Turismo Por: El Ciudadano08/03/2026

El verano cerró con más turistas y consumo contenido: 30,7 millones de personas viajaron por el país y el gasto fue de $ 11.000 millones

El balance de la temporada 2026 mostró un crecimiento impulsado por el volumen de viajeros, con estadías más cortas y un gasto más selectivo, según el informe de Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).
La Costa Atlántica bonaerense volvió a concentrar el mayor volumen turístico, con picos de ocupación durante los fines de semana largos.

La temporada de verano 2026 dejó un saldo positivo para la actividad turística en la Argentina, con 30,7 millones de personas que viajaron por el país, un 9,5% más que en 2025, y un impacto económico cercano a los 11 billones de pesos. Sin embargo, detrás de la mejora general se consolidó un patrón que ya se insinuaba en años anteriores: el crecimiento se sostuvo más por la cantidad de turistas que por el nivel de gasto individual.

De acuerdo con el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), el gasto diario promedio alcanzó los $97.101, lo que implicó un aumento nominal del 28,2%, aunque en términos reales representó una caída del 3,3% frente al año anterior. En este contexto, el turista ajustó su presupuesto sin resignar el viaje, priorizando experiencias puntuales por sobre consumos accesorios.

El comportamiento de la temporada fue de menor a mayor, con enero y febrero mostrando una dinámica sostenida, traccionada principalmente por fines de semana largos, festivales, carnavales y eventos deportivos. La lógica de “picos” reemplazó a la planificación anticipada y permitió sostener niveles de ocupación incluso en destinos que habían comenzado el verano con registros moderados.

Eventos, escapadas y cercanía

En la provincia de Buenos Aires, el principal polo turístico del país, la Costa Atlántica volvió a concentrar el mayor flujo de visitantes. Localidades como Mar del Plata, Pinamar y Villa Gesell registraron un desempeño de menor a mayor, con picos durante el fin de semana de Carnaval, cuando la ocupación superó el 80% en varios destinos y algunos hoteles alcanzaron el 90%.

El interior bonaerense y el turismo de cercanía consolidaron su protagonismo. Ciudades como Tandil, Tigre y Chascomús mostraron una demanda sostenida, con estadías promedio de tres noches y fuerte presencia de excursionistas. También se destacaron propuestas vinculadas al turismo rural y cultural en San Antonio de Areco y San Pedro, así como destinos de naturaleza como Sierra de la Ventana.

En paralelo, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires reafirmó su posicionamiento como destino urbano. Buenos Aires mantuvo un flujo constante de visitantes durante enero y febrero, con fuerte presencia tanto de turismo interno como internacional, atraído por la oferta cultural, gastronómica y de espectáculos.

Espacios como la Reserva Ecológica Costanera Sur y el Jardín Botánico Carlos Thays, junto con circuitos teatrales y gastronómicos, funcionaron como alternativas clave durante los días de mayor temperatura. El punto más alto se registró durante el fin de semana de Carnaval, con una ocupación hotelera del 83%, más de 119.000 visitantes y un impacto económico superior a los $40.000 millones.

La agenda de grandes eventos resultó determinante. Recitales masivos, festivales internacionales y competencias deportivas consolidaron el atractivo de la ciudad y potenciaron el consumo en rubros como hotelería, gastronomía y entretenimiento.

La ciudad de Buenos Aires alcanzó su pico en Carnaval, con alta ocupación hotelera impulsada por espectáculos y eventos internacionales.

Más allá de los buenos números globales, el informe advierte sobre un cambio estructural en los hábitos de viaje. La estadía promedio se ubicó en 3,65 noches, por debajo de los niveles de años anteriores, confirmando una tendencia hacia escapadas más breves. En comparación con 2022, la reducción alcanza el 21%.

El nuevo perfil de turista aparece más flexible, decide con menor anticipación y prioriza experiencias específicas. En ese marco, el gasto se concentró en propuestas de mayor valor agregado —como excursiones, gastronomía y eventos— mientras que se redujeron consumos secundarios.

El verano 2026, así, dejó un balance positivo en términos de movimiento e impacto económico, pero también consolidó un escenario más desafiante para el sector, atravesado por rentabilidad ajustada, mayor competencia informal y una creciente dependencia de la agenda de eventos y las condiciones climáticas.

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