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title: "Atlanta, el milagro de la resurrección: cuando el campeón se niega a morir"
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description: "La eliminación parecía inevitable, pero Argentina protagonizó una remontada histórica frente a Egipto y demostró, una vez más, porqué el ciclo de Lionel Scaloni quedó marcado por la resiliencia. Con Messi a la cabeza, fue pura épica."
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date_published: "2026-07-11T10:00:00-03:00"
date_modified: "2026-07-11T06:16:56-03:00"
tags:
  - "Mundial 2026"
  - "Seleccion Argentina"
author_name: "Jonatan Fabbian"
category_name: "Deportes"
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# Atlanta, el milagro de la resurrección: cuando el campeón se niega a morir

![multimedia.grande.89bf892b97249c89.Z3JhbmRlLndlYnA=](/download/multimedia.normal.9e58a0d9b8673578.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

![Pag 2 ok](/download/multimedia.normal.ba33a353309bd5ac.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)Nueva épica. El ‘Cuti’ Romero abraza a un Lionel Messi emocionado después la victoria agónica de la Selección Argentina frente a Egipto por 3 a 2, luego de revertir un 2 a 0.

Faltaban poco más de diez minutos para el final con eliminación Argentina del Mundial en Atlanta. El tiempo no era la esperanza: era la perdición. El 0-2 frente a Egipto pesaba como una losa, una tensión desoladora se había apoderado de los presentes que vestían la camiseta argentina en el Mercedes Benz Stadium, mientras el aire se cortaba con la resignación de quienes sienten que están viendo, el último baile de una orquesta magnífica con su director pletórico… La Scaloneta de Messi. Parecía el final del camino para este equipo que nos acostumbró a la gloria. Pero entonces, pasó eso que solo pasa con los elegidos: cuando la lógica dicta la rendición, ellos deciden escribir otro capítulo.

Messi todavía no estaba en su versión altísima de los partidos anteriores de éste Mundial, demostrando ser terrenal, habiendo errado un penal importante para el empate en el primer tiempo. Lo sentía el estadio, lo intuía el rival que lo estaba aprovechando. El equipo argentino no estaba con golpes certeros, superado por contragolpe, velocidad y efectividad egipcia. Pero continuaba de pie…

Los jugadores argentinos permanecían en cancha poniendo la pelota en juego, luchando, intentando… Y el fútbol, como la vida, no se trata solo de la brillantez del momento, sino de la capacidad de sostenerse cuando el suelo se abre bajo los pies. El capitán Lio se convirtió en el ancla, en el faro que, aún con la tormenta encima, no parpadeó. Primero, una asistencia soberbia para el cabezazo del Cuti Romero que rompió el bloqueo psicológico descontando, y luego, ese gol del empate que no fue un simple remate que rompió la resistencia africana, sino un grito de convicción: “Seguimos con vida en el Mundial”.

Lo que ocurrió después es de lo que están hechos los mitos. El equipo, contagiado por esa fe inquebrantable de su capitán, se transformó. Ya no era un grupo de jugadores superados por la intensidad egipcia, era una manada que olía la victoria. En el medio, Paredes recuperó una pelota decisiva. Y al minuto 92, cuando se acercaba otro alargue, llegó el éxtasis: una jugada donde Julián Álvarez y Lautaro Martínez tejieron la esperanza, para que Enzo Fernández, de partido errático, apareció de cabeza con la precisión de un cirujano, y desató el mismísimo caos… La descarga, el llanto, la emoción, la resurrección.

El gol del 3-2 no fue el festejo de la clasificación milagrosa; fue un desahogo volcánico. En las tribunas, los hinchas se abrazaban sin conocerse, periodistas curtidos se secaban las lágrimas con las manos temblorosas, y el aire de Atlanta vibró con la energía de un pueblo que, una vez más, vio a su equipo renacer de las cenizas.

Así lo relata Scaloni, emocionado: “Les dije a todo el plantel que tomen a Messi como ejemplo, es algo maravilloso, lo ven ustedes… podría haber dicho ‘erré el penal y se acabó, nos vamos’. Pero no, él la vuelve a pedir, lo vuelve a intentar, se me pone la piel de gallina. No solo él, quiero hablar de los demás, de este grupo. Somos esto, cuando va todo bien y cuando la cosa empeora, damos todo, y eso es lo que intentamos”.

Esta remontada nos retrotrae inevitablemente a ese ADN compartido. Como aquella Argentina de Maradona en Italia ’90, que sorteaba obstáculos como si fueran piedras en un camino empinado, este equipo también entiende que su grandeza no reside en la comodidad del éxito, sino en la épica de la supervivencia. Diego y sus contemporáneos nos enseñaron que un campeón mundial argentino, cuando se siente contra las cuerdas, no se cae; se agranda. Ésta Selección Argentina, con Leo Messi gestionando, revitalizó esa templanza,

Mejor explicado por Scaloni, el conductor con el pecho justamente inflado: “La magnitud de lo de hoy es comparable con muchísimas cosas grandes que hemos vivido, es la sensación de un equipo que más allá de lo que estés pasando no deja de ir para adelante, de seguir con la suya. El fútbol es eso, la táctica es importante, pero si no tenés esta parte que tuvimos hoy nosotros, y otras veces, hubiéramos quedado eliminados”.

![multimedia.grande.992dfb1eff7559c0.Z3JhbmRlLndlYnA=](/download/multimedia.normal.a34022b137c4d711.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

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