar a la histórica confitería de la entrada (que aún se levantan sus paredes), un Borges con la vista ya sumida en la penumbra le ordenó al conductor una compra insólita: “Cómpreme una petaca de naranja”.
Aquel licor, junto a un vaso de agua que jamás probó, lo acompañó durante una conferencia magistral sobre el Martín Fierro, en una estampa que oscila entre el humor involuntario y la mística criolla.
Cuchillos, clases técnicas y la invención del yogur
El vínculo con la zona no se agotó en la oralidad. Durante el programa se rememoró la célebre visita de marzo de 1977 a la Escuela Industrial de Cañuelas —en pleno marco de la última dictadura militar—, organizada por la Sociedad Rural Cañuelas y el Club de Leones local, donde el escritor disertó sobre la literatura gauchesca ante un auditorio repleto de jóvenes.
Pero quizás el hito más insólito de esta relación ocurrió en 1937. Encargados por un tío de Adolfo Bioy Casares para redactar un folleto publicitario sobre las propiedades curativas del "yoghourt" de la empresa La Martona, ambos autores se encerraron durante ocho días en la estancia Pardo. Entre tazas de cacao tan espeso que sostenían las cucharas en pie, concibieron un disparatado estudio histórico-médico sobre la "leche cuajada" y la mítica familia búlgara Petkov. El engaño no convenció a nadie, pero de aquel fracaso publicitario nació la primera chispa narrativa de su célebre seudónimo conjunto: Honorio Bustos Domecq.
La impronta cañuelense reaparece también en las lecturas cruzadas con el musicólogo local Carlos Vega —a quien Borges fustigó en sus críticas pero citó como pionero del tango— y en la mítica anécdota del caudillo Nicolás Paredes, quien desenfundó dos dagas al escuchar nombrar al pueblo, evocando la antigua fama de coraje y barbarie que Borges siempre imaginó más allá de Avellaneda.
Joyas bibliográficas en la Biblioteca Sarmiento
El programa ofreció además un valioso recorrido por el patrimonio documental que atesora la biblioteca popular Domingo Faustino Sarmiento de Cañuelas. Entre sus estantes se conservan verdaderas reliquias:
• Primeras ediciones históricas: Ejemplares raros de Evaristo Carriego (1930) con fotografías de Horacio Coppola, El tamaño de mi esperanza, Discusión y la célebre Antología Personal.
• Colaboraciones de culto: Seis problemas para don Isidro Parodi, firmados bajo el seudónimo de Bustos Domecq.
• Títulos de madurez: Primeras tiradas de El hacedor, El libro de arena, La rosa profunda y La moneda de hierro (ilustrada por Antonio Berni).
• Documentación epistolar: Una tarjeta personal escrita y atribuida por la secretaria de Borges, María Esther Vázquez, donde el maestro agradece los "vibrantes versos" al poeta local Guillermo Etchebehere.
A través del rescate de estas memoria vivas, Permanencias no solo logró reconstruir los pasos físicos y literarios del autor de El Aleph por la pampa bonaerense, sino también confirmar que la literatura borgesiana aún conserva en Cañuelas un territorio abierto, movedizo y dispuesto a seguir revelando sus secretos.