La plaza San Martín de Cañuelas: historia, símbolos y curiosidades a cielo abierto
La actual plaza San Martín no siempre llevó ese nombre. En sus orígenes fue conocida como plaza Buenos Aires, hasta que en 1950, con la colocación del busto del Libertador, adoptó su denominación actual en homenaje a José de San Martín. Desde entonces, el espacio se consolidó como escenario de actos públicos, celebraciones, manifestaciones y encuentros cotidianos.
Entre sus singularidades se destaca uno de sus pinos, que no es un árbol más: se trata de un retoño del histórico pino de San Lorenzo, símbolo ligado a la gesta sanmartiniana. A su alrededor se levantan edificios que marcan distintas épocas del crecimiento urbano: el Palacio Municipal, construido en la década de 1950, y la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, inaugurada en 1980. La iglesia anterior, erigida en 1866, fue demolida en 1977; de aquella estructura primitiva sólo se conserva el campanario, una pieza atípica por haber sido construida detrás de la nave principal.
Otro rasgo distintivo está dado por las farolas que iluminan el paseo. Según explica la profesora de Arte y artista plástica Mariela Salé, se trata de luminarias relativamente nuevas, instaladas tras una renovación de la plaza. “Antes había columnas de los años 50 y, en los 70, modelos más simples, con bochas de vidrio opalino y un estilo racionalista”, señala. Las actuales provienen de La Plata y aún conservan el escudo del partido con las siglas GLP (Gobierno de La Plata), una marca que delata su origen. No todas las columnas lo exhiben, pero todas comparten esa procedencia: material estatal redistribuido cuando se renuevan espacios públicos y no puede ser descartado.
La plaza también alberga un detalle poco visible pero cargado de significado: el mástil de la bandera, inaugurado en 1936 gracias a una colecta realizada por docentes de Cañuelas. La roldana del mástil cubre parcialmente una inscripción que dice “Los maestros a su pueblo. 1936”, un homenaje al rol del magisterio local.
El mástil inaugurado en 1936 fue donado por el magisterio local; una inscripción casi oculta recuerda: “Los maestros a su pueblo”.
La docente jubilada Alejandrina Chiappe, conocida como “Nané”, rescató esta historia a partir de archivos familiares y recortes periodísticos que trajo a nuestra redacción, y recordó que la inauguración contó con la participación de miles de escolares y autoridades de la época. Un gesto que, casi oculto a la vista, sigue hablando del vínculo entre educación y comunidad.
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